Arde Madrid

Las llamas producidas por la quema de contenedores iluminaban anoche el Paseo del Prado de Madrid. / A. Martín (Efe)

Y ayer, por fin, confluyeron. La clave de la manifestación que ayer recorrió Madrid fue la confluencia de los movimientos sociales articulados alrededor del 15-M con los sindicatos. En los cánticos, en los lemas, en las pancartas, en las marchas y en los golpes de la policía.

Se notó en Neptuno que el buenismo del 15-M se diluyó ligeramente con las más vehementes respuestas sindicales y políticas a la policía que protegía el Congreso. Esta vez sí hubo piedras arrojadas contra los agentes –y esta vez no eran policías camuflados, como en el 25-S–, agresiones a los uniformados, escupitajos, botellazos, enfrentamientos en pie de mayor igualdad. Esta vez, en resumen, la manifa huelguera fue más clásica, más minera, más marinera, más del naval, más obrera, más de las de siempre.

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Adoquines arrojados a la policía durante los incidentes de anoche en el madrileño Paseo del Prado. / Alberto Martín (Efe)

A las diez de la noche, la plaza de Neptuno estaba beirutizada y humeante. La policía contestaba a los botellazos y pedradas del pueblo con bombas de humo. Santa María de la Cabeza era un San Juan de hogueras de contenedores, detenidos, heridos. En el Paseo del Prado ardía una barricada y sombras difusas corrían entre el humo, y se oían gritos y disparos sin bala. Una chica de no más de veinte años se revolvía desde el suelo contra tres agentes.

– ¡Joder, que yo no he hecho nada, joder!

Desde detrás de las vallas que rodean el Congreso, los policías se organizan como un ejército británico colonial y empiezan a disparar salvas apara alejar a la gente que está a punto de derribarlas. Estampida general. Algunos manifestantes intentan permanecer impasibles. Difícil. Las detonaciones suenan a país lejano. Pero los valientes resisten, temblando más de miedo que de frío. Gritan el clásico “no nos moverán”. “¡A ti también te han rebajado el sueldo!”. Durante parte de la noche, los inhibidores de frecuencia impiden las conexiones 3G. Pero llegan noticias de Barcelona, de Bilbao, de Vigo, de Lisboa. La huelga contra los recortes está siendo un éxito en toda Europa.

Un numeroso grupo de antidisturbios se dirige hacia los concentrados anoche en el Paseo del Prado. / Kiko Huesca (Efe)

Alberto Garzón, diputado de Izquierda Unida y uno de los precursores del 15-M, abandona la manifestación bastante preocupado: “La actuación policial ha sido más que discutible. Después del 25-S, parecía que la Delegación del Gobierno iba a estar más tranquila. Hoy nos han demostrado que la violencia policial va a ser creciente. Es la única respuesta política de este gobierno a la frustración de la gente, de los parados, de los desahuciados, de los estafados”.

Sin embargo, a las siete de la tarde, en Cibeles, nada anunciaba un desenlace tan violento. Salvo por el hecho de que la asistencia masiva desbordó, incluso, a los convocantes de la marcha y de la huelga. En una asamblea urgente, Cándido Méndez, Ignacio Fernández Toxo, varios representantes de partidos políticos y coordinadores del movimiento indignado decidieron cambiar el programa. A las siete de la tarde, ya era imposible llegar hasta Atocha, arranque programado de la marcha, por la ingente cantidad de personas que abarrotaban ese kilómetro cero y sus arterias. Finalmente, se decidió que la pancarta de cabeza (Nos dejan sin futuro. Hay culpables. Hay soluciones) arrancara su marcha desde Cibeles hacia Colón. El actor José Sacristán (a quien gritaban Quijote), el cineasta Pedro Almodóvar, la escritora Almudena Grandes, la actriz Pilar Bardem y el rockero Miguel Ríos estaban entre la multitud. Al contrario que en las convocatorias del 15-M, 25-S y sucesivos, esta vez fueron anecdóticas las voces que criticaron a los políticos y a los sindicalistas presentes. “Las tensiones que había al principio entre movimientos sociales y sindicatos y partidos se van resolviendo poco a poco”, explica Alberto Garzón. “Esta huelga ha servido para tender un puente entre ellos que va a significar cosas”.

María, miembro de Acampada Sol, prefiere no ser tan conciliadora: “Aquí no hay gente nuestra, gente suya ni gente de nadie. A lo mejor al principio de la tarde era más perceptible la presencia de gente cercana a los sindicatos, afiliados y así. Después nos entremezclamos todos. No es una victoria de los sindicatos ni una victoria nuestra [de los indignados]. Es una victoria de la gente. Hoy ha salido a la calle muchísima gente”.

Dos antidisturbios arrojan al suelo a un manifestante antes de detenerlo durante los incidentes que se produjeron anoche en las inmediaciones del Congreso de los Diputados. / Alberto Martín (Efe)

Dicen que las cargas policiales empezaron poco antes de las ocho, cuando varias personas zarandearon las vallas que protegen el Congreso. Aunque antes, en Cibeles, la policía se había enfrentado a un grupo de personas que acudieron a la manifestación en bicicleta. Quizá allí entró en furgón el primer detenido de la tarde. Un ciclista sobre el que un policía se abalanzó de forma salvaje. Ni siquiera la gente que estaba más cerca pudo explicar el origen de la carga policial. “No sé si le dijo algo [al policía]”, explicaba ayer a cuartopoder.es una de las ciclistas huelgueras, entre asustada y atónita. “Le empezó a dar porrazos como si se hubiera vuelto loco. Yo creo que incluso alguno de los otros policías intentó pararle, pero no lo vi bien. Me aparté corriendo. Estábamos tan tranquilos”. Después la violencia empezó a salpicar distintos frentes de manifestantes. Y se prendieron fuegos. Y hubo ataques de pánico. Y huelguistas que se encaraban brutalmente contra policías. Y policías que respondían a golpes, nerviosos ante la posible respuesta de la multitud. Una chica vomitaba mientra dos estudiantes la alejaban en volandas Prado arriba. Al cierre de esta crónica, se hablaba de una veintena de heridos y más de treinta detenidos. Todo había empezado muy tranquilo. La gente, anoche, no se fue temprano a casa por el frío. Había fuego para calentarse en muchas calles de Madrid.