ETA, Francia y España escenifican una nueva ruptura de sus negociaciones de paz

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Portada de hoy, 27 de marzo, del diario 'Gara', en la que se destaca el comunicado de ETA. / gara.net

Como ya lo ensayaron hace poco menos de un mes, ETA, Francia y España continúan sincronizando sus calendarios para contentar a una parte y a otra sin dejar de hablarse. La negociación entre gobiernos y ex terroristas continúa. Pero la forma enormemente burda con la que están poniéndose en hora para distraer a la gente empieza a ser insultante para la más mediana inteligencia. Ayer se conoció el comunicado de ETA en el que se advertía de que  la expulsión de Noruega de tres negociadores terroristas podría suponer «un paso atrás» en el proceso de paz y de que la entrega de las armas «no está ni estará en la agenda de trabajo de ETA». El anuncio se difundió en el día en el que los presidentes español y francés, Mariano Rajoy y François Hollande,  se reunían en el Elíseo antes de ver el partido entre sus  respectivas selecciones. ¿Casualidades? Demasiadas. Hollande y Rajoy apenas se refierieron al tema ETA en sus comparecencias posteriores. Tenían buena carpa: la crisis económica. Los titulares se centraron en que ninguno de los dos mandatarios quiere que los ahorradores carguen peso en esta crisis económica. Pero una amenaza de ETA («consecuencias negativas») hace no muchos meses, hubiera regalado un montón de portadas. Ayer, no.

Segunda casualidad: La presunta expulsión de Noruega de los tres terroristas y negociadores etarras, que se produjo exactamente el pasado 18 de febrero, coincide extraña y exactamente con la fecha en la que el último jefe militar de ETA que ordenó asesinar, Txeroki, declaraba ante un tribunal de París que lamentaba la muerte de las víctimas «que no tenían que ver con el conflicto». A las víctimas que sí tienen que ver con el conflicto, si las hubiere, no se refirió.

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Es imposible que ETA difundiera en Gara  su comunicado ayer (cuando está editado el 17 de marzo) sin saber que este coincidía con la reunión en el Elíseo de Rajoy y Hollande,  y es imposible que el pasado 18 de febrero las autoridades noruegas desconocieran que Txeroki (último jefe militar activo de la banda) declaraba simultaneamente en juicio en París mientras desde Oslo se ejecutaba la expulsión (recomendada siete días antes) de los tres etarras (Josu Ternera, Iratxe Sortzabal y David Pla) que negociaban en Noruega la paz. La expulsión de Oslo la decreta, prácticamente, la Comisión Internacional de Verificación. Los negociadores. Es decir, los  agentes internacionales que hablan con los etarras, en lugares secretos y sagrados, de cómo acabar con el conflicto. Estos agentes internacionales están dirigidos por Ram Manikkalligam.

Ram Manikkalingam no necesita presentación. Sin embargo, Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, sí. Durante las conversaciones entre la cúpula de ETA y el primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, Txeroki decidió desdecir la línea oficial de diálogo el 30 de diciembre de 2006 y poner una bomba en la terminal cuatro del aeropuerto de Madrid. Murieron dos inmigrantes que estaban durmiendo en coches aparcados en los subterráneos. ETA se apresuró a decir que no había querido matar a nadie.

ETA, en su comunicado de ayer, apunta a un culpable de esta nueva situación de no saber si se mata o no se mata otra vez «El Gobierno de España no ha mostrado ninguna seriedad y se ha decantado por dejar morir el espacio de diálogo, cuando no por atacarlo y sabotearlo mediante los Servicios de Inteligencia».

En su comunicado de ayer, ETA llega a afirmar que el gobierno español «se comió su palabra» y «suspendió todos sus compromisos después del anuncio de la decisión de ETA (abandono definitivo de las armas)» y permitió «dejar pudrir el proceso».

Más fechas. Más hechos. El pasado 11 de marzo, la Fiscalía de París califica a Txeroki como «disidente» de la posición oficial, con perdón, de ETA, tras «analizar su declaración» [antes citada y fechada el 18 de febrero, el mismo casual día de la expulsión de los negociadores de Oslo].

Mientras, el Tribunal de Estrasburgo está dirimiendo si la doctrina Parot es humana, inhumana o injusta.

Teo Uriarte, ex etarra (en la época predemocrática), socialista y escritor, entiende que lo que acaba de suceder con ETA no es más «que un movimiento de presión en las negociaciones al que no hay  que darle más importancia». «Han pedido seguir negociando sin entregar las armas y exigiendo la liberación o el acercamiento de presos. Eso no se lo han concedido, claro. No entra dentro de los protocolos. En el irlandés, del que tanto hablan, sí entró. ¿La entrega de las armas? Bildu se siente muy solo. En eso ni siquiera el PNV lo apoya».

La soledad de Bildu también tiene fecha. 14 de marzo. Laura Mintegi, de Bildu, califica el asesinato del concejal socialista Fernando Buesa de «muerte por causa polítítica». Joseba Egibar (PNV): «Cuando es muerte, es muerte. Cuando es asesinato, es asesinato».