La hija más lista del contrabandista

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Si algo distingue al clan de los Dorado del resto de famiglias de la comarca arousana es la inteligencia. El patriarca, Marcial Dorado Baúlde (64 años), era conocido como "el contrabandista afortunado" en Arousa, y por la prensa, por su baraka. Mientras todos los grandes capos iban cayendo, él continuaba su discreto quehacer como contrabandista, quizá narcotraficante (él lo niega) y blanqueador de dinero. Al contrario que sus colegas de profesión, no permitió a sus hijos derrochar su juventud rugiendo por Vilagarcía con deportivos descapotables o jugando a despistar al Servicio de Vigilancia Aduanera sobre planeadoras meteóricas, sino que los envió a estudiar, discretamente, a Inglaterra. Y él mismo, a pesar de su origen menestral y su nula formación académica, tampoco se codeó demasiado con el lumpen arousano. Sus amistades apuntaron siempre a más elevadas academias. Cual es el caso de Alberto Núñez Feijóo, actual presidente gallego por el Partido Popular, quien fue fotografiado en el yate de Dorado en 1995 y en un viaje a Canarias con sus respectivas parejas en fechas cercanas.

En el macrojuicio que se está celebrando estos días en la Audiencia Nacional contra el clan, llamaba la atención la presencia de una mujer de 40 años, más bien menuda, discretamente vestida y de gesto recio. La mujer parecía estar dirigiendo la estrategia procesal de la defensa de Dorado, oficialmente liderada por el equipo de juristas de Manuel Tuero. "Y seguramente es ella quien está dirigiendo la defensa. Está preparada para hacerlo. Esa chica es la guerra en persona. Sí, la guerra. Y no puede soportar ver a su padre en el banquillo", señala un veterano guardia civil que hasta finales de la pasada década trabajó contra el narcotráfico en la comarca.

La mujer de 40 años se llama María Dorado Fariña y es la hija de Marcial Dorado. Estudió Derecho en Inglaterra, pero no se colegió en España hasta 2008, con 34 años. Ahora también se sienta en el banquillo de la AN (junto a sus hermanos Marcial y Lidia) acusada de formar parte del presunto entramado narco y de blanqueo liderado por su padre. La Fiscalía pide para ella siete años de prisión y 22 millones de euros.

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Marcial Dorado, en una imagen de archivo. / Efe

María Dorado, según la Fiscalía, era el cerebro de un complicado entramado económico destinado a blanquear y repatriar a España la fortuna que el clan mantiene en el extranjero. El plan era aparentemente sencillo y llevaba funcionando desde que María era una niña. El dinero recaudado con los alijos de tabaco (o droga, según Marlaska) era transportado físicamente vía Andorra por mulas (correos) reclutados en Arousa, y depositado en cuentas suizas. Desde allí, parte se derivaba a paraísos fiscales y otra parte --nada despreciable-- era repatriado, por ejemplo, a modo de préstamo al inescrutable tejido de empresas españolas y portuguesas de la organización. Realmente, se puede hablar de autopréstamos. Solo entre 1998 y 2003, según el auto de Fernando Grande Marlaska  de fecha 3  de marzo de 2009 , la empresa Programallo  recibió desde Suiza préstamos por valor de 21,8 millones de euros. Marlaska inició la investigación en 2006, al frente del juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, cuando sustituía provisionalmente a Baltasar Garzón. Posteriormente el caso fue asumido por el juez Javier Gómez Bermúdez. El 15 de abril de 2013 el juzgado central de instrucción número 3 de Madrid abrió diligencias previas.

El año 2003 es clave en la biografía de María Dorado. El 6 de noviembre de ese año, su padre es detenido como responsable de uno de los mayores cargamentos de cocaína capturados en Europa. Con 29 años, se tuvo que convertir en el cerebro empresarial del emporio. "Yo a veces la comparo [a María Dorado] con Michael Corleone", ironiza el veterano guardia civil. "Sabía que, con la detención de Marcial, el asunto del contrabando había terminado. Y su idea consistía en ir lavando e invirtiendo el dinero en negocios legales".

Algo que su padre, al contrario que casi todos los demás contrabandistas y narcos, ya llevaba haciendo décadas. “Marcial Dorado tiene una inteligencia natural que muchos licenciados ya la querrían”, señaló hace tres días, en la AN, otro de los acusados en el macroproceso, el gestor Eduardo Macho. Desde sus inicios, Dorado supo que la clave está en Suiza. Allí entabló firmes relaciones con banqueros y gestores y llegó a obtener la nacionalidad.

Tanto él como María sostienen no haber tenido jamás relación con el tráfico de cocaína. Aunque Marlaska, en abril de 2009, la mandó a ella a prisión precisamente por blanqueo de dinero procedente del narcotráfico. Estuvo dos meses en la cárcel y salió bajo fianza de 10.000 euros.

Hace unos años, en 2010, el escritor y periodista gallego Manuel Rivas, tuvo un curioso encontronazo con ella. Rivas acababa de publicar su novela Todo es silencio, una trama de narcotráfico y contrabando protagonizada por un personaje llamado Mariscal (¿Marcial?). A través de la editorial que publicó el libro en gallego (Ed. Xerais), María Dorado le hizo llegar una carta reprochándole la visión nada complaciente que el autor hace de ese mundo desde la imaginaria localidad de Brétema. Y defendiendo la inocencia de su padre. Manuel Rivas nunca llegó a comprobar si lo hizo porque se sentía identificada, y a él lo veía como a un Mario Puzo. Pero Manuel Rivas nunca quiso ser Mario Puzo. Aunque María Dorado sí pudo llegar a parecerse, y mucho, a Michael Corleone.

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