Abdica el marqués Vicente del Bosque

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Del Bosque, cabizbajo, ayer, en el estadio Maracaná de Río de Janeiro. / Marcelo Sayão (Efe)

No Podemos, asumen los tradicionalistas de la política y del fútbol. No se consigue nada con las viejas caras y los viejos esquemas. Por no intuir que nos aborda algo nuevo han ido cayendo Rubalcaba, Juan Carlos I y, ahora, Vicente del Bosque. La diferencia entre nuestro país y la selección que claudicó ayer es que la selección, al menos, durante un tiempo hizo belleza. Las extrañas geometrías de lo nuevo dibujaron campos de fútbol indoblegables, mientras las previsibles geometrías de nuestras fronteras territoriales y de pensamiento político seguían desdibujando lo mismo de siempre.

España perdió ayer contra Chile (2-0) y cada selección jugó más o menos como actúa su país. España sustentada por una oligarquía poderosa pero inoperante (Casillas, Ramos, Busquets, Alonso) y Chile con un centro-derecha más musculoso que pensante (Alexis, Vidal, Medel). Los republicanos ya intuían que en cuanto Del Bosque aceptase el título de marqués, concedido en 2011 por Juan Carlos I, la selección se iba a volver tan inmovilista como la monarquía. A quién se le ocurre dejarse hacer marqués. La monarquía siempre ha hecho mucho daño a España.

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Casillas fue como Rajoy. Un capitán que las falló todas. Ninguno de los cinco goles de Holanda ni los dos de Chile fueron imparables, ni mucho menos. El portero semi-suplente se dedicó a despejar, y cuando solo se despejan los problemas, los problemas siempre vuelven y entran en la red. La diferencia, por supuesto, es que Casillas fue un fenómeno en lo suyo y Rajoy solo dejará memoria de unos hilillos de plastilina y los apuntes de un contable.

En el minuto dos, Chile ya había disparado dos veces a puerta, mientras España seguía observando cómo se disparaba su prima de riesgo de gol. El marqués Del Bosque, mientras, mataba elefantes imaginarios en la banda, añorando los lejanos cielos de Sudáfrica. El seleccionador no movía al equipo, como si los 23-F del pasado Mundial y la pasada Eurocopa sirvieran para meter goles a los chilenos y mantener la corona. No. Como mérito imperecedero, las nostalgias de un 23-F solo acallan a los españoles de pantufla (que son un mogollón). Los chilenos pasaron de milongas y de tonterías. Y en el minuto 19 un tal Vargas adelantó a la otra roja (roja siempre se ha llamado la selección chilena). Regaló Xabi Alonso un balón hacia atrás que Vidal le puso a Vargas tras bailarle un minué a Sergio Ramos. Casillas se lanzó jabatamente hacia un lugar donde no estaban ni el balón ni el jugador, y Vargas tuvo tiempo de celebrar el gol, de mandar un beso a sus ex novias, y de escribir un tuit ingenioso antes de meterla a puerta casi vacía.

Si Casillas (en este Mundial, solo en este Mundial) me recuerda a Rajoy por su capacidad para no estar nunca en el momento, en la idea, ni en el lugar adecuados, ayer Alonso me parecía igualito a Rubalcaba por su manía de mandar todos los pases hacia atrás, como si desde el pasado o desde la portería se pudieran meter goles.

El marqués Del Bosque, como siempre hacen los nobles y los reyes cuando vienen mal dadas, replanteó entonces la estrategia en plan conservador. Y se refugió en las retaguardias como una tortuga palaciega. Que la selección campeona del mundo y bicampeona de Europa plantee un 4-4-2 perdiendo uno a cero en un partido que está obligada a ganar, es como crear un banco malo. ¿Para qué crear un banco malo si los bancos ya son malos de por sí? Los lobos de Wall Street, disfrazados de chilenos, olieron cordero asustado y metieron a España el 2-0 en el minuto 43. Solo a base de especulación balompédico-financiera: presionar al débil y buscar las evidentes blanduras del sistema. A Casillas lo desahuciaron y se quedó sin casa, desalojado de su portería por una guardia incivil.

En el segundo tiempo, España tuvo un par de grandes ocasiones. Pero de grandes ocasiones están repletos los cementerios de derrotas. Aparte de una de Busquets a puerta vacía y otra de Diego Costa (primer tiempo) forzado, la selección inmovilista quiso vivir del piscinazo en el área para embolsar falsos penaltis, en plan incluir en el PIB los difusos y asquerosos beneficios de la prostitución.

Dio pena España. Y dio todavía más pena por lo que pudo haber sido. Pero esta selección, al menos, alumbra un bellísimo pasado. No es malo estar en decadencia. Lo malo es haber sido siempre decadente (lo digo por España, la otra, el país). Brasil es distinto. Como país. Tuvo su momento de esperanza quizá cuando Lula. Pero ayer en Rio de Janeiro, leo en los periódicos, y no puedo buscar confirmación a estas horas de cierre, la policía dibujaba con tiza  siluetas en las calles, siluetas de hombres y mujeres que protestaban contra el despilfarro del Mundial. Uno de los cadáveres llevaba como sombrero un balón de fútbol. O deporte rei.

É GOL - COPA DO MUNDO 2014 (YouTube).
5 Comments
  1. Y más says

    Un repaso a la historia de España le daría a usted la noticia de que no siempre fue «un país decadente», don Aníbal.

  2. Piedra says

    Lo siento por Vicente del Bosque; me parece un buen tipo. Habría sido buen presidente de la III República

  3. Dignidad says

    Piedra, deja en paz a Vicente del Bosque y deja la República en paz. Vicente del Bosque es un hombre del pueblo pero su vida es eso del fútbol. Eso de presentar a figuras del deporte para que los elijan son tácticas del PP.

  4. caleido says

    Sinverguenza llama a Villa tiene fuelle para tres años minimo

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