ABC envía a sus cruzados contra el infiel

portada_charlie_hebdo
Una de las ilustraciones de Cabu -asesinado este miércoles- para la portada de Charlie Hebdo por la que recibió amenazas de muerte. / charliehebdo.fr

 

La prensa de derechas suele ser muy diestra y grandilocuente con el lenguaje. En la mañana del jueves, un día después del salvaje asesinato de los compañeros de Charlie Hebdo, mi tristeza se acrecentaba a cada párrafo de un fresco ABC que no hacía otra cosa que repetirme la palabra guerra. Era difícil encontrar en las 14 primeras páginas un párrafo en el que la guerra no estallara. En que la guerra no se declarara como esa novia de la muerte que es. La derecha española entona muy fielmente sus canciones: “Soy el novio de la muerte”.

Publicidad

Sabía que me iba a encontrar el ABC así: con más balas en el cinturón que lágrimas en los ojos. Otra vez la guerra santa. El columnista Ignacio Camacho, que era el mejor vestido de Rambo de todo el periódico, en lugar de no sentir las piernas, daba la impresión de no sentir la cabeza. El artículo se titula La Fatwa y se arranca así: “Hay una guerra que se puede perder porque nosotros dudamos y ellos no. Ellos hacen la guerra por todos los medios y nosotros nos negamos siquiera a admitir que la guerra existe”.

Creo que hay que recordarle al bueno de Ignacio que el grupo terrorista, el califato sin Estado que perpetró el atentado, se llama Estado Islámico (EI). Y que EI no existía antes de la invasión criminal de Irak de 2003, esa que tras el apoyo de Aznar nos costó casi 200 muertos en Madrid. En el otro bando, la «No-Guerra» de Camacho contra Irak ha enterrado a casi 500.000 personas desde 2003, según estudios bastante fidedignos. El Estado Islámico lo inspira Osama Bin Laden tras aquella operación militar -o comercial- para derribar a Sadam Hussein. Hace unos meses, septiembre, Françoise Hollande convirtió a Francia en el primer país europeo que se uniría a bombardeos contra Irak.

A mí me cuesta disociar el deletreo de invasión y bombardeo de la palabra guerra. O sea, que Francia con sus aero-bombarderos y sus drones no está en guerra. Pues no sé para qué mandan allí soldados y bombas. Y voy a tener que dejar muy clara una cosa antes de seguir, porque este asunto de la libertad de expresión es muy delicado: yo también tengo unas ganas locas de mandar a mis asesinos contra estos asesinos, pero precisamente para evitar esas inclinaciones me hice periodista, y mantengo algunos difusos rasgos de ser humano en mis neuronas.

No puedo soltar el periódico de Vocento y me encuentro con la fusta de Gabriel Albiac: “No odio tanto a los asesinos islámicos como a los estúpidos políticos europeos que han tolerado esto”, nos dice. Quizá estaba un poco enfadado con la democracia ese día porque se le había estropeado el calendario, ya que nos relata que él, cuando estudiaba en París en 1973, tenía colgada en la pared de su cuarto una portada de Charlie Hebdo. Esta revista no existió hasta 1992, por mucho que hubiera otras cabeceras, y muy diversas, en las que habían trabajado algunos de sus fundadores.

También nos advierte Albiac, quizá tras consultar el mismo anacrónico calendario, que “Europa será musulmana en un par de generaciones”. Sin comentarios (de guerra).

Y después encara el filósofo y articulista ‘abecedero’ el rostro fiero del toro. Porque el problema está aquí: “Barrios enteros, en las periferias urbanas francesas, están fuera de control legal. Ni entra allí la policía ni se observa otra norma que la que los ulemas dictan. Redes paramilitares, entreveradas de islam y narcotráfico, dictan allí la ley y lo que llaman orden. Corán y jeringuilla en mano”.

Las sociedades europea y americana, las más avanzadas en derechos civiles, aún organizan al inmigrante en guetos, en pisos baratos y en trabajos basura. Se vio en los conflictos parisinos de Clichy-sur-bois de 2005. Y más recientemente en Ferguson (Misuri): ¿cómo no va a haber revueltas raciales en una ciudad que tiene un 67% de población negra frente al 29% de blancos, y mantiene solo tres agentes de policía negros frente a 56 blancos? Mientras mantengamos guetos, nunca tendrá sentido la palabra multiculturalidad.

El País también hablaba de guerra, pero en son de paz. En un artículo titulado sin eufemismos El califato contra Europa, Lluis Bassets atacaba «la utilización de medios mimetizados de los terroristas, es decir, restringir el Estado de derecho y las libertades políticas, admitir la tortura y el secuestro, con la excusa de que todo ello sirve para mejor combatir al terrorismo, como hizo Bush en su día con el fracaso que todos conocemos».

Hoy viernes, el editorial de El Mundo juega entre dos aguas ya desde el título: El reto es proteger lo que somos sin perder la esencia de los que somos. Primera agua, la limpia: «Los autores de la matanza […], aunque de origen tunecino, eran franceses, nacidos y educados en Europa. Exactamente igual que el agente al que remataron en el suelo. Su asesinato nos ofrece, de la manera más descarnada, las dos caras de la realidad: entre personas con idéntica cultura y religión, incluso de la misma generación, hay quienes se han integrado perfectamente y quienes han optado por la automarginación y la violencia».

En la página de enfrente, en la 2, Casimiro abre la espita de aguas sucias a Federico Jiménez Losantos en su columna titulada Cobardía y sensibilidad. «Cuando aún estaban calientes los cuerpos de Wolinski, Charb y demás víctimas del atentado islamista contra el corazón de la República Francesa […] ya estaban Willy Toledo, la Trujillo, los tíos de Podemos y la banda de Sortu justificando la masacre o exigiendo respeto para el Islam».

Willy Toledo en Twitter: «El Pentágono y la OTAN bombardean y destruyen cada día países enteros, asesinan a millones, cada día. ¿Esperamos que no hagan nada?». No veo justificación, sino solo una pregunta que ya mucha gente se viene planteando desde hace mucho tiempo. Eso sí, le reprocharía al actor su delicado sentido de la inoportunidad.

Bildu no aprobó el texto de repulsa de PSE-EE votado por todos los demás grupos del Parlamento vasco a causa de que vinculaba este atentado con los de ETA. Sin embargo, sí emitió un comunicado calificando de «injustificable» la matanza. Detalle que olvida la ponzoñosa y almibarada lengua de Federico.

Además, ¿qué pintan ellos en este asunto? A Federico le faltó denostar la indiferencia de su camello para demostrarnos que hay que ir a la guerra ya.

Como hubiera gustado en la admirable redacción de Charlie Hebdo, habrá que terminar con humor esta amarga retahíla de guerreras y tristes prosas. Y en el periodismo español no encontraré jamás mejor maestra del humor que Isabel San Sebastián, que en su artículo de ABC del día siguiente a la matanza se dedicaba a echarle la culpa del atentado ni más ni menos que a Zapatero. Qué fijación con ZP tiene esta señora tan rubia y tan tal. Página 13, el mismo número de la mítica vivienda de la Calle del Percebe: «Sentí una vergüenza indescriptible cuando, en los días siguientes a los atentados de Atocha, José Luis Rodríguez Zapatero, elegido presidente contra todos los pronósticos, sacó precipitadamente a nuestras tropas de Irak».

Pues eso, españoles. Los atentados de París son otro efecto de la herencia recibida.

(Por cierto, a mí Alá me parece tan disparatado e insultable como cualquiera de los dioses. Yo solo creo en Charlie Hebdo).