El muro


Mariano Rajoy asegura en el Congreso de los Diputados que el rescate de la banca lo pagará la propia banca. / La Moncloa (YouTube)

Ante la incertidumbre producida por la deriva secesionista catalana los ciudadanos españoles no tiene por qué preocuparse: están en buenas manos. Son las tranquilizadoras intenciones de un líder político acostumbrado a sortear los problemas, de un hombre calmo enemigo de tomar decisiones, de un ser consumido por la pachorra que se niega a realizar cualquier tipo de esfuerzo aplazable. Algunos de ustedes seguro que ya han adivinado de quién se trata: Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España.

“Lo vamos a hacer bien, no tengan ninguna duda”, aseguró refiriéndose a su estrategia para frenar la revuelta nacionalista. El individuo que ahora nos pide tranquilidad, que nos invita a confiar en un político de su categoría, en un estadista de su prestigio, en un negociador de su caché, es el mismo que nos dijo que no nos preocupásemos, que no utilizarían ni un euro del dinero de los contribuyentes para rescatar a los bancos. Todo parece indicar que estamos en buenas manos: acabamos de saber que el Gobierno solo recuperará 14.275 de los 54.353 millones de dinero público del rescate. Apenas el 26%. En muy buenas manos, diría yo: El pájaro que nos pide confianza y tranquilidad ante la ilegítima exigencia independentista es el mismo que ha dirigido durante años un partido corrupto que se financiaba ilegalmente, que tenía una caja B, que repartía sobres con sobresueldos, que pagó la reforma de su sede con dinero negro.

El tipo que garantiza que se cumplirá la ley en Cataluña es el mismo que pidió a su tesorero, tras conocer que éste escondía 40 millones de euros en Suiza, que fuese fuerte, que aguantase. El mismo que ha destruido pruebas, ha mentido, se ha ocultado tras una pantalla de plasma… Ahora nos pide que confiemos en él, que lo tiene todo bajo control, que es un menda de fiar.

Mariano Rajoy es famoso por su pasividad, por esquivar los problemas, por haber abdicado de sus funciones en innumerables ocasiones. Sería un milagro que en este momento de especial dificultad, y ante una serie de decisiones tan comprometidas como complejas, decidiese ponerse las pilas y ejercer de auténtico presidente. En cualquier caso, ya sería tarde para eso. Son muchos años mirando para otro lado, ignorando el conflicto, evitando el diálogo, esquivando la negociación, despreciando a los que piensan de otra manera. Demasiado tiempo alimentando la división y el enfrentamiento. Rajoy no ha sido un político, ha sido un muro. Y los muros están ahí para ser derribados: la solución para Cataluña, si existe, solo puede estar detrás de esa indolencia.

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