Todos somos Piqué (y Coixet)

Gerard Piqué saluda a las componentes de la mesa de votación tras depositar su papeleta
Gerard Piqué saluda a las componentes de la mesa de votación tras depositar su papeleta, el pasado 1 de octubre. / @3gerardpique (Twitter)

Todos somos Piqué, porque en estos días broncos todos podemos ser víctimas de una campaña de acoso, de una mentira o un comentario envenenado, de un linchamiento mediático. El ambiente está tan enrarecido que, como en los viejos western, los cobardes y los miserables corren a casa a por cuerda para fabricar horcas: es tiempo de rencores y de venganzas, de señalar al diferente. Escribo estas líneas tras leer cómo Santiago González, columnista de El Mundo, utiliza este periódico para llamar a Piqué cosas como “majadero” o “mastuerzo”, y le califica como “una criatura cuyo talento está residenciado por debajo de los tobillos”.

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Como futbolero confeso no hace falta que les diga quién me ha dado más alegrías, si el mastuerzo con el talento bajo los tobillos o el ingenioso y brillante opinador hasta ayer desconocido. Pero sí creo que debo decirles que el tono del articulo de este último, esa superioridad, esa soberbia, ese “prenda”, apesta a miembro de ese Ku Klux Klan periodístico que trata de imponer en este país la justicia de su pensamiento único. Casi puedo imaginar al columnista, bolígrafo en mano y caperuza en cabeza, infiltrado entre los seguidores de la selección española que en uno de los últimos entrenamientos de la Roja recibieron al central del Barcelona al grito de “Piqué, cabrón, España es tu nación”.

Unos seguidores que gritaban “¡Viva España!”, y se respondían a sí mismos con unos “¡Viva!” de otro tiempo, de otro país. Y no me diga, por favor, que los catalanes también tienen sus cosas, o que los catalanes también hacen skratches. Superemos el “y tú más” del político mediocre, avancemos y demos ejemplo de cordura y reflexión. Ese sentido común imprescindible que comienza despreciando los linchamientos, respetando al diferente, evitando buscar culpables más allá de aquellos políticos incapaces y corruptos. Rajoy, Puigdemont

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Hablo de unos linchamientos que están aumentando día a día, de manera más o menos grosera, siempre peligrosa. Unos desconocidos se acercaron a Isabel Coixet cuando sacaba a pasear al perro y la llamaron “¡Fascista!”. Le ha sucedido más veces. Fascista, le dicen, solo por pensar de manera diferente.

Vivimos tiempos difíciles en los que debemos tener siempre presentes las palabras de un sabio llamado Ferlosio: “Nunca se convence a nadie de nada”. Partiendo de esta base, convirtamos el sentido común en moneda universal y no olvidemos que todos tenemos, o deberíamos tener, ideas propias, y que nadie debe impedir que las defendamos en voz alta. Es decir, que todos somos Piqué. Y Coixet, claro.

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