La farsa expresionista de Luis Mateo Díez

Luis Mateo Díez
El escrito leones Luis Mateo Díez en una imagen de archivo. / Efe

Sigo la obra de Luis Mateo Díez (Villablino, 1942) prácticamente desde sus comienzos cuando Manuel Cerezales le publicó Memorial de hierbas en Novelas y Cuentos, EMESA. Desde entonces, les hablo de 1973, he leído con atención la obra de uno de los escritores más memorables de su generación, aquella que muchos críticos han denominado “nueva narrativa española” y que coincidió en sus inicios con las postrimerías del franquismo, siendo La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, la obra emblemática de esa renovación estética, que, viéndolo con la distancia del tiempo, no fue más que la renovación en el terreno de la narrativa de lo que se estaba gestando en el mundo social y político. De ahí que no les falte razón, aunque no plena, a los que piensan que esa generación de escritores tenía su justa correspondencia en la renovación de la vida política española que supuso la llegada del PSOE al poder de manos de Felipe González.

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La obra narrativa de Luis Mateo Díez es una de las más prolíficas de los autores de su generación y no hace falta recordar obras como Las estaciones provinciales, La fuente de la edad, Las horas completas, El expediente del naúfrago, Los males menores, El espíritu del páramo, las novelas dedicadas al ciclo de Celama, hasta llegar Los desayunos del Café Borenes y esta ‘El hijo de las cosas’ (Galaxia Gutenberg), para saber que esta vasta obra contiene elementos de los más diversos, tocando casi todos los géneros en una suerte de compendio de coherencia estética como se han dado pocas en su generación. En este sentido bien puede decirse que la obra de Luis Mateo Díez es una buena muestra de autoconciencia estética, algo raro en nuestra tradición literaria.

Por eso conviene no extrañarse por el giro dado en esta última novela, giros a los que nos tiene acostumbrados en prácticamente cada uno de sus libros. Aun y así, ‘El hijo de las cosas’ es un modelo de farsa expresionista que completa cierta tradición española que se remonta a Quevedo y en nuestro siglo pasado a Valle Inclán y Camilo José Cela.

‘El hijo de las cosas’ es novela de humor y trata de algo tan profundamente arraigado en nuestro imaginario que conviene resaltarlo: narra las vicisitudes de dos hermanas, Fruela y Mila, que están  desbordadas por las calaveradas de su hermano, Cano Dorada. Leer esta novela nos lleva a la astracanada de Jardiel Poncela, pero también a la imagen fulgurante de Ramón Gómez de la Serna. No hay en la galería de personajes de esta novela ninguno que no lleve consigo algún dislate emocional, desde Cano Dorada hasta el juez, maravillosamente descrito en sus miserias ambientales del juzgado, vale decir, una veintena de personajes que están todos averiados en sus relaciones emocionales. Así, el farmaceútico que se enrolla con su mancebo por despecho amoroso hacia Fruela Corada; así, toda la galería de personajes de esta novela que parecen sufrir el síndrome de “caca, pedo, culo, pis” de la escatología imaginada en la infancia.

Luis Mateo Díez
Cubierta de ‘El hijo de las cosas, la última novela de Luis Mateo Díez. / Editorial Galaxia Gutenberg

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En este sentido puede decirse que esta novela es un manual divertidísimo de esa escatología: todo remite  al cuerpo y sus fluidos, sobre todo los referentes al semen y sus fantasmas. Todo ello enmarcado en esos paisajes reconocibles en la narrativa de Luís Mateo Díez que se quieren intemporales, aunque están plenamente enraizados en la experiencia de una provincia del noroeste español en un momento histórico determinado.

Novela que reserva sorpresas, es, sin embargo, continuación digna de su mundo narrativo, en especial el imaginado en La fuente de la edad o Las horas contadas, un mundo habitado por un paisaje expresionista de honda tradición española, y que en este caso llega a la renovación del lenguaje de un Valle Inclán pero con la mirada abarcadora en su comprensión de lo humano propio de un Galdós. Lo que no deja de ser extraordinario en un mundo habitado por sombras y proclive al cachondeo encabronado de un Quevedo. En este sentido cabe decir que el humanismo de Cervantes, su legado de comprensión, gana a esa mala leche que se cachondea de lo ajeno propio de la tradición quevedesca y que es origen de nuestra farsa que llega hasta nuestros días, hasta el punto de definir en cierta medida ese concepto del humor negro español.

‘El hijo de las cosas’ es novela importante dentro de nuestro panorama. Luis Mateo Díez, prolífico autor, no escatima medios para imponernos de una u otra manera su creatividad incesante. Deberíamos darnos la enhorabuena.