El encierro de migrantes de Barcelona se expande previo a la manifestación contra la ley de extranjería

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Cerca de una quincena de personas se han encerrado esta semana en un centro cívico de Badalona, sólo una semana después de que la movilización, que empezó en el centro de Barcelona, se extendiera también al barrio del Poble Nou. Con éste son ya tres los espacios convertidos en sedes de una protesta liderada por migrantes, racializadas y refugiadas, que exigen que se derogue la ley de extranjería y que se garanticen los derechos fundamentales del colectivo. 

Durante el encierro las participantes viven y conviven en los locales cedidos al tiempo que articulan estrategias de lucha. Organizan actividades, charlas y asambleas abiertas para dar a conocer sus reclamaciones y tejer alianzas con vecinas y entidades de la ciudad. De momento ya hay más de 400 colectivos de distintas ciudades del territorio español que han mostrado su apoyo a la iniciativa y que llaman a la movilización para el próximo domingo 27 de mayo.

Lucha conmemorativa

Flor Brizuela es una de las personas que participan en la movilización desde que empezó, el 21 de abril, en la antigua escuela de arte La Massana, detrás del famoso mercado de la Boquería. “Después de semanas de asambleas entendimos que era urgente hacer una exigencia de manera contundente para que el estado reconozca nuestros derechos”, cuenta esta licenciada en derecho. Iniciar un encierro era también una manera de homenajear una iniciativa similar impulsada 17 años atrás.

El 20 de enero de 2001 unas 350 personas migradas se encerraron en la Basílica del Pi, en el barrio gótico de Barcelona, para protestar contra la ley de extranjería del gobierno de Aznar. Después de casi tres meses de lucha, incluyendo una huelga de hambre de 15 días, la Delegación del Gobierno aceptó un acuerdo por el que se comprometía a regularizar la situación de las personas encerradas. El acuerdo llegó después de una larga negociación con el apoyo de distintas entidades sociales.

Las demandas

Durante varias asambleas el colectivo analizó cuál es el contexto actual de las personas en situación administrativa irregular para constatar que “después de 17 años del encierro en la Basílica del Pi, el trato hacia las personas migrantes y refugiadas no sólo no ha mejorado sino que ha ido a peor”, explica Juan Ávila, uno de los portavoces del encierro. De esos primeros encuentros surgió un listado con demandas concretas que actualmente se están negociando con la administración.

Derecho al padrón sin domicilio, nacionalidad sin examen, sistema de salud universal, despenalización de la venta ambulante, cierre de los Centros de Internamiento para Extranjeros o medidas específicas contra la violencia machista y racista son algunas de las exigencias que el encierro ha trasladado al Ayuntamiento de Barcelona. “Lo que pedimos es que se respeten nuestros derechos fundamentales, que dejen de tratarnos como ciudadanas de segunda”, explican en rueda de prensa.

Para Flor Brizuela este encierro no es sólo una forma de presionar a las administraciones, sino que también es una vía para dar a conocer las dificultades que tienen las personas migradas y refugiadas para poder construir un futuro: “Es importante visibilizar el racismo de un sistema que jerarquiza a las personas según su origen”, asegura. Para ello las organizadoras han hecho actividades abiertas al público, como una simulación de examen de nacionalidad para vecinas del barrio.

La negociación

Las reuniones con las instituciones se están desarrollando en dos direcciones. Por un lado, existe una comisión negociadora que ya se ha reunido en dos ocasiones con representantes de la Generalitat para formular las demandas y exigir medidas concretas. Por otro lado, portavoces del colectivo están llevando a cabo entrevistas con representantes de los partidos políticos para pedir que incluyan medidas antirracistas en sus programas.

Victoria Columbas, miembro de Tras la Manta y participante del encierro, se muestra optimista pero cauta al valorar el proceso de negociación. “No somos tan ingenuas como para pensar que van a decir que sí a todo, pero esperamos que nos escuchen y que modifiquen los puntos que señalamos”, explica. Para la activista no se trata sólo de una cuestión formal: “Ante esta oleada de fascismo en toda Europa los partidos políticos tienen que tener un rol primordial en su posicionamiento.”

Feminismo antirracista

Desde que se liberó el espacio en el centro de Barcelona, gracias al apoyo de la escuela de arte Massana, la protesta ha tenido un fuerte componente feminista antirracista que ha permitido poner sobre la mesa las opresiones específicas que sufren las mujeres racializadas. Semanalmente se organizan debates y charlas para analizar cuáles son las violencias que conducen a las migrantes a una situación de doble discriminación.

Una asamblea multitudinaria celebrada el pasado 4 y 5 de mayo consiguió reunir mujeres migrantes, trans, lesbianas y también colectivos de feministas blancas para debatir sobre la doble discriminación que sufren las mujeres racializadas. “A las mujeres blancas no las paran por la calle para pedirles documentación”, argumenta Columbas, que alerta de los efectos devastadores que tienen algunas políticas como las deportaciones o la no concesión del reagrupamiento familiar.

Manifestación unitaria

El pasado miércoles el colectivo de migrantes y refugiadas presentó en rueda de prensa una lista de más de 400 entidades que se han adherido al manifiesto del encierro. Los apoyos vienen de ciudades de todo el territorio, como Zaragoza, Madrid, Granada, Murcia o Bizkaia, una muestra de solidaridad que refuerza la lucha en Barcelona. La respuesta es clara: “Hoy nos sentimos fuertes y queremos seguir con el encierro hasta que se escuchen nuestras demandas”, asegura Juan Ávila.

Portavoces de la iniciativa piden, además, el apoyo de la ciudadanía, a la que llaman a movilizarse el próximo domingo 27 de mayo en una manifestación unitaria en el centro de Barcelona. Aunque prevén que la respuesta a la convocatoria va a ser positiva, aseguran que todavía hay mucho camino por hacer: “No nos vamos a mover de aquí, son nuestros derechos”, anuncian.

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