Así es el día a día en un barco de rescate de inmigrantes en el Mediterráneo

  • En embarcaciones muy frágiles, los inmigrantes son en muchas ocasiones abandonados a su suerte, sin motor y sin modo de orientarse
  • "En el último rescate hubo dos desaparecidos que creíamos ahogados. A veces se llega tarde y perdemos gente… Es importante poder hablar de eso con alguien”

Tras su odisea entre Italia y España, el barco de rescate de migrantes ‘Aquarius’ ha partido de Valencia, donde tras ser bloqueado de todos los puertos italianos por el Ministerio de Interior del país europeo pudo desembarcar a las más de 600 personas rescatadas de la ruta del Mediterráneo Central. 

‘Aquarius’ y su tripulación, casi una treintena de hombres y mujeres voluntarios de la ONG Sos Mediterranée y Médicos Sin Fronteras (MSF), pronto llegarán a las aguas internacionales y adyacentes a la costa libia, la conocida como zona SAR (search and rescue zone, en inglés).

Con cada vez menos barcos en el Mediterráneo central, la ruta más mortífera de inmigración norte-sur de África a Europa según la Organización Internacional para las Migraciones, y con los fondos europeos para las patrullas gubernamentales en la ruta Libia-Italia cada vez más mermados y desviados a otros proyectos, la labor de las ONG independientes se hace más necesaria para evitar las muertes en el mar. Más de 900 en lo que va de año, 623 sólo en la ruta del Mediterráneo Central.

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“Creo que cada persona debería ser tratada con dignidad y humanidad"

David Beverluis, doctor de Médicos Sin Fronteras, está de vuelta en el mar tras un breve descanso de apenas dos días en Valencia. La de los 629 del Aquarius fue su primera misión en un barco de rescate. “Creo que cada persona debería ser tratada con dignidad y humanidad. He trabajado (con MSF) en varias partes de África, en campos de refugiados, en Bangladesh… pero la oportunidad de trabajar en este barco ha sido única: es gente muy vulnerable, al borde del desastre”, explica a cuartopoder.es.

Varios de los 629 inmigrantes rescatados a bordo del barco "Aquarius" en el Méditerráneo este martes.
Varios de los 629 inmigrantes rescatados a bordo del barco "Aquarius" en el Méditerráneo este martes./ SOS Mediterranée (Efe)

Su misión como jefe médico a bordo del ‘Aquarius' es clave, pero no la única del complejo engranaje de voluntarios y trabajadores (mediadores culturales, una comadrona para las embarazadas, marineros, rescatistas) que conviven durante turnos de tres semanas en un barco de 77x11’8 m en situaciones de tensión, espera, más tensión, angustia y, muchas veces, alivio por haber salvado a personas a punto de morir. “En esta ocasión (se refiere a los rescates de varias pateras que, sumados, hicieron los 629) tuvimos que reanimar a varias personas que habían caído al agua y casi mueren ahogadas”, cuenta.

“Muchos decían que llevaban en el mar muchas horas, sin agua, por lo que muchos sufren de deshidratación”. No es un caso aislado. En embarcaciones muy frágiles, los inmigrantes son en muchas ocasiones abandonados a su suerte, sin motor y sin modo de orientarse en medio de las olas, por los traficantes que les habían prometido un viaje seguro a cambio de sus monedas: dependiendo de la nacionalidad del migrante, los traficantes de la costa norte libia pueden pedir entre 600-800, 1.000 o hasta 3.000 euros por el trayecto.

Los barcos salen de puertos de ciudades como Zuwara (costa noroccidental libia) y abandonados a su suerte una vez cruzadas las aguas territoriales libias (donde patrullan las embarcaciones de la guardia costera local, que han llegado a maltratar a los rescatados, según se ha podido probar con numerosos vídeos) y en la zona económica exclusiva libia, donde las embarcaciones de salvamento legalmente tienen permitida la entrada. En la práctica, sólo acuden cuando la guardia costera italiana les da el aviso de una “llamada de socorro”, muchas veces ya en mar abierto.

La coordinación con las autoridades italianas es clave, explica Beverluis, y más en momentos tan tensos como los vividos durante los últimos meses, durante los que ONG como la española Proactiva Open Arms han sido acusadas de entrar en aguas libias para efectuar los rescates. Una vez recibido el aviso, prima la velocidad: para cuando se responde a la llamada de socorro y se llega a la zona donde las pateras quedan a la deriva puede haber pasado demasiado tiempo. “Las distancias son muy largas, aunque sobre el mapa parezcan pequeñas, el barco no puede moverse gran velocidad”, explicaba en una entrevista telefónica anterior el director de Proactiva Open Arms Óscar Camps, cuyo barco, el Golfo Azzurro, fue retenido y finalmente liberado por la justicia italiana en abril.

Los barcos de salvamento como el ‘Aquarius’ cuentan con un equipo de salvamento dedicado específicamente al procedimiento de rescate en el mar. Con formaciones tan variadas como bombero, marinero, guardacostas, policía o soldado pero siempre con experiencia anterior a bordo de un barco (para evitar mareos), reciben entrenamiento intensivo para saber cómo responder en los rescates: cientos de personas hacinadas y a la deriva, en embarcaciones frágiles y sobrecargadas. “A veces se ponen nerviosos al ver la embarcación de rescate, quieren sobrevivir y pueden provocar que vuelque”, explicaba Camps.

“Es difícil escuchar a un paciente sobre la tortura y las condiciones de vida en Libia”

Una vez a bordo, los tratamientos más usuales son contra la hipotermia, por las largas horas en el agua, deshidratación y quemaduras. “La gasolina y el agua salada durante horas de trayecto en un bote sobrecargado provocan quemaduras químicas a veces muy graves”, explica Beverluis, que añade que “si alguien está en condición crítica podemos atenderlo en el bote pero sólo como algo temporal, luego tenemos que trasladarlo lo antes posible a los servicios sanitarios en tierra”.

Los testimonios que recogen los médicos y demás voluntarios son aterradores, especialmente los de mujeres y niños subsaharianos, víctimas más propicias del infierno libio, donde se han denunciado (con pruebas documentales) casos de ventas de esclavos, hacinamiento en prisiones, violaciones, tortura y extorsión para obtener un “rescate” de la familia en sus países de origen. “Es difícil escuchar a un paciente sobre la tortura y las condiciones de vida en Libia”, explica el doctor. 

Los voluntarios del ‘Aquarius’ tienen a su disposición, explica ante las preguntas de este diario, un servicio psicológico: “Estamos ahí fuera, lidiando con los rescates, con situaciones dramáticas, escuchamos sus historias…”. "En el último rescate hubo dos desaparecidos que creíamos ahogados. A veces se llega tarde y perdemos gente… Es importante poder hablar de eso con alguien”.

Y sin embargo, los voluntarios del ‘Aquarius’ vuelven al mar, pese a la campaña -denuncian- contra las ONG que trabajan en el Mediterráneo. “Cuando recojamos a nueva gente, hagamos otro rescate, ya veremos qué pasará. ¿Las autoridades italianas nos dejarán desembarcar a estas personas, o tendremos que buscar otro puerto?”. Parece que la respuesta es negativa: el barco Lifeline, ONG alemana, lleva dos días navegando con 224 personas rescatadas a bordo, sin poder arribar a puerto tras el rechazo de Italia y Malta.