Albiol, el homonacionalismo o cómo la derecha instrumentaliza la causa LGTBI

    El debate sobre el homonacionalismo tiene un largo recorrido y empieza a cobrar fuerza en el sector más crítico del movimiento LGTBI español
  • La francesa Marine Le Pen es un buen ejemplo de ello, pero la experta consultada advierte de que los españoles se mueven en el mismo marco

El debate sobre el homonacionalismo tiene un largo recorrido y empieza a cobrar fuerza en el sector más crítico del movimiento LGTBI español. El término se popularizó en 2007 con el libro 'Ensamblajes terroristas: el homonacionalismo en tiempos queer'de Jasbir Puar, que nació en un contexto muy diferente. Aunque es un concepto complejo, la escritora e investigadora Brigitte Vasallo lo define a grandes rasgos como "un momento histórico en el que los derechos LGTBI se están utilizando como marca para hablar de países buenos, sociedades buenas y grupos humanos buenos y al mismo tiempo, definen países malos, sociedades malas y grupos humanos malos". Un ejemplo práctico es cómo la ultraderecha presenta a los migrantes musulmanes como un peligro para las lesbianas, gays o trans de algunos países europeos.

"El término se acuñó hace años, pero en la política europea cada vez es más evidente. En Europa, la extrema derecha está sacando partido de esta cuestión, pero hace unos años el concepto de homonacionalismo europeo parecía ciencia-ficción. Sin embargo, en Estados Unidos empezó a estar claro a partir del 11 de septiembre", explica Vasallo, que escribió el libro 'Porno Burka' (Ediciones Cautivas, 2013). En el viejo continente, la francesa Marine Le Pen es el ejemplo perfecto de la utilización discursiva del "homonacionalismo". Cuando llegó a la cúspide de Frente Nacional, intentó deshacerse del legado de su padre Jean-Marie, que sí tenía un discurso explícitamente homófobo, para atraer más votos. En los últimos años, combina el discurso islamófobo con guiños al colectivo LGTBI. Por ejemplo, sus últimos resultados electorales los celebró bailando, entre otras muchas canciones, el YMCA.

Es un marco en el que se encuadran cada vez más campañas. Geert Wilders, líder de Partido de la Libertad holandés, también ha agitado el discurso islamófobo para atemorizar a una parte de la comunidad LGTBI. La asociación es tan sencilla como peligrosa: "La extrema derecha dice 'si nos votáis a nosotros, vamos a cerrar las fronteras y os vamos a proteger'", explica la experta, que sugiere otra pregunta: ¿Y quién nos va a proteger después de la ultraderecha? Estos partidos trazan una barrera entre el "nosotros" y los "otros" y a estos últimos les insertan la etiqueta de 'homófobos', "como si los primeros no lo fueran", ironiza Vasallo, que recuerda que a veces la estrategia funciona porque "los votantes gays, lesbianas o trans somos tan racistas como cualquier otro grupo humano".

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Aunque los ejemplos no sean tan explícitos como en otros países, también es una táctica que ya está instalada en España. Como ejemplo, la experta cita al candidato del PP en Cataluña, Xavier García Albiol, que hace solo unos días se ha hecho una foto con la bandera LGTBI. Sin embargo, su partido recurrió al Tribunal Constitucional la ley del matrimonio igualitario que aprobó el Gobierno socialista en 2005 y sigue torpedeando la Ley LGTBI en el Congreso. Por otro lado, Albiol protagonizó más de una polémica por sus campañas xenófobas en su etapa como alcalde de Badalona.

El homonacionalismo es el marco. Por eso, Vasallo también alega que este término también ha entrado en juego durante el  conflicto catalán ("parece una guerra de quien ha dado más derechos") o incluso, en la elección del nuevo Gobierno del PSOE, con el nombramiento de Fernando Grande-Marlaska como ministro del Interior: "Es un juez abiertamente gay, pero es un conservador reconocido".

Homonacionalismo homófobo

Los movimientos más críticos y radicales, los que trabajan sus propuestas fuera del denominado 'capitalismo rosa', sí están tejiendo redes que combaten ese discurso con otro que pone el acento en el antirracismo. Para saber si realmente un partido está comprometido con el colectivo, hay que examinar medidas concretas en el programa. Le Pen, por ejemplo, ha hablado en alguna ocasión de derogar el matrimonio homosexual.

Tal y como comenta Vasallo, los partidos de ultraderecha no pasan el test de mínimos de la igualdad. Para distinguir el grano de la paja, esta experta recomienda otro examen. "Tenemos que preguntarnos cuántos gays, lesbianas y trans hay en ese "otros". El imaginario del homonacionalismo es homófobo: "Intentar decir que hay lugares en los que hay personas LGTBI y en otros no. Pero nosotros nacemos en todas las familias, en todos los colores y todos lugares y las formas".