Barcelona reivindica el espíritu de Stonewall

  • Las entidades LGTB que forman la Coordinadora Unitaria 28J se resisten a abrazar el modelo de Orgullo comercial que se ha extendido por todo el mundo
  • Recuperar la memoria del movimiento LGTBI desde la Transición es el objetivo del documental 'El fil rosa', que se estrenó la víspera de la manifestación del 28J

Bajo el lema ‘Paremos el odio y la LGTBI-fobia’, cerca de 5000 personas se manifestaron el pasado día 30 por las calles del centro de Barcelona para celebrar el Día de la Liberación LGTBI, como lo sigue llamando la Coordinadora Unitaria 28J. Las más de treinta entidades LGTB que forman la Coordinadora se resisten a abrazar el modelo de Orgullo comercial que se ha extendido por todo el mundo y tiene su expresión en Barcelona en el masivo desfile del ‘Pride’, que se celebró el mismo día. La manifestación de la Coordinadora realizó un recorrido muy similar a la del 26 de junio 1977, el evento fundador del movimiento LGTBI en España. La vida de gays, lesbianas, bisexuales y trans ha mejorado radicalmente desde entonces, gracias a décadas de movilización de un movimiento social con una historia poco conocida. Recuperar la memoria del movimiento LGTBI desde la Transición es precisamente el objetivo del documental El fil rosa. Memòria dels moviments LGTBI (‘El hilo rosa. Memoria de los movimientos LGTBI’) dirigido por João França, que se estrenó la víspera de la manifestación en la plaza Salvador Seguí de la capital catalana.

El fil rosa pretende “mirar a la historia sin olvidar el presente, conectar las dos cosas”, explica el director, evitando la tentación de presentar una visión idealizada y nostálgica de los duros orígenes del movimiento LGTBI. En el 77 seguía vigente la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social del franquismo y la amnistía a los presos políticos de la dictadura no se había extendido a los llamados ‘presos sociales’, miles de personas encarceladas o deportadas de sus ciudades por su orientación sexual o identidad de género. El fil rosa recuerda aquella primera manifestación a través del testimonio de algunos de sus protagonistas, activistas del histórico Frente d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) (‘Frente de liberación gay de Cataluña’), como Armand de Fluvià y Jordi Petit.

Sin embargo, recuerda França, no fueron solo gays los que impulsaron el movimiento. “En la primera manifestación estaban las mujeres trans en la primera fila. Es como la historia de los disturbios de Stonewall (Nueva York) en 1969: las trans estaban en primera fila, a hostias literalmente. Y esto luego no se ve, se hace una película de Stonewall y el protagonista es un hombre gay”. El escaso protagonismo de las personas trans y de las mujeres lesbianas y bisexuales dentro del movimiento LGTBI es una injusticia histórica que El fil rosa pretende contribuir a reparar. “Una de las cuestiones básicas cuando pensamos el documental era intentar huir de lo gay, porque los relatos de la historia LGTBI se han centrado mucho ahí y la idea era visibilizar estas otras realidades”. En uno de los momentos más impactantes del documental, la activista trans Mar Cambrollé cuenta cómo, cuando aparecieron los ‘grises’ para reprimir la manifestación del 77, las mujeres trans que estaban en Las Ramblas se pusieron en primera fila. “Estábamos acostumbradas a las palizas de la Policía”, recuerda.

Este año han participado en la manifestación la alcaldesa Ada Colau y la concejala de Feminismos y LGTBI, Laura Pérez. El apoyo institucional al movimiento LGTBI y las masivas celebraciones del Orgullo transmiten la impresión de que se ha conseguido casi todo lo que demandaba el FAGC hace 41 años. Pero João França advierte sobre la necesidad de mantener viva la memoria del movimiento y tiene una perspectiva crítica sobre los avances logrados: “En el discurso dominante en el movimiento LGBT no está presente la memoria. Yo tardé años en saber que la manifestación que tenemos en Barcelona es la misma que la primera que se hizo hace 40 años. A veces olvidamos lo que se ha sufrido para conseguir lo que tenemos y que esas victorias no han beneficiado a todo el mundo. Estamos celebrando las victorias para unos pocos”.

Elena Longares, activista de Lesbicat y una de las portavoces de la Comisión Unitaria 28J, coincide en que queda mucho por hacer y señala la necesidad de “visibilizar el origen de la LGTBI-fobia”. En Cataluña hay una ley contra la discriminación a las personas LGTBI pero su aplicación es muy deficiente. “Desde la aprobación de la ley en 2014 llevamos menos de 10 sanciones”, denuncia, “ni siquiera está aprobado el decreto que aplica el régimen sancionador”. Longares defiende combinar las sanciones a las agresiones contra personas LGTBI con actuaciones preventivas: “La LGTBI-fobia es muy gratuita y una de las formas de combatirla es el régimen sancionador, pero la ley también incluye 33 artículos de medidas preventivas”. La portavoz de Lesbicat critica la inacción de la Generalitat: “Hay asociaciones que están trabajando el tema educativo en centros porque si no, no lo hace nadie. Por fin se ha aprobado el protocolo contra el acoso LGTBI-fóbico pero tenemos un muro en la Conselleria de Educació”. La falta de aplicación de las leyes de igualdad LGTBI es un problema común a varias Comunidades Autónomas, como denuncia el activista queer Javier Sáez en Cuartopoder y podría reproducirse cuando se apruebe la ley estatal.

Longares coincide con França en la importancia de que el movimiento LGTB refleje la diversidad del colectivo. “En Barcelona tenemos muchas asociaciones y grupos muy diversos centrados en temas muy concretos, cosa que nos obliga a trabajar en red, lo que es muy positivo. Somos especialistas temas como: migración y refugio, VIH, LGTBI-fobia, anticapitalismo y otras intersecciones, feminismo”. No en vano, el colectivo de migrantes encerrados en la Escola Massana fue uno de los protagonistas de la manifestación. Además, Longares celebra que cada vez haya más asociaciones en ciudades pequeñas y pueblos, “donde más falta hacen”.

Las relaciones entre la Comisión Unitaria y el Pride son complejas. “La mayoría de las asociaciones de la Comisión también participan en el Pride”, señala João França, que considera que el desfile del Orgullo “para mucha gente es importante, es una manera de romper la norma”. Longares es más crítica: “Visibilizar por sí mismo no tiene sentido, si no va acompañado de un objetivo político”. Y vuelve a referirse a los años sesenta y setenta: “Visibilizar servía para parar las redadas”.

La Manifestación por la Liberación LGTB ha recorrido Las Ramblas por 41º año consecutivo, recordando que el movimiento LGTBI nació en Stonewall como una revuelta contra el acoso policial homófobo y en Barcelona como una protesta contra la criminalización de la diversidad sexual y de género. Frente a la mercantilización de la identidad gay, una pancarta resumía el objetivo de los movimientos LGTBI críticos de Barcelona: “Recuperar el espíritu de Stonewall”.

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