El proyecto de la ONG ProemAid: nadar para reconciliarse con el mar y el caos que impera en Lesbos

Los dibujos que los niños y niñas pintan son el reflejo del alma. De sus ilusiones y miedos. Por eso, muchos de los pequeños supervivientes que, en busca de refugio, atravesaron el Egeo hasta llegar a Lesbos, recrean dramáticas escenas vividas en el mar durante su travesía.

Ésta fue la voz de alarma que incentivó el pasado año a la ONG española de rescate ProemAid para poner en marcha el “Proyecto Agua”. Así, a través de clases de natación en las playas de Lesbos (el mismo escenario donde rescatan a cientos de personas desde 2015), ayudan a reconciliarse con el mar a los pequeños de Pikpa-Lesvos Solidarity, el campo de refugiados autogestionado, horizontal y asambleario en la isla.

Todos se han enfrentado al Egeo, hacinados en botes de plástico en la oscuridad de la noche, han llegado a tierra calados hasta los huesos o, incluso, han sido testigos de la muerte de sus familiares en esta ruta, ante la falta de vías seguras para viajar.

Un grupo de terapia para niños que provienen de zonas en guerra. / Robin Hammond/Witness Change

Pero, con la ayuda de estos profesionales de emergencias y salvamento, consiguen curarse las heridas de este traumático episodio que ningún niño debería vivir. “Los críos están como locos de contentos, algunos, de la ilusión que tienen, se duermen con las gafas de buceo puestas”, celebra Salva, socorrista voluntario de ProemAid.

Tal es el éxito, que este verano repiten misión. Pero, como explica Concha Rámila, coordinadora del proyecto, en esta ocasión “todas las ONG y campos de refugiados de la zona han pedido sumarse”.

Aboul: “Antes tenía miedo al agua, ahora lo he perdido y he recuperado la confianza en mí”

Además de los niños y niñas de Pikpa, los voluntarios ofrecen diferentes clases de natación a adolescentes no acompañados, grupos de mujeres, hombres adultos y personas de un colectivo de migrantes LGTBI en la isla griega. También cuentan con un alumno muy especial, Abdoul, un joven de Gana, que perdió la visión tras las palizas recibidas, primero, por en su entorno familiar y, después, por otras personas en el campo de Moria en Lesbos.

Abdoul, guiado y acompañado por dos voluntarios, se sumerge en el agua una y otra vez. Después mueve los pies y los brazos, ayudado por un salvavidas de plástico y la incondicional presencia de los socorristas. Finalmente, consigue nadar solo. “Genial, Abdoul, genial”, le animan sus lazarillos en el agua. El chico, emocionado, cuando termina su logro se abraza a ellos. Así, es como experimenta su reconciliación con el mar, pero también con una vida marcada por el dolor.

“Son maravillosos, no sólo conmigo, sino con toda la gente que va a sus clases”, dice Abdoul, al otro lado del teléfono, sobre el equipo de socorristas y voluntarios de ProemAid. “Antes, yo tenía miedo al agua, pero ahora, gracias a ellos, lo he perdido. Además, me han ayudado a recuperar la confianza en mí”, exclama profundamente agradecido.

‘Proyecto agua’ para combatir el abandono y caos en la Lesbos

Y es que este proyecto, como definen sus promotores, “ofrece una vía de escape” y “ayuda a recordar que son personas, aunque estén olvidadas por Europa”. Salva profundiza más en esta idea y denuncia que, en Lesbos, hay “un abandono total” por parte de las administraciones, y lamenta que, “como ya no es noticia” lo que ocurre en la isla, “nadie quiere ver las condiciones en las que viven”.

Tanto Lesbos, como otras islas del país heleno, se encuentran saturadas, desde que en marzo de 2016 la Unión Europea y Turquía firmaran el acuerdo para atenuar el número de desembarcos. Desde entonces, el número de barcas que alcanzan las costas griegas ha disminuido, pero sus pasajeros son enviados a Centros de Recepción e Identificación en las islas. Allí han de esperar a que se tramite su petición de asilo y puedan ser trasladados al continente. Este procedimiento se está alargando meses y años, lo que genera desesperación y débiles condiciones de seguridad y salubridad.

Médicos Sin Fronteras denuncia la escalada de violencia y la deficiencia de recursos humanitarios en Moria

Cientos de personas buscan seguridad después de dejar países como Siria, Afganistán o Irak y continúan arriesgando su vida hasta llegar a Europa. / Robin Hammond/Witness Change

Esto es lo que sucede en el campo de Moria, en Lesbos, donde malviven 8.000 personas en unas instalaciones diseñadas para albergar 3.000. Al hacinamiento, se suman enfrentamientos y disturbios continuos. Algunas organizaciones, como la Comisión de Naciones Unidas para los Refugiados, alertan del riesgo de violencia sexual al que se enfrentan mujeres y menores en estos centro.

Médicos Sin Fronteras también pone el foco en esta “escalada de violencia” en Moria, donde sus equipos médicos han atendido a “supervivientes de violencia sexual perpetrada dentro y fuera del campo”.

Al mismo tiempo, la ONG denuncia que los recursos en el campo están “muy por debajo de los estándares humanitarios recomendados para situaciones de emergencia”. Como ejemplo, recuerdan que los habitantes cuentan con un inodoro para cada 72 personas y una ducha para cada 84.

Es por eso que, proyectos como el de ProemAid, combaten el abandono institucional que asola a Lesbos. Los supervivientes del mar, vuelven al agua para encontrar un respiro en mitad del caos que impera tierra adentro.

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