La calle de los invisibles

  • Miles de personas duermen cada día a la intemperie enfrentándose a múltiples violencias que ponen en riesgo su integridad

Miki quiere que le llamen así, sin apellido, “sin más”, dice. Él es el portavoz de la acampada que un grupo de personas sin hogar organizó hace casi un año en Barcelona para exigir que se respeten sus derechos. Miki tiene 32 años y no es la primera vez que vive en la calle, aunque sigue sin acostumbrarse al miedo que supone estar expuesto noche y día. “Párate cualquier rato por la calle y cierra los ojos. Escucharás a tres o cuatro que vienen por ahí riéndose, de pronto a alguien que golpea una papelera y a los lejos a dos que se pelean dando voces. No sabes cuál será el siguiente que pase por tu lado ni con qué intenciones”, explica.

Sólo en Barcelona se calcula que hay más de 3.000 personas sin hogar, de las cuales casi mil duermen en la calle, mientras que el resto utiliza equipamientos como albergues o pisos que ofrecen algunas entidades. Aunque nunca hay sólo una causa que lleve a una persona a dormir al raso, la Red de Atención a Personas Sin Hogar (XAPSLL por sus siglas en catalán) denuncia que hay tres factores estrechamente relacionados con el aumento de la exclusión residencial: el aumento del precio del alquiler, la falta de un parque público de vivienda y la precarización del mercado laboral. Aunque los datos son difíciles de determinar con exactitud, se estima que en el conjunto del estado español la cifra de personas sin hogar podría ascender a casi 40.000.

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Una persona sin hogar descansa en la calle con su perro. / Merce Cama

Desvanecerse

Para estas personas la intimidad deja de ser un derecho garantizado, pero aunque todo el mundo puede verlos, parece que nadie quiere mirarlos. “En la calle pasas a no ser nada para el resto de la sociedad, sientes que de repente estás fuera del mundo que se mueve a tu alrededor”, cuenta Miki. Este joven de Barcelona asegura que cuando alguien acaba en la calle es porque hay algo que “rompe su vida normal y que le impide mantener lo más básico”. Ante situaciones así, el colectivo denuncia que la ayuda que reciben no es suficiente, porque no hay un acompañamiento que les permita superar situaciones de vulnerabilidad, como enfermedades, adicciones o problemas de salud mental.

Ferran Busquets, director de la Fundació Arrels, que trabaja para dar respuesta a las necesidades de las personas sin hogar, coincide en que algunos de los servicios que se ofrecen actualmente no funcionan, como por ejemplo los albergues: “Son centros alejados de la ciudad, donde hay que compartir espacio con un grupo de desconocidos entre los que a menudo surgen conflictos”. Desde la fundación, por contra, se apuesta por el modelo americano ‘housing first’, que promueve la facilitación de pisos donde las personas sin hogar puedan desarrollarse de forma autónoma y donde puedan empezar a reconstruir sus vidas de una manera digna.

Vidas rotas

Joana tiene 65 años y hace apenas unos meses que se ha reencontrado con su hijo Manel, de 25. Antes de eso, ella no pudo seguir pagando el alquiler y se vio condenada a pasar los días entre albergues y habitaciones que alquilaba a precios desorbitados en Barcelona. Al mismo tiempo, Manel también se había quedado en la calle. Su padre lo echó de casa y, cuando su hermano lo acogió en la suya, la convivencia tampoco funcionó. Sin nadie más a quién recurrir, este joven terminó durmiendo en las calles de la ciudad hasta que su madre se enteró de su situación y lo buscó.

Una persona sin hogar duerme en un banco al lado de Plaça Catalunya. / Merce Cama

En esta ocasión, como suele pasar, no hubo un único motivo que llevase a esta pequeña familia a la calle, sino una cadena de episodios que truncaron sus vidas. Manel tuvo un accidente en 2013 durante un viaje a Bangkok. Se había desplazado a la capital tailandesa para participar en una competición de Muay Thai que nunca terminó. En algún momento del viaje, Manel recibió la picada de un mosquito que lo dejó en coma. Su vida nunca más sería la misma.

Mi hijo despertó del coma con graves secuelas y trastornos mentales y, además, él que siempre había llevado una vida sana, empezó a consumir distintas sustancias”, explica Joana. Ahora madre e hijo malviven en una habitación de 400€ en Barcelona, a la espera de encontrar algo mejor que puedan pagar con sus pensiones: “Me gustaría tener un sitio para vivir, para tener intimidad, un rincón donde poder llorar, reír, comer o no comer”, confiesa Joana.

Un año de lucha

Ante este desamparo institucional, incapaz de responder a situaciones como las de esta familia, Miki y otras personas sin hogar se organizaron en octubre del año pasado para exigir medidas que pongan fin a esta situación. “Nos organizamos porque no puede ser que haya gente durmiendo en la calle, es una tortura”, asegura el portavoz. El colectivo denuncia que existe una clara falta de voluntad política para ofrecerles una atención integral y lamenta que en lo que va de año ya han sido asesinadas dos personas sin hogar en Barcelona: “Es que nos están matando, mañana me podría pasar a mí”, denuncia Miki.

Durante la movilización, que duró más de cuatro meses, el grupo de la Acampada X Derechos se instaló con algunas tiendas de campaña en la Plaça Catalunya, en el centro de Barcelona. Asimismo, empezaron distintos procesos para forzar a los grupos parlamentarios a situar en la agenda política el fenómeno del sinhogarismo. Después de semanas de cartas, manifiestos y reuniones con representantes políticos, la acampada consiguió que el pasado mayo se aprobara un plan de choque que, de momento, no se ha implantado.

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Aunque el portavoz afirma que están dispuestos a dar cierto margen para que los partidos ejecuten el plan de choche, asegura que la lucha no ha terminado: “Queremos que se entienda que somos personas como el resto, aunque nos encontremos en una mala situación. A nadie le gusta estar en la calle”. De momento, los últimos datos del Consejo General del Poder Judicial publicados esta semana revelan que en España los desahucios por impago de alquiler se han incrementado respecto a los meses anteriores, siendo Catalunya la comunidad que lidera el ranking con alrededor de 46 desalojos diarios durante el segundo trimestre del año.