Buabent (Instituto de la Mujer): “Propondremos cambiar el nombre por Instituto de las Mujeres”

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Silvia Buabent (1973, Madrid) tiene una agenda tan abultada como la empresa que ha decidido asumir. Desde junio es la nueva directora del Instituto de la Mujer y se ha puesto como meta volver a situar a esta institución como una referencia para todas las mujeres españolas, después de que los recortes del PP dejaran este organismo exhausto. Más que vértigo, siente una enorme ilusión ante semejante reto: “Las mujeres tenemos la obligación de ser ambiciosas”.

Hasta su aterrizaje en el Instituto, ocupaba la concejalía de Igualdad en el Ayuntamiento de Fuenlabrada, un puesto en el que se sentía cómoda. Ahora toca restaurar los cimientos de una institución que ya no es la referencia principal de las nuevas generaciones. La preocupación de Buabent por incluir a todas las mujeres, y todas quiere decir todas, ha hecho que proponga hasta un cambio de nombre, del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades quiere que pase a llamarse Instituto de las Mujeres, una nomenclatura que refleje la pluralidad.

Al filo del puente de noviembre, se toma una pausa para hablar en su despacho con Cuartopoder.es.

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— Quiero empezar preguntándote por el fallecimiento de Carmen Alborch, una mujer que marcó a toda una generación de socialistas, ¿qué fue para usted?

— Para mí ha sido un referente. Consiguió que todas pusiéramos la mirada en un tipo de mujer distinta. Ser ministra de Cultura hace 25 años tenía una impronta muy particular. Ella era mujer muy valiente, siempre defendió su ideología socialista y feminista, reconociendo que los cambios iban a ser paulatinos y que ella quería tener un papel activo. Ella ha significado el saber que se puede. Tuvo siempre claro cuál era su lugar y desde donde podía trabajar. Siempre encontró la manera de estar y de que estuviéramos todas.

— Se cumplen 35 años de esta institución de la que ahora usted ha cogido las riendas ¿cuáles son sus referentes dentro de este organismo?

— Esta institución exige el reconocimiento a todo un trabajo de 35 años de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Creo que a cada directora hay que darle su espacio. Yo tengo que nombrar a Carlota Bustelo. Fue la primera y una mujer muy comprometida. Declararse feminista hace 35 años tenía unas connotaciones muy diferentes. Hoy incluso es un reconocimiento, en esa época no. Ella demostró que el instituto tiene que ser el lugar de todas, donde nuestras necesidades y empeños se vean reflejados. Muchas mujeres veníamos al Instituto en busca de formación e información. Las instituciones tienen que ser una referencia para la ciudadanía. Si no lo son, pierden su valor.

— Usted ha dicho que cada mujer pone su impronta en cada época, ¿cuál va a ser la tuya?¿cuáles son sus objetivos?

"En estos últimos años, el instituto ha dejado de ser un referente"

— Mi objetivo es volver a colocar el Instituto en el lugar en el que nunca debió de dejar de estar. Creo que cuando estaba en la cúspide ha tirado de la igualdad  de forma institucional y ha estado en todas las contiendas. No me gusta el lenguaje belicista, pero sí sirve para ejemplificar lo que ha sido. En estos últimos años, hemos pasado una etapa en la que el Instituto dejó de ser ese referente Creo que se intentó vaciar de contenido, le faltaban recursos económicos, recursos humanos especializados y una apuesta política real por las políticas públicas en materia de igualdad. En 2014, además, se le añade la terminación de “igualdad de oportunidades”. Eso vino a diluirlo. Las mujeres no somos un colectivo. Dentro de ese global, hay mujeres con necesidades específicas.

— Me habla de esa falta de liderazgo con el Gobierno del PP, pero quiero darle la vuelta a la pregunta. Ahora que hay tantos organismos, asociaciones, colectivos e, incluso, una cartera de Igualdad ligada a Vicepresidencia del Gobierno... ¿qué elemento diferenciador puede aportar este instituto para seguir siendo necesario?

—Puede volver a ser ese lugar donde estemos todas. Creo que durante un mucho tiempo ha dejado de ser así. El Instituto de la Mujer ha sido la casa de todas las mujeres y de las feministas. Las que estudiábamos y necesitábamos datos o formación veníamos aquí. Ahora hay muchos espacios, como institutos regionales o una secretaria de Estado… pero el Instituto puede tener una labor de coordinación. Transversalizar es importante, pero nunca se nos tiene que olvidar la labor de vigilancia. Este organismo tiene personal cualificado que puede dar las referencias que se vayan necesitando.

Creo que las mujeres de mi generación tenían perfectamente ubicado el Instituto de la Mujer, pero las de la tuya no. Las más jóvenes no saben qué es, qué podemos ofrecerles… Creo que es uno de nuestros trabajos. Yo confío mucho en la intergeneracionalidad. La edad se pasa y lo que tiene que quedar es el contenido. Las más jóvenes tenéis las ganas,  la fuerza y la desinhibición, que es muy necesaria, pero las que somos más mayores tenemos un recorrido distinto que nos ha servido para adquirir más experiencia. Cada una tiene su espacio. Necesitamos reconocernos y concedernos autoridad y para eso necesitamos escucharnos.

— ¿A qué se refiere con autoridad?

— La idea de la autoridad significa que yo te escuche y no te esté mirando por encima del hombro, que tu palabra sirva tanto como la mía. Yo no necesito que me oigan sino que me escuchen. Hay que hacer un trabajo horizontal en el que seamos capaces de reconocernos.

— ¿Cree que hay espacios o discusiones donde aún no se ha producido ese reconocimiento entre jóvenes y veteranas?

"El patriarcado juega muy sucio y en el enfrentamiento gana siempre"

— Estamos en un momento muy particular. Ahora mismo dentro del feminismo estamos en un proceso en el que la agenda feminista en la que hemos trabajado tantos años se ha visto abocada a una agenda sobrevenida que no estaba pensada. Hay que conjugar ambas. En esa confluencia de experiencias tenemos la obligación de encontrarnos. Es difícil porque el patriarcado juega muy sucio y en el enfrentamiento gana siempre y perdemos las mujeres. Creo que las tácticas pueden ser varias, pero la estrategia debería ser común. No podemos perder tiempo. Si hay algo de lo que sabemos mucho las mujeres es de cómo se nos han usurpado el tiempo. Nunca es nuestro, parece que siempre es de otro. No queremos perderlo en discusiones que pueden resultar poco útiles.

— Antes ha hablado de un Instituto para todas. Hay una parte de las mujeres, como son las racializadas o las trans, que a veces se sienten fuera del movimiento, ¿qué puede hacer este organismo para que se sientan más cómodas?

— Entiendo que sientan que no se las está visibilizando lo suficiente, pero te garantizo que cuando yo hablo de feminismo, hablo de un feminismo en el que todas estamos incluidas. De hecho, ahora el Instituto se llama Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades y vamos a proponer que pase a llamarse el Instituto de las Mujeres. Mi feminismo es de reconocimiento de la diversidad de las mujeres. Cada una se representa a sí misma, pero sabemos que los objetivos tienen que ser comunes. Una mujer negra, una trans o una con discapacidad lo que tienen en común es que son mujeres y te garantizo que nosotras vamos a trabajar por todas.

— ¿Qué más cambios habrá en el Instituto de la Mujer?

— La intención es reactivarlo. Queremos un liderazgo compartido con personas que ya trabajaban aquí y que tienen que tener su reconocimiento. Ahora tenemos tres subdirecciones (Estudios y cooperación, Emprendimiento, empleo y negociación colectiva y Programas). Ahora veremos qué se ha hecho y qué se puede continuar. Aquellos proyectos que nos parezcan obsoletos se quitarán. Los vamos a revisar y adaptar al 2018. Si hay alguien que en estos 35 años ha cambiado han sido las mujeres. No tenemos dificultades por ser mujeres sino que la sociedad nos las pone por ser mujeres. Es muy distinto, por eso yo siempre insisto en la igualdad de oportunidades.

—En esta nueva ola feminista, vemos que las jóvenes han participado muy activamente, son combativas y han salido a la calle. Sin embargo, en las relaciones de pareja de la generación más joven se siguen reproduciendo los mismos esquemas machistas, ¿cómo se explica esta contradicción?

— No es una contradicción. Las que somos activistas tenemos la costumbre de pensar que todas estamos en la calle y no es así. En la calle estamos un número determinado de mujeres, pero también hay muchas que no están en esto ni en nada que se le parezca. Tenemos que revisar ese velo de la igualdad. A las nuevas generaciones se os ha educado en que sois iguales para todo, desde las escuelas infantiles hasta la universidad, pero hay un momento en el que empezáis a ser conscientes de las desigualdades, como cuando os vais a vivir en pareja o cuando os inmiscuis en el mercado laboral. Y utilizo el verbo inmiscuir porque creo que todavía hay muchas mujeres que no sienten el mercado laboral como un espacio propio.

El otro día estuve con mujeres que viven en entorno rural y fue muy interesante. Muchas de las que salen a estudiar no vuelven, pero las que no, reproducen el modelo de mujer cuidadora, aunque no me gusta generalizar. No tenemos que pensar que porque somos más en la calle ya no existe ese grupo importante que no está. Tenemos que trabajar con ellas. Ese es el gran reto. Desde las políticas públicas hay que remover obstáculos. Creo que el activismo tiene que servir para cambiar la legislación, que son nuestras herramientas. Si no, todo es más complicado.

— Nosotras nos hemos incorporado al trabajo, pero ellos a los cuidados no, ¿qué se puede hacer desde lo público para que no se favorezca siempre que sean ellas las que se queden en casa?

"Las mujeres tenemos que dejar de decir 'no me cuesta nada'”

— Últimamente estamos hablando de la ley de igualdad salarial y de los permisos iguales e intransferibles. Con los cambios legislativos, el panorama cambiará, pero tendrá que ir acompañado de mucha sensibilización social. Hay que convencer a los varones de que los cuidados también son suyos. Ellos siguen viendo como propios los espacios de poder, no los ven como privilegios. Nos siguen viendo como usurpadoras de su espacio. Además, nadie pone en valor los cuidados. Yo tengo la oportunidad de estar en espacios donde hay muchos hombres y me he quedado en reuniones hasta las 9 de la noche. Tú piensas en los niños o en cómo te organizarás mañana, mientras ellos te dicen que ‘no te preocupes’.

Yo siempre nombro a María Ángeles Durán. Ella reflexionó sobre cuánto tiempo dedica una mujer a aquello que no es suyo. Creo que las mujeres tenemos que dejar de decir aquello de “bueno, si no me cuesta nada”. Sí, sí te cuesta y te cuesta lo más preciado: tu tiempo. Yo no quiero ser una superwoman. Tengo una hija y estoy segura de que no va a querer imitarme.

— Estos días se habla mucho de igualdad laboral, pero muchas mujeres se preguntarán cómo se puede luchar por la igualdad en una empresa privada y enfrentándote cada día a tu jefe.

"En la negociación colectiva se trataban muchos temas de igualdad"

— Tenemos que mirar a los sindicatos de clase. Creo que uno de los problemas ha sido la reforma laboral. Se ha fulminado la negociación colectiva, que es donde estaban muchos temas de igualdad. Los sindicatos tienen que encontrar cómo ser útiles a hombres y a mujeres. Si tienes que negociar a nivel individual con un empresario, vas a perder. También hay que hablar de los cuidados de los mayores y los dependientes. Ahí el Estado tendrá que hacer un ejercicio de colaborar en que esto no sea solo una cuestión de las familias, sino  también empresarial. Las empresas tienen que ser conscientes de que cuanto más a gusto estén sus trabajadores y trabajadoras más posibilidad tendrá de no perder el talento. El salario es importante pero no lo único. El Estado tiene que arbitrar y dar herramientas que sirvan para que la natalidad deje de ser baja porque nuestro sistema no se sostiene.

— En Instituto también tienen un Observatorio de imagen de las mujeres, ¿qué quejas les llegan?

—  Los medios de comunicación tienen mucho que decir ahí. A poco que cojas alguna revista o pongas alguna cadena de televisión, alguna más que otra, o cojas un folleto de publicidad, la imagen de la mujer está muy cosificada, ya no te digo estereotipada. En esas imágenes, las mujeres somos cosas, de usar y tirar, de vender. Para mí los referentes son muy importantes. Cuando una niña crece viendo esas imágenes, las normaliza. Hay otro añadido en lo relativo a la educación sexual, que entronca en este momento con la pornografía y ésta, a su vez, con las diferentes violencias que se ejercen contra nosotras por ser mujeres.

—  ¿Las nuevas generaciones están creando nuevos estereotipos?

"Falta una gran reflexión sobre lo que significa el amor"

—  Yo nunca he encajado en los cánones, pero me reconozco en una generación en la que a las mujeres siempre se nos ha dicho lo que teníamos que ser: buena chica, vestir de una determinada manera, tener unas medidas… Yo agradezco muchísimo la desinhibición de las más jóvenes. Sin embargo, ahora se pasan todo el día conectadas al móvil, tablet, etc. Estas pantallas les dicen qué deben ser ellas y también qué deben ser ellos. Hay un tipo específico de chico con tableta, bien peinado, etc. Son estereotipos que no tienen que ver con las personas. A nosotras nos pasa mucha factura.

Hemos educado a las jóvenes para que tengan mucha más libertad, que hagan lo que quieran porque tienen derecho, pero luego se enfrentan a lo que hay fuera. Estamos viendo que el índice de violencia entre los más jóvenes ha aumentado bastante. Además, el mito del amor romántico es muy dañino. Tenemos que enseñar que lo importante es el buen trato. Falta una gran reflexión sobre lo que significa el amor. Para las mujeres sigue siendo una parte muy importante. Estamos lanzándoles información contradictoria.

2 Comments
  1. florentino del Amo Antolin says

    Pues sí que se ha estrujado las menínges, para tal decisión en plural. Muy de partido, haciendo propaganda de una compañera, ( que igual fuese feminísta ); pero el halago solo hacia Carmen Alborchs y Carlota Bustelo… Suena a la indefinición política y al Yenkismo que habita en ese partido tan denortado, de brujula loca. Igual en tu municipio de Fuenlabrada, puedan decir algo en positivo; pues entrar con 20 años y con ciertas referéncias. Un perfíl muy bajo, además haciendo lo que dices que en la actualidad hacen los jovenes… La libertad, está para usarla. ¡ Núnca reformarla. Yenkistas !.

  2. Farrack says

    Que alguien le eche un cubo de agua a esta por la cabeza, por eso de refrigerar, que tiene el cerebro ardiendo.
    Así da gusto. Gente con ideas tan innovadoras y rompientes. Lástima que en lugar de dedicarse esta a tocarse la higa, a la holgazanería y a la búsqueda de las oportunas subvenciones asociadas al acto, no lo haga a la Biología Molecular. El cáncer sería un mal recuerdo.

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