El amor como camino a la precariedad

  • Con 45 años y tras separarse, Mari Carmen tuvo que volver a un mercado laboral que había cambiado por completo
  • Al ser económicamente dependiente de su marido, a sus 63 años no ha logrado estabilizar su situación

Mari Carmen viene con tres heridas: la de la vida, la del amor y la de la muerte. Nació y creció cuando el franquismo enseñaba a las niñas a ser buenas esposas, pero no se encontró con un marido ejemplar. A los 45 años y con tres hijos, le tocó enfrentarse a una separación que la dejó sin pareja, sin autoestima y sin dinero. Aún hoy vive las secuelas de haber decidido emprender una vida sola. "Las mujeres no tenemos que depender de nadie", asegura. Hoy vive en uno de los alojamientos de la Asociación Realidades, una organización que vela por los derechos de las personas sin hogar, y cuenta ilusionada que ahora participa en su taller de radio, Onda Realidades.

En el caso de Mari Carmen, el principio de su mala racha no está relacionado directamente con la recesión económica. La crisis se lo puso más difícil, pero en 2010 ella ya estaba en la cuerda floja, tras una separación que la dejó a cargo de tres hijos. Cuando nació el segundo, abandonó su trabajo para encargarse de su familia bajo esa promesa de estabilidad que suponía el matrimonio. Pasó a ser ama de casa, una labor que supone horas de cocinar, limpiar o cuidar niños, pero que ni cotiza ni infla un currículum. Esta madrileña se entregó a lo que todos llamamos amor y la pensadora Silvia Federici llamó "trabajo no pagado"

La vida

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Mari Carmen tiene 63 años y comenzó a trabajar muy joven, como aprendiz de costura o haciendo recados. Su vida transcurrió tal y como habían enseñado a una mujer educada en el franquismo que, además, era la mayor de cinco hermanos varones. Se casó, tuvo tres hijos y, cuando pudo, su marido la "quitó" de trabajar y así estuvo más de una década.

"Mi marido era el rey y yo me dedicaba a mis hijos. Él llevaba un autocar y yo me iba con él los fines de semana para ayudarle". Pero comenzaron a pasar cosas de las que nadie le había advertido. Llamadas en las que el misterioso interlocutor colgaba al instante y la aparición de otra mujer. Su educación solo le sirvió para que aún conserve cierto sentimiento de culpa por haber desatendido su relación: "Yo estaba muy centrada en mis hijos".

El amor

Con 45 años, Mari Carmen decidió no aguantar y emprendió una nueva vida sola. "Ahí empezó mi mala racha". Cuando empezó a buscar trabajo, encontró un mercado laboral muy distinto al de su juventud: "Antes te enterabas de una empresa, pedías plaza y si había, pues ya está. Te cogían y te probaban siendo aprendiza", explica.

Como solución temporal, se fue a casa de su madre, pero al ver que no lograba ser independiente económicamente solicitó un albergue. "Me decían que no daba el perfil", recuerda con humor sin saber precisar cuales son los rasgos que se supone que tiene que tener una persona sin hogar en España. Finalmente, consiguió plaza en uno situado en el centro de acogida de San Isidro (Madrid).

Entonces, Mari Carmen comenzó a hacer cursos y encontró algunos trabajos temporales. Es una mujer risueña y reconoce que su paso por los recursos asistenciales le ha supuesto un aprendizaje inesperado. En una experiencia anterior, compartió piso con dos hombres y una mujer, una etapa de la que conserva un buen puñado de anécdotas que cuenta mientras apura un Aquarius de limón.

La muerte

En este camino conoció a Ramón. "Empezamos hablar. Había un compañerismo, mucho cariño", recuerda. Estuvieron seis años juntos, pero murió hace unos meses. Esto supuso, de nuevo, un cambio de piso. Ahora, a sus 63 años, no tiene empleo y vive en una casa de la Asociación Realidades. A unos años de la jubilación, le confía su futuro a los asistentes sociales. 

Mari Carmen pertenece a una generación de mujeres que lo construyó todo. Con 45 años decidió emprender una nueva vida, aunque haya pagado un precio alto: "Hoy en día ni me caso". Aunque su discurso sea plenamente feminista, no usa esa etiqueta. "El machismo ya no lo soporto".