Banca con poco estrés y valor social

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La banca española y europea ha superado, mejor que hace un año la norteamericana, las pruebas de resistencia a la crisis, publicadas ayer al cierre de las bolsas continentales. Estas y las de EEUU apenas se inmutaron ante ese ejercicio de puro exhibicionismo, merecedor de análisis al menos para interpretar el valor de la musculatura enseñada, que revela tan escasa tensión como esfuerzo y valor social de su función de intermediar un ahorro que sigue sin fluir hacia la inversión.

Ya sabemos que el 95% del sistema financiero español examinado puede aguantar casi sin mas capital frente a otra recesión de 3 puntos del PIB o eventuales impagos de deudas públicas, aumento del paro hasta el 25% el año próximo o subidas de los tipos de interés y las primas de riesgo, caídas del precio de la vivienda o aumento del precio del petróleo; bancos y cajas aguantarían ante tales escenarios, sí, manteniendo en el 2011 un ratio de solvencia del 6% sobre el total de sus recursos según las normas Tier 1. Lo que seguimos sin saber es qué pasaría en esas circunstancias, por ahora improbables, con el conjunto de la economía española y sus agentes.

Bueno, realmente cabe temer que la financiación bancaria se reduzca durante la actual crisis al menos un 25%. Lo decíamos en anteriores artículos de este blog, porque es lo que sucedió con el medio centenar de crisis financieras registradas este siglo, que aun siendo más importantes duraron una media de 7 años, y en su mayoría derivaron en otra crisis financiera. Ahora podemos añadir que el primer temor fue expresado por el presidente Zapatero la semana pasada en el debate sobre el Estado de la Nación, curiosamente sin generar titulares mediáticos, quizá por la resignación de que en los dos últimos años ya ha desaparecido el aumento anual que registraba antes. La banca dice que porque no hay proyectos viables, no por su deseo; es lo que sucede en esas ocasiones, aunque lo más novedoso en esta ocasión es que la confianza para prestarse entre las propias entidades sigue bajo mínimos.

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Resignación que es fruto de la dejación de los reguladores ante el hecho de que la banca actual apenas ejerce sus funciones económicas y sociales de controlar la eficiencia técnica o asignativa de los recursos financieros, tan vitales para cualquier economía moderna. Esperemos que al menos la sensibilidad social generada por estas pruebas sirva para evitar que en la próxima crisis financiera no se nos eche encima con sus crecidas facultades redistribuidoras de la renta por delegación de los estados y presión de los mercados.

Era de esperar que enseguida surgieran algunos peros de estos mercados, como el documento confidencial sobre metododología ( EU Stress Test Exercise: Key Messages on Methodological Issues) al que se atribuyó ayer la inicial caída del euro y de las bolsas norteamericanas, por entender que excluye a algunos riesgos y "permite a los bancos subestimar básicamente su exposición a la deuda periférica en dificultades", en la valoración del banco Brown Brothers Harriman, fundado en Nueva York hace casi 200 años.

Pese a esas dudas de que reflejan la imagen fiel o real las pruebas de solvencia realizadas a 91 entidades, de ellas 27 españolas, éstas han sido superadas en concreto por lo 9 bancos y las 19 cajas que quedan tras los procesos de concentración de anteriores o la actual crisis, salvo 5 cajas, que tendrán que elevar su capital en poco más de 2.000 millones de euros. Una propina teniendo en cuenta los recursos para la reestructuración previstos por el FROB, previamente prorrogado por si acaso hasta el 31 diciembre. Aun así, en esta crisis la banca española no resultará comparativamente tan onerosa respecto a otros países, que en eso tiene experiencia; ya protagonizó hace tres décadas la mayor crisis bancaria occidental, y desde entonces las normas de prudencia y supervisión la han convertido en ejemplar a la hora de conservar su propia salud, además de concentrar en medio siglo las más de 200 entidades en esa treintena actual. El Banco de España ha sido el supervisor más exigente del mundo; su sistema de provisiones ha sido alabado hasta por la prensa anglosajona. Menos claro es si también favorece la salud del conjunto de la economía, hacia la cual  las modernas finanzas se han especializado en trasladar enseguida sus problemas.

Para Europa, los resultados conocidos ayer pueden significar mayor credibilidad de la eurozona y de cada uno de sus países, oportunidad de mostrar que los periféricos no tienen un sistema tan deficiente como su economía, e incluso que su banca no está tan apalancada ni es tan vulnerable a choques externos como la alemana y francesa.  En las ultimas semanas ya se ha recuperado con las primeras filtraciones de estas pruebas parte de esa credibilidad, como refleja la subida del euro frente al dolar y las divisas de otros países desarrollados, aunque todavía acumula una caída del 8,5% en lo que va de año respecto a la media ponderada de esas divisas, según los índices de Bloomberg; el dólar ha ganado un 3,4% y el yen un 11% pese a la desconfianza reciente en la recuperación de ambas economías. Por tanto, las cotizaciones de las divisas y de las primas de riesgo país nos dirán las próximas semanas en qué medida se ha recuperado esa credibilidad de la eurozona, si bien las primeras encuestas de Goldman y CreditSuisse sólo recelan de algunas entidades españolas, alemanas y griegas.

Para España, como reflejaron ayer tarde las primeras declaraciones de Zapatero y Botín, era especialmente importante pasar los test con mayor amplitud y nota que otros países, tanto por bajar el riesgo-país de España como por mejorar la imagen del sector. España necesitaba ganar en imagen de transparencia y sacar nota en el examen, entre otras razones porque seguirá siendo una de las economías más dependientes del capital externo (privado y público, por este orden), al menos mientras no reduzca el déficit estructural de balanza de pagos. Algo pueden bajar las primas de riesgo o mejorar las calificaciones particulares, lo que beneficiará también a las grandes empresas que se financian en el exterior. Aun más relevante era el trance para el sector, porque además de intervenir en esas operaciones tendrá en los próximos años que ampliar sus propios capitales, por los compromisos internacionales en trámite, dirigidos a evitar crisis financieras como la actual. Esto último será más crucial para las cajas, cuya reforma ahora en trance depende de cómo los mercados acojan los títulos de capital (cuotas participativas) mediante los que serán privatizadas.

Sin embargo, tras estas pruebas, Europa y España, lamentablemente, seguirán generando algunas dudas en los mercados financieros, aunque ciertamente algo menores que antes, por lo que todavía queda por delante una reforma financiera como la aprobada la semana pasada en los EEUU.

El problema europeo es que, si bien su sector bancario está muy integrado internacionalmente en sus operaciones de pasivo o activo (toma o uso de recursos), su regulación e intervención depende de cada estado. Ello nos enfrenta a dos tipos de vulnerabilidades teóricas: que las necesidades de capital pudieran superar las capacidades de cada país y que la eventual participación regulatoria de diversas autoridades complique los intentos de hacer que las finanzas funcionen mejor. El FMI y el fondo de rescate pueden cubrir sin problemas el primer frente, ahora examinado a través de los hipotéticos impagos de bonos soberanos: los test han supuesto como ejercicio teórico el 23,1% de impago en Grecia, 14% Portugal, 12,3%3 en España, 4,7% en Alemania, 10% en Reino Unido y 5,9% en Francia. Pero el segundo riesgo es harina de otro costal, porque la regulación y la intervención en la UE y la eurozona están muy descentralizadas. Esto significa que las pasadas o eventuales operaciones de nacionalización, recapitalización u otros apoyos gubernamentales han de realizarse país por país. La consiguiente falta de sintonía entre la exposición al riesgo y la responsabilidad política crea dos puntos duda, que va desde la coordinación entre órganos reguladores a la ausencia de mecanismos de financiación europeos a ser directamente utilizadas en caso de que lo necesitaran algunos sistemas bancarios, lo que se complica a través de problemas políticos y límites legales, financieros e institucionales. Quizá por esto el BCE ha aplazado la puesta en marcha del fondo de rescate, por temor a que se convierta en un mecanismo para financiar la recapitalización bancaria si fallara la financiacion de la deuda pública.

En España, lo más destacable ha sido la incorporación de las cajas de ahorros, que desde el Decreto Fuentes Quintana de 1978 se aproximaron a la banca y le ganaron terreno, a esta salida del armario internacional, superando las restricciones de su origen histórico y los recelos a que la operación termine también con su mayor proximidad a la economía real y a la ciudadadanía. Gracias al pacto entre el PSOE y el PP, que para esto y la energía si encuentran los incentivos que les faltan ante las reformas del acceso y difusión del conocimiento y otras muchas cuya sola enumeración sería prolija, las cajas han reducido su número de 45 a 19, han ganado en dimensión, presentabilidad y solvencia, aunque a costa de bancarizarlas todavía más para que su mayor especialización en el crédito hipotecario de familias y empresas sea aliviada, facilitándoles la captación de capital en los mercados en similares condiciones que los bancos.

Comparto el escepticismo de Lagares, uno de los mejores conocedores de las cajas, acerca de si su reforma además de necesaria resultará suficiente para unas instituciones imprescindibles para que el sistema no quede en puro oligopolio y mejore su función de promover el ahorro. Pero me domina la duda de que el contubernio político necesario para esta operación privatizadora no se convierta en un reparto de cargos que perpetúe la patrimonialización por muchos años del poder en las mismas por parte de los gestores que acceden desde la política, como ya sucedió hace una década en bancos y empresas.

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