El asesinato de la familia Fogel

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El padre y los hermanos de Ruth Fogel se abrazan durante el funeral de Ruth y de su marido, Ehud y sus hijos, de 11 años, 4 años y 3 meses de edad, celebrado en Jerusalén el pasado día 13 de marzo. / Oliver Weiken (Efe)

Para Ruth Fogel el primer sabat del mes de Adar fue el último de su vida. Durante la madrugada del 12 de marzo un escuadrón de la muerte penetró en su casa del asentamiento de Itamar (Cisjordania) y, mientras la familia dormía, degolló a Ruth, a su también joven esposo, Udi, y a tres de sus hijos: Yoav (11 años), Elad (cuatro) y Hadas (un bebé de tres meses). Ruth y Udi tenían tres hijos más que ese fin de semana se libraron del cuchillo. Dos de ellos estaban en sus cuartos, en los que no entraron los asaltantes. El tercero –una niña de 12 años, Tamar, que a partir de ahora será la cabeza de la familia Fogel- celebraba el sabat con sus abuelos.

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Unos días después del asesinato múltiple de Itamar, al abrir la tapa del ordenador desde el que me comunico con ustedes, tuve la impresión de que lo que realmente levantaba era la tapa de un ataúd familiar. O de que abría la puerta de una morgue. Los cinco cuerpos sin vida de la familia Fogel degollados en sus propios dormitorios como animales de matadero, tendidos sobre la cama o en el suelo, mancharon de sangre toda la pantalla. Cinco cadáveres retorcidos, con sus vestidos empapados de rojo, sin lavar. Sólo las caras estaban difuminadas y no se podía ver la expresión que en ellas había estampado el Ángel de la Muerte. Fue el único acto de piedad que tuvo con los muertos la publicación israelí que me había enviado su crónica del asesinato de los Fogel, con las fotos.

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Yo no voy a seguir el juego –su estúpido juego- de los que, mezclando la información con la propaganda política y las exclusivas de sucesos, desprecian lo más sagrado que deja un hombre cuando pierde la vida de manera violenta –su cuerpo abatido- aprovechándose de que ese cuerpo ya no tiene dueño. Por eso yo no voy a hablar de unas fotografías que desde hace una larga semana están a la vista del público en la Red como una concesión a la pornografía de la muerte. Ni siquiera voy a comentar el crimen de Itamar. Pero sí me gustaría decir algo sobre la muerte de los Fogel y su manipulación por el Gobierno actual de Israel (y por el seguidismo de algunos medios, como el que me ha enviado las fotos). Porque el Gobierno israelí ha hecho lo que nadie que no fuera un perturbado se había atrevido hasta ahora a hacer en una comunidad judía, con los de dentro o con los de afuera. El Gobierno de Beniamin Netanyahu ha tenido la indecencia de robar a los muertos.

Mi impugnación de esta inmundicia moral requiere una explicación previa. Ningún judío ha visto nunca a Dios. Pero en el judaísmo se escucha a Dios (incluidos los ateos, porque la cultura judía es más amplia que su religión). Entre Dios y los hombres el único intermediario es la voz del lenguaje, la palabra hablada o escrita. A diferencia de la estética griega (y del cristianismo), en la que Dios y la Naturaleza se funden y ambos se humanizan, los judíos no podían representar con imágenes ni al Creador (el sujeto) ni a la Naturaleza viviente (el objeto de Dios). Era tanto como querer imitar a Dios, atribuyéndose sus poderes, especialmente el poder de crear y el poder de juzgar. Pero no sólo eso: ¿cómo interpretar o reproducir la realidad sensible y material de la vida humana –tan imperfecta, engañosa y de falsas apariencias- con un instrumento igualmente tan sensible y engañoso como son las figuras que forjan los hombres sobre ellos mismos y sus semejantes? La palabra miente, es verdad, pero sus mentiras no tienen el potencial explosivo de la imagen. La reticencia moral hacia el uso de la imagen como elemento movilizador de la opinión, con toda su carga susceptible de manipular las conciencias, no es patrimonio de ningún pueblo supuestamente elegido. El tabú arcaico de los judíos contra las imágenes sólo es la expresión, es cierto que en su caso muy agudizada y potente, de un realismo psicológico que desconfía de la exhibición de las certezas humanas sobre la vida y la muerte. Por los iconos se mata y se muere aunque dentro estén vacíos y no encierren verdad alguna. Además, un primer plano en su desnuda vergüenza puede ser la mayor ofensa cometida contra el retratado. En Israel o en China. Todavía no se me ha ido de la cabeza el cadáver en calzoncillos de un concejal del PP en Rentería asesinado por ETA en 1998 con una bomba adosada a un ciclomotor. La explosión le dejó tumbado en la acera y, al día siguiente, buena parte de la prensa española “inmortalizó” al concejal –un cadáver solitario y medio desnudo, tendido entre dos coches- en su última postura sobre la faz de la tierra.

Hoy, en pleno auge de la cultura visual, el lenguaje escrito, también entre los judíos, ha perdido casi todo su antiguo prestigio divino. Pero todavía existe el viejo recelo hacia el poder devastador y la arrogancia de los creadores de imágenes que pretenden implantar su monopolio informativo sobre la opinión pública. La imagen es una forma demasiado caliente, rápida y abrumadora como guía de orientación ciudadana en los numerosos meandros de la realidad. Sobre todo en una realidad tan violenta y conflictiva como la que aprisiona a los judíos israelíes y a los palestinos. En un mundo de gatillos fáciles ya son suficientemente agresivas las palabras como para necesitar de otros refuerzos. Sobre esto existía, hasta el asesinato de los Fogel, una unanimidad tácita en la política y la prensa israelíes. No se jugaba frívolamente con la vida de las personas. Menos aún con las circunstancias de su dolor y su muerte.

Les invito a leer este artículo de Ben Hartman en The Jerusalem Post que considero muy importante por los siguientes motivos:

1.- Porque nos enfrenta a la tragedia de los Fogel sin menoscabo de su dignidad humana. Incrustados en el artículo, los cuerpos de los Fogel están dentro de unas bolsas mientras, a su lado, aparecen las fotografías de los humillados cuando aún estaban vivos. Los lectores no necesitamos ninguna otra información gráfica sobre esta familia asesinada por unos terroristas.

2.- Porque nos revela el cinismo y la maldad de Yuli Edelstein, ministro israelí de la Diáspora, que con absoluta desenvoltura reconoce la traición del Gobierno de Netanyahu (“nunca antes habíamos realizado nada como esto”) a los valores sagrados de cualquier judío y de cualquier ser humano que se reconozca como tal: los seres vivos no debemos comerciar con los muertos, especialmente con aquellos a los que les han quitado la vida con violencia. Este ministro es un fiel representante del grupo de bárbaros que hoy lleva las riendas de una de las naciones más respetables y sufridas del mundo: “Nosotros también podemos emplear inusuales formas de diplomacia pública”, ha dicho el iluminado Edelstein.

3.- Porque el Gobierno israelí ha utilizado el crimen atroz perpetrado por un grupo de terroristas palestinos para legitimar, vendiendo a la opinión pública nativa e internacional el sufrimiento de los Fogel, la colonización israelí de unos territorios que no pertenecen a los judíos. El Gobierno de Netanyahu, al utilizar a los Fogel como moneda de cambio, justifica algo ilegal (la apropiación de territorio palestino) “empaquetándolo” en la lista de objetivos legítimos para los judíos israelíes, como su seguridad y el control militar sobre las zonas limítrofes a su Estado. La ocupación o el control de un territorio extraño (como consecuencia de la victoria sobre una agresión exterior) es un concepto muy distinto de su colonización.

4.- Porque, sabedor el Ejecutivo de Netanyahu de que la prensa israelí no iba a colaborar en su empeño de difundir las imágenes de los degollados (como afortunadamente así ha ocurrido), ha utilizado Internet y las redes sociales como vehículos de su basura propagandística. ¿Es ese el sionismo del tercer milenio?

5.- Porque la afrenta de Netanyahu a la dignidad del judaísmo y del sionismo fundacional ha sido completa. Los sionistas (los judíos nuevos y fuertes en relación con los judíos débiles de los ghettos europeos, exterminados por los totalitarismos del continente ante la indiferencia general de sus vecinos gentiles) descalificaban –hasta ayer- a los israelíes víctimas de atentados terroristas que se exponían ante los focos de luz y las cámaras de televisión con el despreciable epíteto de “babosos”.

6.- Porque las humillantes imágenes de los Fogel degollados que circulan por la Red sólo pueden engendrar más odio y deseos de venganza de los israelíes contra la población palestina en general, sin discriminaciones y pagando justos por pecadores.

Yo creo que Netanyahu no entiende del todo la herencia que ha recibido. No me refiero a las enseñanzas de su padre, Benzion, un intelectual carnívoro que cree que la magister vitae que es la Historia es una mula de la que aprendes gracias a sus coces. Probablemente por eso Bibi desconfía de la sombra de su nariz. Bibi es un tipo muy bruto que desprecia a los judíos vegetarianos, como el pensador insigne y profético que fue Ajad Haam. Mucho antes de la fundación de Israel, Haam situó bien el dilema de la presencia judía en Palestina. El Estado futuro, que no ha aprovechado del todo sus ideas, debería optar –según Asher Guinsberg, alias Ajaad Haam- por ser un “Estado Judío” (Jüdischer Staat), una fuerza material pero también espiritual que no rompiera con la tradición heroica del exilio, o un “Estado de Judíos” (Judenstaat), que es algo completamente distinto. Hoy –lamento decirlo- los judíos del año 2011 se debaten entre el recuerdo amputado y glorioso de sus abuelos y su vinculación emotiva a una entidad nacionalista obsesionada por su seguridad y su poder militar al margen de la dimensión ética y cultural del pasado judío. Bibi Netanyahu, más que judío, parece el jefe de una cuadrilla de cosacos rutenos.

Por fortuna (y también por necesidad) el espíritu del judaísmo prevalecerá sobre los impíos que se han apoderado de los destinos de Israel. El instinto de supervivencia de los judíos, más pronto que tarde, desechará a los que ofrecen la salvación del pueblo prostituyendo el kadish yatom de los huérfanos. Netanyahu es un aventurero, un zelote que no respeta a sus muertos. Pese a su buena situación económica, no creo que la mayoría de los israelíes siga quemando el libro de su pasado con la cerilla de un pirómano que sólo ve la vida como un bar de carretera en el que todos los clientes se parecen a él.

9 Comments
  1. Mara9 says

    Estoy a favor del fondo filosófico y humanista del artículo. Pero a niveles más inmediatos discrepo un poco. ¿Es viable mantener ese tipo de pudor cuando se está inmerso en una cultura visual despiadada que legitima sentimentalmente muchas violencias? ¿No es sintomático que el sufrimiento de Israel resulte siempre menos evidente, menos visualizable que otros? ¿Deja de ser abyecta la realidad porque no la mostremos? ¿Dónde acaba el respeto y dónde empieza la censura?
    Yo tampoco habría publicado las fotos de la familia Fogel. Pero tendría muchas dudas de si estoy haciendo lo mejor o sólo lo correcto.

  2. Eleazar says

    Perfecta crítica del gobierno idólatra de Netanyahu don Félix. Confíemos en que el corazón de Israel vuelva una vez más a reconocer la sabia voz de los profetas, que permeo tan profundamente el mensaje moral de Ajaad Haam y su sionismo espiritual.
    Shabat Shalom!

  3. Aguila says

    Estoy de acuerdo con usted Don Felix, se lesiona la dignidad de las victimas al ensenar los cadáveres bajo esas cicunstancias. Mucho menos utilizarlos como arma de propaganda. Desgraciadamente el odio que se destila en el Medio Oriente deshumaniza a ambos pueblos.

  4. Félix Bornstein says

    A Mara9: Gracias. El respeto y la censura (la autocensura) son, a mi juicio, los fundamentos de toda moral «no retributiva». No podemos impedir lo que nos hacen los demás, pero somos dueños de nuestras respuestas. Entiendo sus dudas (son las mías), pero no debemos dar rienda suelta a lo que nos pide el cuerpo, aunque Israel sea injustamente tratado como un paria y un apestado. Los judíos (durante siglos antes del Estado) han sido unos leprosos, pero el judaísmo es un «no» rotundo a la delectación y a la contemplación de la muerte, incluida la de sus enemigos. La muerte es una realidad, pero, sí, es abyecto mostrarla. Piense en los 613 mitzvot (u obligaciones morales), de los que mucha gente se ríe por ser un código arcaico y abrumador. Pero el ser humano es una bestia si no se limita (se autocensura y se respeta a sí mismo y a los demás, aunque sean sus enemigos). Esas fotos no deberían haberse publicado nunca. Los mitzvot 290 y 291 (el primero un mandato negativo y el segundo su reverso positivo) piden piedad incluso hacia el cuerpo de los peores criminales, algo que Netanyahu ni siquiera ha respetado con los suyos, a los que tanto quiere y protege, no digamos a los palestinos). Las dos obligaciones proceden de Deuteronomio 21.23: 1.- «Que el cadáver de un criminal no permanezca colgado del árbol toda la noche»; 2.- «Sepulta al ejecutado el mismo día de su ejecución».

  5. Félix Bornstein says

    A Águila y a Eleazar: Muchas gracias a los dos. Es una desgracia tanta exibición de la venganza y la muerte.

  6. J Mos says

    La imagen es poderosa en la tradición grecolatina y en la cristiana, aunque de forma diferente. El dios de los judios era invisible, el de los cristianos se hizo carne. Pero el desarrollo de la cultura de la imagen tiene sus defectos como el fanatismo casi fetichista al que también renunció Mahoma, y el que al final es dificil no hay limite en lo que se quiere plasmar con ella. Hoy en día, el afan de informar con peros y señales y aquello de mostrar toda la verdad cae a veces en lo inhumano. Recuerdo informaciones visuales que grababan en directo la muerte de alguien, ejecuciones , linchamientos o accidentes y el camara lejos de intervenir, cumplía con «su trabajo», informar por medio de su camara. Y quizas podría haber hecho algo, no como profesional, sino como ser humano. No creo que se deba renunciar a la cultura de la imagen, pero tampoco esclavizarse a ella, y creo que la dignidad humana debe estar por encima de la información. Si el ser humano es el fín y la información el medio, debe prevalecer la dignidad del fín sobre el medio y el fin debe merecer un respeto y a ún más en la hora de su muerte por que despues de eso no se podrá defender. Debería legislarle ese asunto igual que otros muchos semejantes por el bien de la dignidad humana, aunque los que se escandalicen por todo atisbo de censura y prohibición se rasgen las vestiduras. No olvidemos que luego se trapichea con los muertos bien sea por razones ideológicas, o económicas. Hara falta una legislación lo más interncional posible para ello,au8nque mientras llega siempre algún ser allegado la puede romper la camara y la cara a un paparazzi macabro.
    Eso en cuanto a las fotos, respecto a los muertos, esta vez es una familia y de una forma horrible que recuerda a la novela de «A sangre fría» de Capote. Pero es sangre sobre una tierra que rezuma sangre sin llegar a un final del tunel, y en un mundo que pasa por horas inciertas. En fín por los muertos siempre un silencio y si se cree en ello, una oración.

  7. Mara9 says

    Definitivamente me ha convencido usted, Bornstein. Releyéndole me he acordado de Aquiles enfurecido arrastrando el cuerpo sin vida de Héctor. Y de la inconmensurable dignidad herida de Príamo.

  8. pao says

    Querido pueblo de Dios:cómo hablarle a un pueblo tan Bendito y tan «sufrido»cómo decir calma frente a situaciones que nos dejan solo cúmulos de interrogantes cómo abrazar a aquellos que quedaron cómo decir lo siento.He quedado ensimismada con esa tristeza que no trae lágrimas sino dolor.Sólo sé que ningún judío se perderá JEHOVÁ DE LOS EJERCITOS los ha amado los ha guardado y los rescatará

  9. pao says

    Querido pueblo Judío,Hebreo,Israelita de toda nación,pueblo,tribu,lengua:He quedado ensimismada con una tristeza que no tiene lágrimas sino dolor, cómo decir lo siento,cómo abrazar a aquellos familiares que quedaron,cómo hablarle a un pueblo que ha sido perseguido,mutilado,masacrado atormentado…y sigue en pie… esparcido obligado y torturado.Quiero saludar a este Pueblo Digno y decir que no para siempre has de vivir llorando a vuestros muertos que hay una Esperanza un Nuevo Amanecer en vuestras vidas.No desmayes.JEHOVA DE LOS EJERCITOS no olvida su palabra es Fiel yVerdadera

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