El euro se salva, sus países también

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El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso (izda.) y el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy (d), ayer, en la rueda de prensa final de la cumbre de los líderes de la UE, en Bruselas. / Olivier Hoslet (Efe)

El espectáculo se repitió ayer y el jueves por tercera vez en Bruselas, como en las previas grandes cumbres europeas de otoño y de primavera. El Consejo de jefes de Estado y de Gobierno que complementa el celebrado hace 15 días ha dado otro gran paso para salvar al euro y la Unión Económica y Monetaria de los embates de los mercados. Pero ha dejado para otro examen próximo (ahora en junio) varios elementos esenciales del Pacto por el Euro que sustituirá al de Estabilidad. En consecuencia, aunque los agoreros vuelven a equivocarse en sus pronósticos de quiebra de algún país y ruptura del euro o de la UEM, el ajuste se acentuará en los países más susceptibles de especulación, entre ellos Portugal y España. Claro que las soluciones incompletas dejan abierta la puerta al arbitraje de los mercados y a la actuación de los grandes lobbys, que entrarán al ruedo tras los rejoneos y banderillas puestas por aquéllos, quienes volverán a la plaza al menor descuido.

De momento, pese al indudable avance de los acuerdos de esta semana y los grandes esfuerzos realizados en los dos últimos años, queda la imagen de que los líderes europeos aprueban un plan incompleto para tratar de frenar la crisis de deuda, aun cuando presidentes como Nicolás Sarcozy hablaron de paso “gigantesco”. Pero como siempre en la construcción de la UE los pasos han sido mas transcendentes.  "Hemos reforzado nuestra unión monetaria con una unión económica; la UEM finalmente reposará sobre sus dos patas", fue la valoración final del presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso. "Tenemos nuevas reglas, nuevos instrumentos y políticas más ambiciosas", dijo tras la cumbre Van Rompuy. "No ha sido siempre fácil, no se ha hecho sin dramas, pero la voluntad política ha sido inquebrantable y los resultados están ahí", ha insistido.

Lo que queda para junio es el refuerzo del actual mecanismo de rescate, urgente para Portugal y España, la discusión para rebajar los tipos de interés (5,8%) que Irlanda paga por su rescate de 85.000 millones de euros y, sobre todo,  algunos detalles de la propuesta alemana y francesa de que modificaciones en el Tratado Europeo irán acompañadas de toda una reforma del gobierno económico que lleve a prevenir y tratar mejor futuras crisis. En cambio, hubo acuerdos para revisar el fondo permanente destinado a países con problemas de deuda, que empezará a funcionar en junio de 2013, del que se anticipa que satisface las exigencias de la canciller alemana, Ángela Merkel, y podría perjudicar a España e Italia. De ahí que los mercados terminaran la semana con tímidos avances, tras anticipar con subidas el “inminente” rescate luso; por considerar que frenará la crisis de deuda periférica, el Ibex ganó esta semana un 3,7% pese a ceder ayer 0,4 puntos de los seis previos de avances seguidos, que borran las caídas de marzo.

Esa confianza, incluso los mejores analistas no saben si juzgarla como la calma que precede las tempestades o el resultado de un “exceso de incentivos”. En términos menos asépticos o más realistas, está claro que las ultimas semanas generaron exceso de carroña para los buitres. A la carestía de petróleos y alimentos que mantienen desviada la especulación hacia las materias primas se sumaron las revueltas árabes, que empujan al alza los hidrocarburos. Después, las expectativas de que Japón necesitará en el futuro una riada de capitales para la reconstrucción, que empujaron al alza el yen y requirieron la ayuda de los demás países ricos del G-7 para la venta masiva de yenes. Y al final la confirmación de la crisis de Portugal.

Sólo este ultimo imperativo coyuntural exigía que la ayuda financiera de la UE no se retrase bajo ningún concepto, a fin de evitar el contagio a otras economías de la zona euro, y en particular a España, financiador de casi un tercio de la deuda portuguesa. Sin embargo, más allá de esas urgencias, incompatibles con la lentitud burocrática del aparato y de los procesos de consenso europeos, lo que se ventilaban en Bruselas eran dos cuestiones: si Europa pondrá en marcha un mecanismo estable de rescate para evitar suspensiones de pagos de un país que contaminen a los bancos de los demás, y si impulsará políticas de reformas estructurales y controles de las mismas (la gobernanza europea) para mejorar la competitividad y evitar así futuros riesgos. La respuesta, pese a as muchas inconcreciones y asignaturas pendientes, ha sido positiva.

Hoy podemos asegurar que la UEM que respalda al euro va a poner en marcha el primer sistema plurinacional de superación y evitación de la crisis de la deuda de los países desarrollados, a cuyo inicio asistimos en los dos últimos años, como derivada de la crisis financiera que empezó el año 2007 y de la crisis bancaria y económica extendida desde mediados del 2008. Crisis de deuda que, si esos países desarrollados no lo remedian con mas ajustes y reformas, lleva camino de acentuarse en los próximos años por las tendencias actuales de los estados y los mercados, el envejecimiento de la población, y la competencia de los países emergentes tanto en las mercancías como en los capitales y los mercados de trabajo y tecnología. Caldo de cultivo todo ello para los descritos procesos de acentuación de los ajustes y sobreactuación de los lobbys y agoreros-banderilleros de toda laya.

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