El blues del autobús

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Dos manifestantes, con caretas de Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy, durante la marcha convocada por la Confederación Europea de sindicatos (CES) que se celebró el sábado, día 9, en Budapest (Hungría). / /Balazs Mohai (Efe)

El olor del dinero, insolidario y rancio, llega esta vez desde el corazón de Europa. El pasado miércoles, el ‘no’ de los eurodiputados españoles a la propuesta de un colega de la izquierda portuguesa para que los eurovuelos sean en clase turista y no en preferente (ya estamos otra vez a vueltas con el maldito asunto de las clases) prendía como caldero de queimada en las redes sociales y hacía sonrojar a la clase política patria, que tuvo que rectificar solo unas horas después, aunque a efectos prácticos la rectificación no sirva para nada. El no de los niños -y no tan niños- que nos representan en Europa se repetía unos minutos después, cuando se votaba la congelación de sus salarios y dietas. Esto es, en el caso de nuestros cincuenta europarlamentarios, unos 6.000 euros netos al mes, a los que hay que añadir otros 2.000 en concepto de dietas. Además, claro está, del ya mencionado ‘gratis total’ en preferente (unos 1.500 euros por un billete de ida y vuelta entre Madrid y Bruselas viajando con Iberia). Los socialistas españoles votaron contra los recortes en los vuelos y se abstuvieron respecto a los salarios. Los populares lo rechazaron todo. De hecho, tan solo cuatro eurodiputados catalanes (CiU, ERC, ICV y la popular Rosa Estarás) apoyaron la propuesta de viajar en turista.

Y esta chusca situación coincidía con una nueva reunión entre patronal y sindicatos para seguir certificando su voluntad de alcanzar un acuerdo respecto a la reforma de la negociación colectiva, un asunto que, este sí, afecta a millones de trabajadores españoles. Para dar un empujoncito a las farragosas negociaciones, el pasado viernes eran los secretarios generales de CCOO y UGT, Toxo y Méndez, quienes mantenían un encuentro con el presidente de la patronal, Joan Rosell. Los representantes de los sindicatos en la negociación consideran que el acuerdo sigue igual de lejos –o de cerca- que antes de esa reunión y que no se cerrará esta semana. Los avances que se han producido hasta la fecha son más por omisión que por acción. Esto es, que la patronal da por hecho que los sindicatos aceptarán negociar un plan para combatir el absentismo laboral y que los sindicatos no dudan de que los empresarios están dispuestos a mantener que siga siendo la inflación la que determine los incrementos salariales y las cláusulas de revisión las que sigan corrigiendo la pérdida de poder adquisitivo que puede provocar el comportamiento de los precios. La fórmula Merkel para la negociación colectiva –que asumieron inmediatamente las autoridades comunitarias- está fuera de la agenda española. O, por lo menos, eso creen los sindicatos, que han entregado papeles a sus interlocutores… Y parece -que no se entere nadie-, que la patronal, de momento, no ha dicho nada.

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Las diferencias entre patronal y sindicatos se siguen centrando en la ultractividad de los convenios: ¿qué pasa cuando un convenio finaliza y los representantes de la empresa y los trabajadores no se ponen de acuerdo para firmar el siguiente? ¿Durante cuánto tiempo se deben prorrogar las condiciones del convenio vencido? ¿Cómo se soluciona el conflicto si la falta de acuerdo se prolonga en el tiempo? ¿Mediación? ¿Arbitraje? ¿Vinculante?

Uno de los dirigentes sindicales que participa activamente en la negociación conseguía relacionar el rechazo de los eurodiputados a la congelación de sus salarios con la reforma de la negociación colectiva en España. “¿Si aplicáramos el concepto de productividad a la evolución de los salarios de nuestros eurodiputados cómo mediríamos su rendimiento: por las propuestas que registran o el número de veces que intervienen en las comisiones, en los plenos?, ¿por el número concreto de problemas que resuelven?, ¿por las veces que votan?, ¿por las horas que dedican a atender presencialmente a los ciudadanos? ¿Cómo lo podríamos hacer?”.

La semana concluía el sábado en Budapest con la concentración de las 45.000 personas que respondieron al llamamiento de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) para protestar  contra las políticas de austeridad y recortes sociales que está imponiendo  la UE a los países que ‘rescata’. Fuentes de absoluta solvencia -como se decía antes- han confirmado que la mayoría de los que participaron en la manifestación (convocados por 45 sindicatos de 22 países) no se desplazaron hasta allí en vuelos de Iberia y, desde luego, no lo hicieron en clase preferente. Estas fuentes fueron todavía más allá y su voz no tembló al asegurar que muchos viajaron en tren y, algunos, incluso en autobús… ¡Qué antiguos!

¡Ah! Y para ser justos y contribuir en la medida de nuestras modestas posibilidades a urdir el clima de paz social que nos permitirá superar esta maldita crisis, hay que reconocer que a los mercados les tiene completamente sin cuidado en qué parte del avión viajan los eurodiputados… Y a nuestro querido supervicepresidente y responsable de los asuntos de la competencia, Joaquín Almunia, también. Tampoco se le ha escuchado nada esta vez al gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, tan picajoso cuando de lo que se habla es de otro tipo de salarios.

1 Comment
  1. inteligibilidad says

    Una vergüenza…

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