Cuando alguien remueve las cloacas del sistema financiero, aparece un lío de sexo

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Dominique Strauss-Kahn, ayer, durante su comparecencia ante la Corte Criminal de Manhattan. / Andrew Gombert (Efe)

Resignémonos. Sólo los degenerados y obsesos sexuales tienen intención de intentar remover un poco las cloacas del stablishment financiero internacional. Esa es la conclusión que cabe obtener al ver casos como el de Dominique Strauss-Kahn o, hace no demasiado, el fiscal neoyorquino Eliot Spitzer.

Empecemos por el último, que su recuerdo todavía duele y mucho. Spitzer era una especie de juez Garzón pero sin desbarres megalómanos, ni intención de arreglar la paz mundial de un plumazo. Tenía los pies en el suelo y sabía lo que se hacía. A pesar de tener el mismo empuje del juez español, Spitzer tenía claro dónde y por qué atacar.

Entre 1998 y 2002 abrió causas a 10 firmas, de las que me causa placer escribir su nombre por las multas multimillonarias que debieron pagar: Bear Stearns (rip), Credit Suisse First Boston, Deutsche Bank, Goldman Sachs (parece increíble pero están más fuertes que nunca), JP Morgan Chase, Lehman Brothers (no podían faltar, rip), Merrill Lynch, Morgan Stanley, Salomon Smith Barney o UBS Warburg. No falta ni uno. También demandó al ex presidente de la Bolsa de Nueva York por su elevadísima remuneración.

Spitzer investigó desde el market timing de los fondos de inversión, mediante el que se difería la aplicación del cálculo de valoración de una cartera (por ejemplo, si hoy se hundía la Bolsa, permitían a un cliente determinado beneficiarse de un cálculo de reembolso del día anterior, que no recogía ese desplome. Las pérdidas evitadas por ese privilegiado se repartían entre los demás) o el insider trading es decir, el uso de información privilegiada.

Era el azote de las firmas sofisticadas de Wall Street. Sufrieron sus investigaciones directores de inversiones, ejecutivos de primera fila y demás altos cargos del Wall Street más selecto. Era un referente ético en medio de un enorme lago de tiburones financieros. Alguien en quien confiar, sin duda.

Por desgracia, tuvo que dimitir en 2008 porque le estalló un caso de contratación de prostitutas de lujo en cuya red estaba implicado, además. Un desastre en toda regla que sin duda provocó un suspiro de alivio entre los especuladores más agresivos de todo el mundo. Ni que decir tiene que la carrera de Spizter terminó ahí, después de episodios penosos desfilando por los tribunales reconociendo su culpa al lado de su mujer. Spitzer admitió todo, pidió perdón y afirmó que era imposible que siguiera ejerciendo función pública.

Se humilló y condenó en persona. Ahora es un tertuliano ilustre de la CNN... y gracias. Mostró una contrición que no hemos visto por España en nadie. Al contrario, es penoso ver desfilar a José Antonio Roca, el rey del pufo urbanístico marbellí, declarando altivo y sobrado. Pero Spitzer entregó la placa dándose golpes en el pecho.

Los periódicos expuestos en un quiosco de prensa de Burdeos muestran la noticia sobre el arresto del director del FMI, Dominique Strauss-Kahn. / Caroline Blumberg (Efe).

Ahora, asistimos atónitos al hundimiento de DSK, que si realmente es culpable de lo que le acusen no es que sea tonto, es que roza el retraso mental más supino. Era alternativa real a Sarkozy y director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). En su mandato se declaró partidario de las quitas de deuda sobre los países rescatados (¡tabú!) y pronunció frases como las recogidas en el diario El País: “se confirma el cinismo de la economía: privatización de beneficios, socialización de las pérdidas. Hay que reformar el sistema financiero internacional”. Casi nada.

Poquísima gente, por no decir nadie, emplea este lenguaje, que es un auténtico atentado contra el stablishment. Un stablishment que sigue como siempre, pese a la enorme crisis que ha causado. Ahora, DSK ha cometido un tremendo delito sexual presuntamente.

DSK había puesto la proa a los grandes bancos de negocio (muchos de ellos, perseguidos antaño por Spitzer), que debieron ser rescatados con dinero de todos y ahora inflan los precios de las materias primas, falsean las cuentas públicas de los países o ganan bonus astronómicos. Le hemos visto innecesariamente castigado, esposado y al alcance de las cámaras. ¿Le ocurre eso a los violadores corrientes? ¿Se ejemplifica con ellos?

Es cierto que en su día critiqué al FMI con dureza por sus informes agoreros sobre el crudo, que hacían el caldo gordo a los especuladores. Pero si DSK salió de la ducha desnudo y se abalanzó sobre una camarera sin más, sólo porque es un obseso sexual, dejémoslo todo y directamente enviemos nuestros ahorros por transferencia directa a Goldman Sachs, JP Morgan o los beneficiarios del fraude a la Junta de Andalucía, porque este mundo no tiene arreglo.

Es preciso un movimiento civil concreto para acabar con esto, porque personajes ilustres con voluntad quijotesca no lo lograrán. Está muy bien echarse a la calle pidiendo más democracia, pero lo que hay que hacer es reivindicar un panel de propuestas concretas. Y la reforma de la banca de negocios y los mercados de futuros es una básica.

7 Comments
  1. celine says

    Su articulo es muy revelador, Manel. Pero manda carallo que un experto en finanzas y estudios de mercado, o whatever, Spitzer, reconozca estar implicado en un asunto de prostitutas de lujo. ¿No tenía formas menos vergonzantes de «hacer dinero»? Sexo y poder van juntos. Lo explicó bien Kubrick en Eyes Wide Shut, ¿verdad?

  2. paulus says

    En estos tiempos, como en todos, hay que procurar no atizar las teorías conspirativas.

    Hay mucha gente que remueve las cloacas del sistema financiero y a la que no le aparecen líos de sexo. Otra cosa es que sean tan influyentes.

    En todo caso, considerar a Strauss-Kahn un adversario del «establishment»
    es un grave error. DSK es el «policía bueno» del sistema financiero internacional. Antes del de este domingo, el verdadero escándalo es que fuera a ser el candidato de la «izquierda».

  3. Javi says

    Siempre se guarda el muerto en el armario para sacarlo cuando hace falta. Jamás pondrán a nadie completamente intachable en un puesto así. Sólo tienen que ver la situación por la que está pasando Garzón – y eso que no ha hecho nada éticamente reprobable –

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