El sector más duro de CEOE dinamita el acuerdo de negociación colectiva

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Arturo Fernández y Esperanza Aguirre durante un acto convocado por CEIM para presentar sus propuestas para salir de la crisis. / ceim.es

El sector más duro y más a la derecha de la patronal española, encabezado por Arturo Fernández -vicepresidente primero de CEOE, presidente de la patronal madrileña (CEIM) y auténtico hooligan de las políticas económicas de la presidenta Esperanza Aguirre- dinamitó ayer el proceso de diálogo social sobre la reforma de la negociación colectiva con la presentación de un documento inasumible por los sindicatos que retrotrae el estado de las cosas, al menos, un par de años atrás, cuando su concuñado, Gerardo Díaz Ferrán, manejaba los hilos de la patronal. Su quizás efímero sucesor, Juan Rosell, que así es como se llama ahora, no solo no consiguió ayer el visto bueno de la cúpula directiva de CEOE para la firma de un acuerdo basado en las propuestas que llevaba en su maletín tras la reunión de cuatro horas que mantuvo el martes con Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez (con los que se hizo hasta una foto), sino que,  bien al contrario, contempló, en directo, como su número dos hacía estallar el acuerdo en su propia jeta.

La reunión de la Junta Directiva de ayer se pareció mucho a la que se celebró el pasado 18 de mayo. También entonces fueron varias las voces que exigieron a Rosell objetivos más ambiciosos para el acuerdo con los sindicatos. Y ayer, de nuevo, Rosell se topó con una estructura que no controla y con un equilibrio de fuerzas que le condena o a la parodia o a la dimisión. Los temores que expresaron los sindicatos el mismo martes -tras reunirse con Rosell- sobre la posición de la dirección de la CEOE y la posible desautorización de su presidente se confirmaron de CE a OE.

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El documento presentado por CEIM a la Junta Directiva es una auténtica declaración de guerra contra Rosell y contra cualquier intento de firmar un acuerdo con los sindicatos sobre la reforma de la negociación colectiva. El capítulo de las conclusiones es de una contundencia que sacaría del letargo a un oso en pleno mes de diciembre. “A la vista de estos planteamientos y de la auténtica necesidad que tienen las empresas de adaptarse a la realidad en cada momento y de poder gestionar su propio marco de negociación colectiva sin afectar a terceros, entendemos que la reforma de la negociación colectiva que se vislumbra como posible, incluso con concesiones que pueden ir más lejos en materia de ultractividad por parte de los sindicatos, no alcanza en modo alguno los niveles mínimos de exigencia de libertad de marco de establecimiento de negociación colectiva y de adaptabilidad al nivel de empresa que exige nuestra situación económica… De otro lado, a nuestro juicio, convendría aprovechar el presente momento para concretar, en el ámbito empresarial, una posición de mínimos en materia de reforma de estructura de negociación colectiva y de flexibilidad que puedan servir de referencia para futuros cambios legislativos, que sin ninguna duda, deberán venir en nuestro país… Alcanzar un acuerdo en estos momentos que no satisfaga las exigencias de libertad y adaptabilidad que demanda el mercado no solamente va  a defraudar a nuestras empresas, sino a limitar la capacidad legislativa de quien, a futuro, deba afrontar las riendas de las necesarias reformas que han de llevarse a cabo en España en los próximos tiempos”.

O sea, para qué firmar un acuerdo con el inquilino amortizado de La Moncloa –ese que se pasea por la alfombra roja de los interminables pasillos de su palacete montado en su triciclo y persiguiendo a dos gemelas rubias que dan mucho miedo y que, al menos una de ellas, está llamada a cuidar de la casa del pueblo durante el largo invierno que se avecina- si el futuro, desde el pasado 22 de mayo, ya está aquí, se llama Mariano y se apellida Rajoy.

Nubarrones de volcán islandés se ciernen sobre el diálogo social, que lleva dos años naufragando en plena crisis, seguramente, cuando más se le necesitaba. Y es en este momento cuando toca decir que, seguramente, en el ámbito de las responsabilidades nadie se salva de la quema, pero cierto es también que el lamentable paso de Gerardo Díaz Ferrán por la dirección de la patronal española sigue lastrando, a día de hoy, el proceso de negociación social. ¿Es posible echar de menos a don José María Cuevas? Que se lo pregunten a los sindicatos. Basta con recordar que CCOO y UGT estuvieron negociando durante meses con una persona acorralada por sus acreedores, denunciada por sus trabajadores, perseguida por los jueces, cuestionada por las entidades financieras, embargada, expulsada, desacreditada, desautorizada y, eso sí, exonerada por la misma prensa sectaria que crucificó al secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, por irse unos días de crucero low cost con su señora. Se antoja que fue difícil negociar con alguien con semejante currículum, alguien que tuvo que abandonar la presidencia de la patronal perseguido por sus propios manejos, pero que dejó bien colocados a sus incondicionales, que ahí siguen, ejerciendo de oposición, como si el diálogo social fuera una especie de sesión de control al Gobierno que hay que escenificar, cada semana, en la Junta Directiva de la CEOE a pesar de los efectos perversos que una actitud así de irresponsable puede tener en los malditos mercados.

Ayer decíamos en este mismo blog que el Partido Popular considera que los resultados de las elecciones municipales y autonómicas inhabilitan a José Luis Rodríguez Zapatero para mantenerse en el Gobierno un año más, que los populares piensan que la única forma de salir de la crisis es la convocatoria de elecciones anticipadas y que las reformas, mientras ZP siga al frente del Gobierno, no sirven para nada, fundamentalmente, porque el problema de España no son las reformas, sino ZP. Así que si esas reformas no sirven, ¿para qué salir en la foto con los sindicatos y el presiausente del Gobierno?

Mucho se habla en la caverna sobre las insanas relaciones que mantienen los sindicatos con los gobiernos de las ¿izquierdas? Del batiburrillo fangoso y manoseao –como diría el tango- con el que se aprietan y se mamporrean algunos sectores de CEOE con los de la gaviota se escribe bastante menos. De hecho, Cambalache, de eso no se escribe casi nada.

Posdata: Hoy está convocada una nueva reunión entre Rosell, Méndez y Toxo, pero esta vez me da que no se van a hacer la foto.

5 Comments
  1. Luis M. González says

    Excelente prosa y mejor diagnóstico, propio de un acraeditado neurocirujano de la pluma (con perdón). Resulta sorprendente, pero buena parte del empresariado español podría llegar a pensar que Rosell es un «rojo peligroso». Tiempos de ceniza y dandismo de Medinacelli.

  2. antordonez says

    Se repite la historia, seguro que antes de la reunión, Gerardo tuvo una comida con el PP, con su amiga Esperanza o sin ella, aunque esta vez la maldita propuesta, que dejaba en papel mojado todo lo acordado hasta ese momento, parece que no iba escrita en una servilleta, como la vez anterior. Para los que no lo recuerdan, deciros que en plena negociación de la reforma laboral en la etapa de Gerardo Díaz Ferrán y cuando casi estaba cerrado el acuerdo, aplazaron (los de la CEOE) la reunión con los sindicatos, para tener un encuentro (una comida, como luego se filtro) con la dirección del PP, los efectos fueron fulminantes, al llegar a la reunión con los sindicatos, le habían dado la vuelta a la tortilla y por tanto, no hubo acuerdo. Y es que la CEOE es PEPERA de narices y parece que Rossel, que se le suponen buenas intenciones, tendrá que cabalgar con esa montura. Habrá que estar atentos al movimiento del Gobierno, auténtico destinatario de semejante fechoría.

  3. jagpulgar says

    Algunas de mis compañeras de trabajo, nos traen a sus hijos a la empresa para conocerlos y yo las digo, «que esclavit@ mas guapo tienes» se rien, pero visto lo que viene, no voy muy descaminado.

    Saludos.

  4. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Sabemos muy bien en qué manos estamos. La esperanza que nos queda es entonar un mea culpa en cuanto nos acontezca. ¡Así lo hemos querido, al votarlo así, quienes lo votaron así, claro está!
    Arturo…, perdón, he querido decir que auguro un camino pedregoso hasta que acabe la legislatura. Meses, más o menos, de palos en las ruedas. Le pediría al señor Rodríguez Zapatero que no nos haga tortuoso lo inevitable.
    Sabemos muy bien en qué manos estamos y, a lo que no tiene remedio, lo mejor es entregarse sin miedo, como a la muerte.
    Supo pronto y bien el señor Rajoy en manos de quien caía al tener de cerca a la sin esperanzada codicia.
    Toda bestia parda ha de ser atendida en su justa medida. Echémosle cuanto pida, porque, de lo contrario, será capaz de o peor. ¡Qué bien lo captó en su momento otro colega y correligionerio suyo llamado Gallardón! ¿Lo recuerda alguien?

  5. UGE66 says

    Una pregunta ingenua. Si hay un Sr. Arturo Fernandez que parece tan chulo como para dinamitar una negociación de todos los trabajadores españoles ¿no se puede convocar una huelga general en todas sus empresas y pagar los sueldos, de los empleados que la hagan, entre todos los demás españoles ? ¿ No creéis que esto le bajaría un poco los humos ? Insisto es una pregunta que busca respuesta.

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