España debería ser capaz de aprovecharse de que EEUU se resquebraja

Zapatero y Rajoy se saludan a la llegada de éste a La Moncloa en mayo del año pasado. / la-moncloa.gob.es

España sigue sufriendo por todos lados, aunque dentro del entorno internacional es una invitada más en la fiesta. De hecho, Italia, que hasta hace poco más de un mes se presuponía que era una de las naciones a salvo de esta debacle global, tiene ahora más prima de riesgo que nosotros. Y EEUU ha sufrido el castigo de las agencias de rating, cosa más que evidente diga lo que diga Warren Buffet, ya que ha evitado una suspensión de pagos por unas horas. Su economía está hecha unos zorros, tanto o más que aquí.

En nuestro país, resulta lamentable que ahora los políticos que no son del PSOE pidan un adelanto sobre el adelanto electoral, cuando lo ideal sería aprovechar estos meses restantes hasta las elecciones para firmar un breve pero firme pacto de estado y tomar las medidas que fueran necesarias para provocar un electroshock a nuestra economía. Tienen que empujar todos en la misma dirección. ¿Es posible que Rajoy esté pensando en algo así?

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Pero hay que intentar capitalizar el hecho de que la gran economía del mundo esté haciendo aguas para dar una señal a los mercados de que somos un país moderno, preparado y dinámico. Tenemos una gran diferencia sobre el país que preside Obama: mientras sus grandes colosos han caído como dinosaurios (desde Lehman Brothers a General Motors, pasando por sus grandes industrias pesadas), nosotros sí tenemos empresas que son líderes mundiales.

Ojo, EEUU se está haciendo un inesperado hueco tecnológico (Apple, Google...), segmento en el que nadie debe quedarse rezagado. Pero si nuestras empresas han sabido competir en el complicado entorno, lo que les ha permitido incluso adentrarse en el mercado estadounidense, llega el momento crucial para nuestros políticos.

Porque la administración Obama no sabe ni por dónde tirar y en la mayor economía del mundo reina el desgobierno, al igual que todos los países en crisis; todo hay que decirlo. Quién sabe si EE UU está cayendo para no levantarse ya nunca más como primera potencia. Nadie sabe qué saldrá de esta crisis. Si en España supiéramos lanzar el mensaje adecuado, debería tener un efecto muy favorable en los mercados y, por tanto, estrechar nuestro diferencial de deuda.

Sería bueno, por ejemplo, que ahora se alcanzara un acuerdo sin cálculos electorales entre las formaciones, que fuera firmado pensando sólo en el bien común y en el futuro de la ciudadanía. Claro que esto es algo casi imposible, porque sería inevitable que se pusieran sobre la mesa un montón de cuestiones autonómicas.

Sin duda, habría que plantearse si es sostenible para un país que las regiones tengan sus propios parlamentos, sus propias sanidades, sus propias policías... eso sin hablar de que, mientras España-estado privatizó todo su entramado industrial, las España-autonomía se dedicó a crear sus propias sepis (Sociedad Española de Participaciones Industriales), con euskalteles, petrocats y demás compañías de dudosa rentabilidad que son, antes que nada, un deseable destino de políticos.

Está claro que los dirigentes autonómicos nacionalistas esgrimirán que si fueran independientes no habrían sufrido la crisis porque no tendrían que haber pagado para el resto de España, pero esto es falso.

En primer lugar, (y esto es una pura opinión), porque una autonomía convertida en país se convertiría, de manera irremisible, en un nido de corrupción enorme. Imaginen el Madrid del gurtel, la Cataluña del tres per cent y el Palau, la Andalucía de los eres... como nación. Si hasta IU ha preferido aire fresco en la Junta de Extremadura antes que un nuevo gobierno de izquierdas que llevaba más de 30 años en el machito.

Necesitamos más que nunca políticos con altura de miras. España tiene un panorama similar al del 96 en algunos sentidos: el mismo paro, la misma prima de riesgo, la misma endeblez del consumo, los mismos salarios... Pero no tenemos Banco de España que pueda bajar los tipos de interés, ni que pueda devaluar la peseta. Tampoco nos quedan apenas empresas públicas que privatizar, aunque ahí están Loterías y Aena, que serán un pequeño bocado.

Además, la deuda privada es descomunal y ojo, que se está hablando poco de la mora sanitaria, aunque algunas farmacias ya han anunciado paros porque no pueden aguantar más.

En este sentido, una de las soluciones que parece inevitable es una gran quita de deuda porque no se van a pagar los saldos pendientes. Pero si, por ejemplo, las farmacias hacen un esfuerzo y perdonan lo que se les debe, será obligatorio que a su vez aparezca un plan de viabilidad que garantizara los pagos futuros.

Esto es extrapolable a la deuda pública, por ejemplo. Hay países que, hagan lo que hagan, no podrán pagar, pero si se les perdona parte de lo debido, deberán tener gobiernos de control que garanticen que, una vez puesto el contador a cero, no se dedicarán a seguir haciendo lo mismo.

España no es la peor del concierto internacional, desde luego. Pero lo tiene muy complicado. Mientras EE UU se resquebraja, en nuestro país los políticos deberían hacer piña durante una temporada para sacar al país adelante y dejarse de historias particulares. Un adelanto sobre el adelanto electoral sonaría a rechifla a los inversores internacionales.

Con el caos que hay al otro lado del Atlántico, tal vez nos miren menos o se diluya el pánico que hay sobre nuestro país. Debemos aprovechar que ya no somos sólo nosotros los malos de la película para avanzar. Pero tienen que empujar todos. Debemos dar soluciones, porque esperar que sea el Banco Central Europeo (BCE) el que nos saque de esto es pan para hoy y mucho hambre para mañana.