El virginiano

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Rodríguez Zapatero durante su última intervención ante el pleno del Congreso. / Emilio Naranjo (Efe)

Del árbol caído no todos hacemos leña. Y no la cortamos ni nos calentamos con ella al lado de la chimenea en parte por piedad, y en la parte que resta por falta de utilidad o, lo que resulta lo mismo, porque los que no queremos meter el hacha en el cuerpo de José Luis Rodríguez Zapatero tenemos también un sentido práctico de las cosas. Estos días estamos oyendo  unas críticas muy duras que reprochan al presidente del Gobierno –un hombre de izquierdas- el hecho de haber pactado con la derecha principal de nuestro país la prohibición constitucional de los desequilibrios presupuestarios excesivos salvo estado de necesidad. Son juicios sólo aparentemente acertados sobre una reforma de la Constitución que liquida por derribo –nos dicen los críticos- el concepto de Estado social que figura en su pórtico. No hay caso. La reforma no incluye la imposición de sanciones –que resultarían imposibles- contra los órganos de los tres niveles territoriales (el Gobierno que dirige la Administración General del Estado, las Comunidades Autónomas y los municipios) que infrinjan el nuevo mandato constitucional. Además, las autoridades españolas ya están obligadas por la normativa de la Unión Europea que limita el déficit al 3% del PIB y la deuda al 60% de esa magnitud (con poco éxito, como se ve). Por último, aunque la propuesta de limitación constitucional del déficit al 0,4% del PIB como máximo es a primera vista draconiana, en verdad se trata de un lazo suelto y elástico que no ata a futuros Gobiernos a la necesidad de obtener los tres quintos de las Cámaras (porcentaje que necesitarían para subir el techo del déficit), ya que ese 0,4% se incluirá, no en la Constitución, sino en una ley orgánica. Bastará mayoría absoluta –y no cualificada- para establecer el déficit que se quiera. La nueva rigidez constitucional  será, por tanto, muy relativa.

Visto lo visto, los rasgos fundamentales de la reforma pactada por el dúo dinámico Zapatero-Rubalcaba con el solista Rajoy son: 1.- su ineficacia por no ser vinculante en la práctica para los poderes del Estado; 2.- su redundancia; 3.- su desvergüenza. Resumiendo, la reforma constitucional es un placebo, que –en palabras de María Moliner- se define como un “preparado farmacéutico desprovisto de principios activos, que puede producir algún efecto curativo en el paciente que lo toma si éste está convencido de su eficacia”.  Lo que nos lleva a la identificación del interlocutor de los tres tenores mencionados que han protagonizado la reforma constitucional, la figura del paciente que debe estar convencido de la eficacia del placebo. ¿Son los mercados? ¡Ja! No, desde luego. Los mercados (sea quien sea el que se esconde detrás de la palabra comodín) son muy poco dúctiles al engaño. Además, no se puede transferir la condición de paciente a quien no lo es. Las que están enfermas son la política y la economía españolas, no los mercados. En todo caso los mercados no tienen tanta paciencia con la gestión de las oligarquías políticas. Todos podemos dar fe de ello por las patadas que hemos recibido en nuestras inocentes (más o menos) posaderas.

La respuesta a la pregunta de quién es el paciente de la reforma nos la da la llamada Economía Constitucional (EC), a la que ahora se abraza nuestro presidente con el fervor natural del prosélito. Pesimistas. Contrarios al principio de mayoría. Y, por encima de todo, enemigos cabales del sector público. Éstos son los genes más dominantes de los economistas fundadores (James M. Buchanan, Gordon Tullock y H. Geoffrey Brennan, principalmente) de la EC. Casi todos  profesores en la Universidad de Virginia, los creadores de la EC sostienen desde hace medio siglo la idea hobbesiana de que los individuos somos buscadores de rentas. Todos, arteramente o por la fuerza, desplazamos a los demás en la persecución de nuestro bienestar material y queremos que nuestro egoísmo rapaz triunfe frente al resto de individuos en esa disputa por los bienes más preciados. Según Buchanan et alii, en un sistema democrático los aspirantes a gobernarnos –los políticos- se comportan de la misma forma que lo hacemos los particulares. Los políticos desean apoderarse del sector público en su propio beneficio individual y con esa finalidad nos piden el voto en las elecciones. Para obtenerlo (o conservarlo en los siguientes comicios) gastan mucho más de lo que aconseja la imprescindible austeridad de las cuentas públicas, incurriendo en déficits y deudas prolongados que hacen descarrilar todo el tren de la economía privada. Los políticos lastran el crecimiento económico y la generación de empleo cuando, al obtener la mayoría suficiente aunque sea por la mínima, legislan a favor de sus partidarios y, en última instancia, a favor de ellos mismos. Frente a estos desmanes la EC predica la necesidad imperiosa del concepto de Constitución como limitación.

Al final de su carrera política, el presidente Rodríguez Zapatero, antaño defensor del republicanismo cívico y de la democracia participativa, desdeña incluso las mayorías parlamentarias de la democracia representativa convirtiéndose en el paladín de la Economía Constitucional al promover un proceso de reforma urgente de nuestra Constitución sin oír ninguna voz popular. En menos de dos tardes de verano, Rodríguez Zapatero ha aprendido las teorías de la EC –la práctica la conoce desde hace mucho tiempo- para hacer como que las sigue sin realmente seguirlas. Si su reforma constitucional fuera en serio – que no lo va- sería tanto como reconocer por su parte que él ha sido durante los últimos ocho años un buscador de rentas que ahora está arrepentido en nombre del interés general. Pero con todo el lío de las leyes orgánicas posteriores, la imposibilidad salvo para el Gobierno de turno de saber el saldo del déficit estructural que no se puede superar, las excepciones a la regla general, las revisiones posteriores, etc., no se puede decir de ninguna forma que los desequilibrios presupuestarios serán imposibles en el futuro con la Constitución en la mano. Dependerá de la responsabilidad o no del Gobierno de cada momento. Zapatero manipula la EC para ocultar que ha sido y sigue siendo un buscador de rentas. Es un izquierdista que hace buenos los supuestos empíricos de Buchanan. Zapatero queda ante su partido como un hombre de Estado que se inmola personalmente, hasta el fin de su mandato, en defensa del bien común de los ciudadanos. Rajoy le dice a su audiencia que él y los suyos no son unos manirrotos. Y Rubalcaba, que ha cometido el error de ser candidato a cuatro meses vista de las elecciones sin tener ningún poder ejecutivo en el Gobierno (cediendo un tiempo precioso a quien ya no tiene intereses comunes con él), se ha quedado como los niños de teta cuando les apartan del pecho de la madre nutricia.

Pero no podemos, como he dicho, hacer leña del árbol caído. Debemos ser piadosos  y tener una conmiseración fraternal en la desgracia íntima de los hombres-peonza, como el presidente, que giran y giran sobre sí mismos sin saber parar. Tampoco podemos hacerlo por lesa inutilidad. Conviene practicar una economía de esfuerzos innecesarios. El legado material de Rodríguez Zapatero podrá ser el que cada uno de nosotros convenga. Pero ninguna metáfora campestre podrá desmentir que la herencia dejada por nuestro presidente respecto al caudal de las ideas políticas es más ligero que el humo. Pintan bastos pero nuestro hombre se ha inmolado en la hoguera hasta consumir toda su madera de zapatero, que diría su apologeta de Compostela.

8 Comments
  1. Eulalio says

    Brillante artículo, pero me malicio que algo más hay detrás de esta reforma aparte de la ligereza de ideas y la volatilidad de principios de este buscador de rentas.
    Saludos

  2. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Hace unos años fue aznar, esa cosa… quien, con su injustificada acción en Iraq, mancillara el nombre de España. A quien espero que un día lo llamen desde el TPI…
    Si no lo llamaren, desconfiare totalmente de semejante entidad.
    Ahora es diferente. Nada o en nada culpabilitaría a los dirigentes, fuesen los que fuesen, de la situación en la que nos encontramos.

  3. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Hace unos años fue aznar, esa cosa… quien, con su injustificada acción en Iraq, mancillara el nombre de España. A quien espero que un día lo llamen desde el TPI…
    Si no lo llamaren, desconfiare totalmente de semejante entidad.
    Ahora es diferente. Nada o en nada culpabilizaría a los dirigentes, fuesen estos los que fuesen, de la situación en la que nos encontramos.

  4. Perri el Sucio says

    Todos estamos mirando al dedo con curiosidad, y olvidando lo que señala:
    «Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la Ley de emisión. »

    Es decir, dejar muy claro que el que declare un impago, una restructuración o simplemente no priorice sobre otros gastos el pago de la deuda irá derecho al tribunal constitucional. Y para esto queremos una constitución…

  5. Jonatan says

    Manda gónadas que sea Frau Merkel quien obligue a los españoles a abrir la caja de Pandora. No sé si es el verano pero noto cierta indiferencia en la mayoría. Cansancio.

  6. Juana says

    Oiga, don Félix, yo si me creo que esta reforma, además de ineficaz, redundante y desvergonzada, vale para decir que ZPP se ha hecho amigo de los enemigos de Keynes y se ha quitado la máscara de socialdemócrata que nunca fue. Del charlatán presumido, arbitrario, coyunturalista, sin criterio ni personalidad no hay que hacer leña, por supuesto, sino huir para evitar más palos.

  7. J MOS says

    Lo más bochornoso de todo esto, y debería quedarnos a todos claro a la hora de votar el día 20 N, es que para algo que viene pidiendo una buena parte del pueblo español, y aún antes del 15 M, que es el cambio de la ley electoral, la Constitución de 1978 es intocable. Y cuando les combiene a ellos, estos dos partidos mayoritarios que tienen hipotecado nuestro país, son capaces de saltarse todas sus enfrentamientos de opereta en unas horas y retocar la constitución a su gusto en una noche. Está claro que la nuestra es una democracía de muy baja intensidad, y no merecemos los políticos que tenemos, aunque no hay manera legal de librarse de ellos. ¿O quizás si?
    Respecto a Zapatero, ha sido un político demasiado dado a la cosmética. Predico, con tono dialogante aquello de la Alianza de Civilizaciones, que ademas no nos ha salido gratis,pero su olvido de su progresismo y talante dialogante ante movimientos como el 15 M. Supongo que hay colectivos que se encontrarán satisfechos como el tema de las bodas Gay y no se puede olvidar su esfuerzo por el tema de la memoria historica, aunque lo podía haber hecho mejor. Pero ha defraudado con las expectativas que prometía, tampoco Don Mariano ha aprtdo mucho. Pero al final Zapatero nos ha dejado a todos una sensación de plegarse , traicionando sus ideales, si es que los tenía y encima queriendo hacernos creer que eso era progresismos. Demasiado hinchado, para luego resultar bastante hueco, mediocre gestor y lo que es peor, dar la espalda a su ideología. aunque ¿Es el PSOE de izquierdas?

  8. Luismi says

    Yo iría con cuidado a la hora de quitar importancia a reformas como estas. Se sabe cómo comienzan las cosas, pero nunca cómo acaban. Esto puede ser el comienzo del fin de la capacidad de maniobra económica del Estado. Pero eso es precisamente lo que quieren algunos.

    Lo del 0,4%, además de ser ridículo (¿hay mucha diferencia entre el 0 y el 0,4%?) es de imposible cumplimiento, según dicen: http://lizoain.tumblr.com/

    Lo del pago prioritario es, simplemente, la constitucionalización de la esclavitud por deudas.

    Una vergüenza más de ZP, hombre sin principios y que hundirá al PSOE por algunas décadas.

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