«Y encima se ríen estos cabrones»

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Ángela Murillo, a la derecha, durante el juicio a 'Txapote' y a otros tres etarras por el asesinato del concejal de UPN en Leiza (Navarra), José Javier Múgica. / Fernando Alvarado (Efe)

A la magistrada de la Audiencia Nacional Ángela Murillo no la veo yo con la venda sobre los ojos. Y menos aún con un esparadrapo sellándole la boca, aunque al final no ha tenido más remedio que ponérselo para contener su locuacidad. Un juez con una cremallera en los labios para que los ujieres no tengan que pegar pelotitas de algodón en los oídos de los asistentes a un acto procesal no es el icono habitual de la Justicia. Un día después de su último exabrupto, ella misma se ha abstenido de sentenciar a Francisco Javier García Gaztelu y a los tres etarras del comando Argala acusados del asesinato, en julio de 2001, del edil de Leiza José Javier Mújica. “Pobre mujer. Y encima se ríen estos cabrones”, se oyó decir a Murillo en el acto del juicio oral instantes después de que testificara Adoración Zubeldía, la viuda de la víctima. El año pasado el Tribunal Supremo anuló la condena impuesta a Arnaldo Otegi por otra salida de tono de esta magistrada visceral que imparte justicia como un hooligan del Código Penal.

Con una espada en una mano y en la otra una balanza, la alegoría de la Justicia es una mujer. Llámese Astrea, Diké, Temis o Iustitia, según las diversas lenguas de los pueblos que descubrieron la acción moral de juzgar apartándola del prejuicio sentimental de la venganza, la mujer es la metáfora de la equidad y el símbolo de la imparcialidad. Por eso, además de la espada y la balanza, la efigie de la Justicia porta casi siempre sobre sus ojos una venda que le impide ver a las personas sometidas a su veredicto. La Justicia no necesita ninguna mirada. El juez no debe conocer casi nada del justiciable, la venda que lleva en los ojos le dice que de ese hombre no interesa mucho su pasado. Sólo los hechos que se le imputan, que deben ser probados destruyendo legalmente la presunción de que es inocente. Si se sabe –judicialmente- que un hombre ha matado una vez, eso no le bastará al juez para condenarle una segunda vez sin observar las reglas del proceso. El velo que tapa su mirada no le deja ver el rostro del acusado. La venda nos habla de la ceguera del juez, una limitación sensorial que sin embargo es una virtud judicial. Vivir civilizadamente es autolimitarse. La vista del juicio oral es el ojo de la Ley, no los ojos del juez, que debe analizar los hechos, no el historial de sus protagonistas. Los jueces no tienen memoria.

La magistrada Murillo ha demostrado que no es capaz de juzgar. Hay razones evidentes para que se dedique a otra cosa. No voy a dar cuenta de ellas, salvo de una, quizás la principal. La repetición del juicio por el asesinato de su marido será una tortura añadida para Adoración Zubeldía. Se verá obligada otra vez –ya preste su testimonio en la sala de la Audiencia o desde la lejanía física que permiten las pantallas de Internet– a recordar y contar al público cómo, desde el balcón de su casa, oyó los gritos de su marido ardiendo dentro de la furgoneta al que unos criminales adosaron una bomba lapa.

La magistrada Murillo, condenando de antemano, ha asestado torpemente más dolor a la viuda. Le ha dado una segunda oportunidad a la risa pública de Txapote y sus amigos del comando Argala. Me imagino cómo “encima se reirán estos cabrones”. Esto lo digo yo, que no soy juez.

4 Comments
  1. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    De la incontinencia y otras lindezas.
    Que un lego en todo, es mi caso, diga o haga estupideces, se entendería.
    Pero, ni así.
    Me niego a ser un negado y a la vez un estúpido.
    Que una ‘autoridad’ salga por los cerros de Úbeda es menos que anormal.
    Podrá argüirse que pensó que los micrófonos estaban cerrados, o que mi abuelo andaba por los ‘picos de europa’…, da igual.
    De vivir mi abuelo andaría en los picos que fuera y en sus trece, esto es: al loro de los acontecimientos…
    No digo más, que el tiempo se me echa encima…
    ¡Bueno, sí: amen!

  2. SOTANA ROJA says

    Esta señora parece mas una «Maruja «que una jueza.
    Con toda seguridad tendrá un pasado franquista con ramificaciones con la AVT.

  3. ivg56 says

    ¿Y a la juez que, por lengualarga, trastornó el desarrollo de la vista y obligó a la viuda a repetir la dificil escena, le exigirán alguna responsabilidad disciplinaria o, como siempre, nada de nada? Porque si un ciudadano de a pie causa un trastorno procesal así le cae una multa… por lo menos.

  4. borja says

    Por favor pedir a amigos,conocidos,familiares que no voten ni al psoe ni al pp pasarlo por favor.Si nadie vota a estos dos partidos los que ganen tendran que cambiar las cosas sin posibilidad de no hacer nada.Estarian obligados a cambiar la justicia y la leyes electorales la clave es que psoe y pp no tengan ni un voto.GENERACION NI NI,NI PSOE NI PP PASARLO PORFAVOR,hablar de ello con familiares y amigos y que nadie les vote y TODOS A VOTAR.Que voten a quien sea menos psoe y pp gracias.

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