Anticorruptos ‘cum laude’

Martin Kreutner, jefe del Equipo de Transición de la Academia Internacional contra la Corrupción. / iaca-info.org

¿Es tan ininteligible la corrupción como, por ejemplo, la física cuántica o la teoría especial de la relatividad? Puede ser. Quizás necesitemos la intervención de un grupo muy selecto de sabios para descifrar las contabilidades B y las dobles facturas que han hecho de la literatura mercantil el género de ficción favorito de nuestra época. Con su fuerza original las actas de constitución de empresas offshore en un archipiélago remoto o la fundación de un fideicomiso en Singapur, gracias a su inimitable belleza criptográfica y a los arabescos sentimentales que dibuja el dinero, han remplazado a los manidos argumentos de las novelas que leyeron nuestros padres y a otros artefactos de la invención humana que ahora languidecen apolillados en el desván de los objetos inútiles. Pero no, no nos dejemos seducir por el arte de amasar millones a discreción aunque sólo encofren el tesoro de muy pocas y distinguidas personas. No es que esa literatura secreta sea per se intransitiva y, por su propia naturaleza, no demande la atención de un interlocutor distinto de sus autores. Lo decisivo para descartar un interés prolongado que haga que merezca la pena su estudio es que el copyright de esta literatura contable es demasiado notorio. “Por sus obras los conoceréis”, está escrito. Y las obras de esos artistas –sus magníficas mansiones con doce cuartos de baño, sus avionetas con alas de platino y los sofisticados animales que les acompañan (y no me refiero sólo a sus perros)- son tan ostensibles que no es necesario llegar al final del hilo de sus documentos secretos para descubrir la perla oculta de sus negocios. Digo yo.

Pues digo mal. El Reino de España acaba de adherirse a la Academia Internacional contra la Corrupción. Con su abultado organigrama (la Asamblea de las Partes, la Junta de Gobernadores, la Junta Consultiva Superior Internacional, la Junta Consultiva Académica Internacional y, naturalmente, su Decano), la Academia proclama que “la enseñanza, la formación profesional y la investigación…son importantes componentes …respecto a la asistencia técnica y la creación de capacidad [por los Estados] como elementos esenciales en la lucha contra la corrupción”. Promovida al alimón por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y la República de Austria, la Academia (IACA en sus siglas inglesas) se hace eco del ámbito global de la corrupción y dedicará sus nobles esfuerzos a combatirla con orden pero sin pausa mediante “los criterios académicos y profesionales más rigurosos, de forma integral e interdisciplinaria”, utilizando “las observaciones y consejos” de “eminentes personalidades con excelentes referencias y amplios conocimientos en diversos campos” que elaborarán y participarán en los correspondientes planes de estudios.

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¿Cómo se financia la IACA? “Sin perjuicio del objetivo a largo plazo de autofinanciación de la Academia (Artículo XI de su Acuerdo Constitutivo), sus principales fuentes de ingresos son las contribuciones voluntarias de los Estados Partes y las contribuciones voluntarias del sector privado. Aunque es verdad que la IATA no parece muy segura de sí misma a pesar de su grito de yihad contra los corruptos agrupados en esta era postideológica en la que podríamos denominar Quinta Internacional. Vean si no el Artículo XV del Acuerdo (Responsabilidad): “Las Partes en el presente Acuerdo no asumirán responsabilidad alguna, individual o colectiva, por las deudas, el pasivo ni otras obligaciones contraídas por la Academia”.

En todo caso, a España le va a venir de miedo su adhesión a la IACA. Los españoles últimamente cojeamos un poco en asuntos de corrupción político-financiera. Necesitamos maestros que nos enseñen a erradicar este molesto fenómeno que ensucia la vida pública. La IACA es una organización multilateral con veinte miembros de indiscutible prestigio que pueden darnos los mejores consejos sobre el tema, ahora que aún estamos a tiempo. La solvencia internacional de Estados campeones contra la corrupción sugiere grandes esperanzas dickensianas para nuestras expectativas de limpieza. Naciones tan ilustres como Albania, Filipinas, Liechtenstein, Maldivas, Rusia o la República Árabe Siria nos guiarán en nuestra lucha incansable contra los príncipes, malandrines y follones expertos en el arte de meter la mano donde no se debe.

La IACA, por ser hija de la ONU, dispone de varios casos prácticos que pueden resolver sus alumnos si ponen en el empeño toda su aplicación. Algunos son de manual. Le doy a la moviola: ¿recuerdan el programa Petróleo por Alimentos desarrollado hace unos años por la ONU para dar de comer a los iraquíes durante el embargo internacional al país de Sadam Hussein, en el que 2.200 compañías de 40 países colaboraron en el desvío de 1.800 millones de dólares que fueron a parar, entre otros, a Kojo Annan, hijo del entonces secretario general de Naciones Unidas? ¿Pagaron sus culpas los autores del despojo, que contaron con la protección del padre de Kojo? Éste bien pudiera ser el ejercicio introductorio del cuestionario que debe afrontar el Reino de España, al que se aplicará el convenio suscrito por la Academia a partir del 12 de diciembre. ¡A por ellos!