Diálogo social: el viaje a ninguna parte

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Imagen de archivo del presidente de CEOE, Juan Rosell, recibiendo a la ministra de Empleo, Fátima Bañez, en su sede. / Efe

¿Volvemos a la España del señoriiiiito, aquella que padeció don Arturo Galván -hijo y padre de Galvanes-, el abrazable y acabado cómico que interpretó Fernando Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte? ¿Estamos ya allí a pesar de las redes sociales, los espasmos de indignación o la fuerza de las mareas? ¿O solo vamos de camino, a cuestas cada uno con nuestros inútiles fardos de cachivaches hipotecarios?

Según sendas encuestas publicadas por La Razón y El País tras el primer paquete de medidas de ajuste aprobado por el Gobierno de Mariano Rajoy el pasado 30 de diciembre, la mayoría de los españoles no solo respaldan los recortes, sino que creen que serán necesarios otros nuevos para salir de la crisis. La encuesta de La Razón dedica un apartado específico al mercado laboral y concluye que un 64,3%  se muestra convencido de que una nueva reforma servirá para crear empleo y que otro 58,5% quiere más flexibilidad en los convenios colectivos.

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Lo que no se pregunta en la encuesta de La Razón, ni en la de El País tampoco, es qué harían los españoles en el supuesto de que los recortes les lleguen a parecer, en algún momento, y por alguna razón, excesivos. Quizás no lo han preguntado porque ya se imaginan la orientación de las respuestas: aguantar la respiración hasta que el Gobierno rectifique (4%), darme a la bebida (12%), dejar de fumar (11,9%), irme a vivir a la casa de mis padres (12%), comprar un tirachinas y echarme a la calle (11%), nada (29,1%), no sabe o no contesta (20%).

En ese endiablado contexto (que igual solo existe en mi cabeza), patronal y sindicatos firmaron ayer, después de meses de negociación, una carta conjunta destinada al presidente del Gobierno que, al margen de las fórmulas de cortesía de presentación y despedida, viene a decir lo siguiente: "Querido Mariano. Te mandamos esta carta para comunicarte que estamos de acuerdo en la solución autónoma de conflictos, la formación profesional para el empleo, absentismo y mutuas, racionalización de festivos, jubilaciones anticipadas y medidas de prejubilación y bonificaciones y reposición de prestaciones en los ERES. Lamentablemente, no nos ponemos de acuerdo respecto a la contratación, intermediación y flexibilidad externa; sobre las mutuas (altas y bajas de IT por contingencias comunes) ni sobre el Fondo de capitalización de los trabajadores. Y por último, creemos que debes dejarnos a los agentes sociales seguir negociando bilateralmente respecto a cuestiones como la renegociación del acuerdo de salarios vigente para 2012, la orientación de la evolución de los salarios para los años 2012, 2013 y 2014 y sobre las medidas a tomar para  favorecer el uso de la flexibilidad interna en las empresas, además de la nueva estructura de la Negociación Colectiva... A tal y tal, firmado por tal y tal".

En los dos primeros puntos (acuerdos y desacuerdos), la carta no añade nada que no se supiera desde hace semanas, pero en el tercero, los sindicatos han conseguido arrancar a la patronal el compromiso de que la negociación colectiva y los acuerdos salariales deben seguir siendo cosa de dos. Y digo arrancar porque el sector más duro de CEOE, encabezado por Arturo Fernández (CEIM), se oponía frontalmente a este compromiso y quería desmantelar la negociación colectiva por decreto. Otra cosa será lo que haga Rajoy al respecto, ya que si ayer aseguró en una entrevista a Efe que respetará los acuerdos y legislará sobre los desacuerdos, sobre este tercer punto, que solo es un recordatorio, no dijo nada. En cualquier caso, los sindicatos han conseguido, al menos, encalar esta pelota en el tejadillo de Moncloa.

Y un apunte sobre los protagonistas de este enrevesado viaje. La CEOE viene mareando la perdiz en la negociación desde el pasado mes de mayo, y antes. Las abrumadoras encuestas sobre la victoria electoral del PP en las generales, voluptuosamente confirmadas en las urnas, no han ayudado nada al diálogo social. Y no lo han hecho porque dos no negocian si uno no quiere y resulta que si ese uno piensa que para qué va a negociar si cuando ganen los suyos la cosa está hecha, pues no te digo más. Así ha sido. Los sindicatos, por su parte, han aguantado amarrados a la silla hasta el final. ¿Una derrota? ¿Un ejercicio de responsabilidad? "Cuando hace solo cuatro días más de 10 millones de personas dan la mayoría a una opción política, cuando la UE sigue pisando fuerte y reclama más recortes, cuando el clima social no es precisamente de contestación, hay que resistir y amarrarse a la silla. Por lo menos, eso creo yo", me dijo ayer un dirigente sindical.  "Las cosas", me permití añadirle, "están cada día más jodidas".

3 Comments
  1. antordonez says

    Lo que yo quiero es que me contraten aunque sea por dos horas al día, no quiero contrato fijo, ni que el despido sea causa de indemnización, estoy dispuesto a trabajas por setecientos euros al mes o su parte proporcional si no es a jornada completa, no me importa renunciar a que mis convenios se negocien en igualdad de condiciones con las empresas de mi sector, incluso cedo mis derechos a cobrar el paro si me despiden y tener derecho a una pensión digna es cosa del pasado….bueno, y yo por qué escribo esto si soy empresario….bueno y qué más da, la idea no es mala

  2. racso83 says

    Deberiamos tener mas flexiblidad, no se si el caso que voy a exponer sirve …en USA te contratan fijo no hay indemnisacion ni causa de despido e igualmente la gente si es buena en su trabajo lo conserva con sus respectivas subidas de salario segun su antiguedad …. y por si esto es poco tienes derecho a un ascenso ….eso si te pagan muy bien. Este ano han creado empleo a razon de 125000 puestos de trabajo al mes.

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