Ricos ante un mundo desigual e inmóvil

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Los diez más ricos del mundo: de izquierda a derecha (arriba), Carlos Slim, Bill Gates, Warren Buffet, Bernard Arnault y Amancio Ortega. Abajo, Lawrence Ellison, Eike Batista, Stefan Persson, Li Ka-shing y Karl Albrecht. / Efe

La publicación de la última lista mundial de billonarios de Forbes ha sido precedida esta semana por la competencia de un nuevo ranking de Bloomberg. Su impacto en los medios españoles refleja extendidos complejos sociales, no exentos de ignorancia y falta de conocimiento, que son precisamente nuestros mayores problemas. En vez de incurrir en desazón por una mayor desigualdad relativa, debemos animarnos por la gran movilidad social que revela. Ese dinamismo español será nuestra gran baza para salir de la crisis, a pesar de la secular penuria hispánica en ciencia y tecnología. Ahora que estas permiten un mundo más móvil, las élites vuelven a la inmovilidad previa al despliegue que tuvo el capitalismo con la revolución industrial.

La cuestión es muy relevante, pues uno de los retos del actual capitalismo es el quehacer de sus élites, no sólo económicas, sino políticas y de poder en general. Las primeras causaron la actual crisis financiera y económica, mientras las segundas han demostrado incapacidad los últimos cuatro años para sacarnos de ella. Así lo reconoce un consenso afortunadamente cada día más extendido, por cuando puede transportarnos de la conciencia a la acción. Pero despachemos primero a las élites nacionales para luego atender a las globales.

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Lo que a mi juicio resalta de ambas listas de Forbes y Bloomberg es la alta participación relativa de actores de una economía (la española), que supone menos del 2% del PIB mundial y ha llegado a consumir un 8% de las necesidades financieras globales, justo cuando se inició la restricción crediticia. Economía por eso especialmente vulnerable los últimos años y que amplifica los ciclos mundiales y ahora europeos, tanto los de auges como actualmente los de recesión, problema reforzado con el mayor desempleo al consumir más de lo que produce.

No es momento ni lugar para reiterar las cifras de ese desequilibrio ni de las desigualdades que genera. Estas, contra lo que pueda parecer, resultan similares a las de otros países desarrollados, o ahora en desarrollo. La modernización española y las consiguientes desigualdades de renta y riqueza, traídas por sus muchas transiciones recientes (demográfica, económica, política, cultural, social…), han sido un fenómeno de los años sesenta y de las dos décadas anteriores a la actual crisis. Han seguido una trayectoria nada original de U invertida, como la que describió Smith Kuznets (1901-1985) para el ahorro. Es la que vivió Japón y luego los tigres y dragones asiáticos. La que espera a China y otros emergentes. Toda modernización capitalista requiere capitales externos, debilita el ahorro interno y aumenta disparidades, para luego tender a generar equilibrios con ayuda de la medicación del Estado. La transición política de los últimos 30 años se ha saldado entre nosotros con una clara reducción de desigualdades, parada desde el 2008 –eso sí–, y que lleva camino de agravarse para su resolución.

Las grandes fortunas

Es innegable que en esa aceleración modernizadora España ha generado grandes fortunas que hoy sobresalen en los ranking mundiales tanto como alemanes y franceses y mucho mas que británicos o italianos, por citar primeras potencias europeas. Pero tampoco eso es muy relevante ni de preocupar, como demuestra la avalancha de México (Carlos Slim repite numero 1, Eike Batista, de Brasil, avanza al 7, y el chino Li Ka-shing al 9, aunque los indios Mukesh Ambani y Lakshmi Mittal bajan este año al 19 y 21 y los también chinos Kwok Thomas & Raymond y familia al 21, mientras el ruso  Alisher Usmanov sube al 28 ).

Lo más llamativo de los ricos españoles (16 entre los 1.153 primeros, cuota desproporcionada para el tamaño de nuestra economía) estriba en otros dos rasgos, de esos que Gallardón acaba de llamar estructurales, a propósito del género, ámbito donde no quedamos muy rezagados en lo global, gracias a Rosalía Mera (puesto mundial 232) y Alicia y Esther Koplowitz (601 y 804). Uno es que el modelo estructural de nuestros ricos sigue anclado mayormente en la vieja economía tradicional de la materia, ni siquiera movida por una energía de la que tanto carece España: Amancio Ortega e Isak Andic y familia (5º y 221 mundial) vienen como la exmujer del gallego, Rosalía Mera (232), y el valenciano Juan Roig (223), del comercio textil y alimentario, y casi todos los demás de la construcción, salvo los vascos Aristrain (1075) y Maté (418), el cántabro Botín (1.075) y el balear Escarrer (1.153); todos ellos de la periferia, mientras que 8 de los 16 amasaron sus fortunas desde Madrid y en la construcción nacional. El otro atributo resulta más positivo: ninguno de esas 16 figuras españolas eran ricas durante la autarquía franquista, lo cual revela una movilidad inusitada tanto de España como comparativamente de nuestras élites nacionales del dinero, característica muy positiva por las teorías interdisciplinares desde el punto de vista del dinamismo social y económico, de la equidad al menos intergeneracional ,e incluso desde otros valores como la libertad y la justicia, que contribuyen en mucho al progreso y la innovación o la competitividad.

Aunque nuestras élites del dinero no procedan por ahora de la nueva economía de la información movida por el conocimiento desde las que se labra el futuro -a diferencia por ejemplo de los norteamericanos Gates (2), Bloomberg (20), Besos (26), Zuckerberg (35), Dell (41) o Ballmer (44)-, al menos dichas élites se mueven o circulan, liberando estímulos o incentivos altamente productivos. Incluso entre los 8 de los 16 vinculados al modelo económico del cemento, se han registrado dosis de innovación. Las fortunas de 4 de ellos surgieron en los años sesenta y setenta, gracias a que Alberto Alcocer (1153)  y Alberto Cortina (al mismo nivel) crearon en menos de 20 años la actual FCC, que en ese tiempo pasó de tener un capital de apenas 400 millones de pesetas a una capitalización bursátil superior a los 400.000 millones de pesetas. Ellos fueron pioneros en diversificar la actividad constructora hacia otros servicios, y en la ultima década han contribuido con Florentino Pérez (803) a crear desde ACS el mayor grupo europeo de construcción e infraestructuras, ahora consolidado con la alemana Hochtief, líder mundial del sector tras los chinos, que le permite ya exhibir uno de los mayores niveles de internacionalización del Ibex, junto a Teléfonica, los dos grandes bancos u otros grupos menores de construcción y  energía y servicios públicos cuya dependencia de la demanda externa supera ya en promedio el 60%.

Resalto la gran presencia y movilidad de las élites españolas del dinero porque su ausencia es uno de los males observados hoy día por la teoría en los EEUU y Reino Unido, cuyo liderazgo en la producción de ideas tiene poco o nada que envidiar al de otros instrumentos de poder, como el militar, el financiero o demás medios de amenaza, compensación o persuasión. De los 26 primeras fortunas mundiales, 15 siguen siendo americanos, aunque entre los 50 primeros ya no queda ni uno solo del previo imperio global británico (todavía en el 2008 la Reina Isabel aparecía en el puesto 12), sí bien ya aparecen 9 de sus antiguas colonias, sobre todo China e India, hasta el siglo XIX mayores economías mundiales y ahora en trance de recuperar las próximas décadas su posición milenaria. En cambio, sólo el último año 2 de los 16 españoles han saltado entre los 1.200 más ricos del mundo: el donostiarra Daniel Maté (nada menos que de golpe al puesto 418), tras la salida a bolsa de Glencore, el mayor intermediario de materias primas del mundo, lo que ha forjado también en oro a algunos de sus principales, y el balear Gabriel Escarrer, a cuyo padre ayudé hace menos de 30 años a acercarse desde la prensa al Gobierno de la entonces UCD para hacer méritos por la privatización de los hoteles de Rumasa, sin otro recurso que su experiencia profesional en alquilar la gestión de hoteles.

Inmovilidad anglosajona

Junto a la otra cara de la moneda (la creciente desigualdad), la falta de movilidad amenaza con quebrar al capitalismo anglosajón. Quedan como bastión los EEUU, donde no es oro todo lo que reluce. Son cada día mas numerosos los intelectuales de toda extracción que denuncian esa vulnerabilidad. Charles Murray (Coming Apart: Crown Forum, 2012), dice que el suyo es un país dividido entre unas élites acantonadas en los barrios más exclusivos de las metrópolis y un proletariado depauperado por la pobreza económica y espiritual. Algo similar me contaba hace unos días el economista que desde la historia más ha influido (a través entre otros de Krugman) en la diseminación de ideas que el ultimo año han dado un giro radical a la política monetaria de la FED americana y del BCE: Peter Temin, exjefe del departamento de Economía del MIT. Tuve la suerte de entrevistarle en la Fundación Areces por encargo de la revista CONSEJEROS. Preocupado por la estabilidad de esas élites americanas de los negocios que han tenido mucho que ver con el inicio de crisis actual, me dijo que para incentivar la innovación y evitar los peligros de la actual y creciente polarización es mejor la movilidad: “Cuando hice ese estudio a que se refiere”, dijo Temin, “me sorprendieron las conclusiones. Pensábamos que EEUU era un país en que todos tenían las mismas oportunidades de convertirse en lideres de negocios. Sin embargo, concluimos que cada líder procede de un determinado grupo homogéneo y cerrado. Los lideres en el mundo de los negocios procedían de lo que llamamos “WASP” (blanco, anglosajón, protestante…).El resto de los grupos (africanos, sur americanos, judíos, católicos etc.) se encontraban en las periferias. Considero, pues, que las políticas publicas deberían tratar de promover una apertura, además de reconocer que gran parte del liderazgo en los negocios es personal y depende del dialogo (comunicación). Es cierto lo que usted piensa sobre el papel ante la actual crisis de las elites del poder. Como en previas crisis las de países asiáticos de los años noventa o latinoamericanos de los ochenta, se extralimitaron al tomar grandes riesgos. Invirtieron en formas que ayudaran a sus países y les enriquecieran. Actuaron como Koo y Minsky predijeron: tomando riesgos cada vez mayores. Pero confiaron demasiado en sus amigos del gobierno para rescatarles si perdían en sus apuestas”.

La observación de Temin nos conduce a la conclusión de que las élites deben circular, o hacerlo incluso en mayor medida a como refleja en España su mejor descripción: la del economista y profesor de periodismo de investigación Juan Luis Galiacho. Los científicos que estudien el caso español deberán partir de sus descripciones para superar las viejas ideas sobre esa circulación, expuestas sobre todo por los italianos Pareto y Mosca y el norteamericano Michels. Comparto esta tesis de mi amigo Germán Espinosa Monsú,todo un ejemplo de amplios conocimientos interdisciplinares, derrochados socialmente desde que el acoso laboral le impulsó a jubilarse y a dar carpetazo a su objetivo profesional -en gran parte alcanzado- de continuar contribuyendo, desde el Servicio de Inspección de Universidades de la CAM, a crear miles de nuevos puestos de trabajo en el sector universitario privado, elevando con ello la recaudación fiscal y de la Seguridad Social en millones de euros mediante el control sistemático del régimen de incompatibilidades del profesorado.

Necesaria revisión

En efecto, partiendo del dato irrefutable de la desigualdad humana, Wilfredo Pareto (1848-1923) ridiculizó las ideas de progreso, democracia, igualdad y socialismo, al anteponerles  la fuerza y el engaño en la historia de las sociedades modernas. Decía que la minoría elitista posee estructura, cualidades superiores y control de las fuerzas sociales, además de conexiones y parentescos transgeneracionales. Podemos seguir su rastro español en los tres últimos libros de Galiacho: Los herederos del Gran Poder (2006, Editorial La Esfera de los libros, 407 págs.), Mujeres del Gran Poder (2007, Editorial La Esfera de los Libros, 506 págs.) y Matrimonios S.A. (2009, La Esfera de los Libros, 404 págs.). Trilogía que nos lleva a la conclusión de que desde entonces las élites han cambiado poco en el fondo pero mucho en las formas de acceder al poder. Estas eran, para los economistas más expertos al respecto (Galbraith, Building, Strange, etc) la personalidad, la propiedad y la organización. Antes Pareto las había centrado en tres tipos de circulación o  renovación: entre miembros de la élite dirigente  (vinculados por lazos familiares a través, principalmente, del matrimonio entre iguales y descendencia hereditaria); entre la élite y el resto de la población permitiendo el ascenso  a  individuos  inferiores  (principalmente a través de primeros, segundos o –incluso- terceros matrimonios de conveniencia o desiguales), y entre la élite y la masa, formándose en el seno de ésta una nueva élite que compite con la primera (los nuevos ricos advenedizos y provenientes de nuevos sectores productivos, comerciales, inmobiliarios que intentan acceder al grupo restringido de la élite social).

Junto a su discípulo Gaetano Mosca (1858-1941), Pareto contrapone sus ideas a la ideología igualitaria derivada tanto de la democracia liberal como de su antagónica marxista, para inspirar un fascismo que rondó al  alemán Robert Michels (1876-1936, Roma), el sociólogo que teorizó sobre el comportamiento político de la propiedad intelectual, y del que escaparon los ya teóricos  norteamericanos Wright Mills (1916-1962) y Bottomore (1920-1992). Ya con ellos lel merito y la revolución eran formas de acceso destacado, como corresponde a un mundo donde había aumentado la movilidad y eso impulsó un desarrollo sin precedente del capitalismo debido al auge de la organización y el subproducto de sus ejecutivos. Pero ahora los problemas de la globalización tras la caída de los socialismos reales y el ocaso de la utopía de una sociedad sin clases, el estudio de las élites y su circulación debe volver a ocupar un lugar central en la teoría social y a ser concebidas con nuevas ideas como actores claves para posibilitar o impedir el cambio no sólo social, sino el económico y político. Habrá que reexaminar si los campos sociales son cada vez más autónomos como decían los dos primeros teóricos (política, economía, cultura, finanzas, pensamiento, industria etc.) y si emergen élites sectoriales que tienden a defender mancomunadamente sus intereses. También si las élites sectoriales siguen compelidas a organizarse horizontalmente entre ellas y verticalmente entre sus miembros y la masa de la que se benefician. Y, sobre todo, si existe igualmente en el mundo actual autonomía entre las élites gubernamentales (o políticas) y las del no gobierno (principalmente, las directa o indirectamente  relacionadas con el área productiva y de los negocios de todo tipo). Todo ello sin olvidar a Robert Michels,  su  ley de hierro de la oligarquía y sus ideas sobre las élites competitivas, las políticas y sindicales, y su relación con las anteriores. Lo de la España de la trilogía de Galiacho resultará todo un caso, donde asimismo deberán quedar mejor reflejados los intentos frustrados de acceso: Javier de la Rosa, Mario Conde, Ruiz-Mateos, etc.

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