Rajoy no lee las elecciones andaluzas en clave de huelga

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Rajoy, ayer, a su llegada al aeropuerto de Incheon, Corea del Sur, para asistir a la Cumbre de Seguridad Nuclear. / Efe

Cualquier dirigente sindical con el que hablaras ayer reconocía abiertamente dos cosas: que una nueva victoria por mayoría absoluta del PP -se referían fundamentalmente a Andalucía- hubiera  alimentando el discurso popular del pero a dónde coño van estos de los sindicatos con la huelga general y, al tiempo, que esa circunstancia hubiera fortalecido el argumentario de la caverna mediática, que, en cualquier caso, saben que les va a sacudir de oficio de aquí hasta el próximo jueves... Y después, pase lo que pase, también.

CCOO y UGT consideran que el descalabro de las expectativas del PP en Andalucía fortalece la idea de que otra forma de hacer las cosas es posible y que el varapalo debería hacer reflexionar al Gobierno. Cándido Méndez decía esto en un acto conjunto con Ignacio Fernández Toxo en Valencia: "No ha habido nunca un Gobierno que en tan breve tiempo haya despilfarrado tanto la confianza, las expectativas y las esperanzas de los ciudadanos".

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Sin embargo, parece que a Mariano Rajoy lo de ganar pero sin ganar en Andalucía no le produce ni frío ni calor. Da la impresión de que el presidente sigue con lo suyo y que lo de la reforma laboral no tiene marcha atrás. También es cierto que si les prometió una huelga general a sus colegas de Bruselas   -aunque fuera cuchicheando- no va a quedar ahora allí como un mentirosillo, que diría el bueno de Ned Flanders.

El presidente, en ese tono de suficiencia que utiliza en el Congreso para llamar antiguos a los diputados rojeras, ese tono con el que se proclaman las verdades inmutables, inexorables, bíblicas (cualquier cosa menos verdades como puños), dijo ayer -a su llegada a Seúl para participar en la Cumbre de Seguridad Nuclear- que su gobierno espera contar con "la comprensión de la gente", que, por cierto- y esto lo ha tenido que escuchar un montón de veces los domingos por la mañana en la parroquia del barrio nuestro querido presidente-, está donde quiera que vas.

"Yo", insistió Rajoy en el tono, "intentaré explicar todo lo que se hace, pero España hoy no se puede quedar parada y anclada 30 años antes".  Simple, sencillo, directo, breve; quizás un poco primario, como una conferencia de Aznar en una jodida Academia de Marines.

Así que, según rezan las crónicas, todo está como estaba. Entre otras cosas, porque la política informativa del Gobierno sobre lo que hace, y por qué lo hace, sigue siendo un auténtico ataque a la inteligencia de los contribuyentes (tanto de los brutos como de los netos). La idea fuerza del porque no hay otro remedio parece que no ha convencido ni a los andaluces ni a los asturianos... El próximo jueves 29 sabremos lo convencidos que estamos los demás.

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