Fútbol es fútbol

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"Los grandes astros del balón, como Messi o Ronaldo, comandan la elite de los trabajadores mejor pagados del planeta". En la foto, el segundo, el pasado sábado, celebrando su gol ante el Sporting. / Kiko Huesca (Efe)

El fútbol es una actividad en la que, aparentemente, ganan todas las personas que de una u otra forma participan en su desarrollo. Los grandes astros del balompié, como Messi o Cristiano Ronaldo, comandan la elite de los trabajadores mejor pagados del planeta. A su alrededor orbita toda una pléyade de figuras complementarias y subalternas (directivos, comisionistas o entrenadores) que lubrican, también con excelentes remuneraciones, la maquinaria de este deporte. Las televisiones, por su parte, ingresan por publicidad y otras gabelas de la economía audiovisual los retornos correspondientes a la difusión del Gran Espectáculo a todos los rincones del mundo. Los presidentes de los clubs de fútbol y sus amigos componen sus negocios mercantiles o financieros en los palcos de los estadios. Incluso algunas busconas o buscones merodean y se dejan ver por las salas VIP de los coliseos del balompié por si pueden beneficiarse a alguien o llevarse un bocadillo de angulas de Aguinaga al apartamento. Y la masa consumidora que soporta y da la razón de ser al espectáculo no cesa de aumentar. En directo o en el salón de casa frente al televisor, la demanda es insaciable y exige fútbol todos los días de la semana menos el viernes. El fútbol es más adictivo que la cocaína o la pulsión sexual. Los economistas neoclásicos tienen un problema con esta variedad exaltada del consumo humano, pues no responde a la ley de la utilidad marginal decreciente. En resumidas cuentas: el soccer es inmune al principio de saturación del placer.

El peso de la demanda exige disfrutar del mejor fútbol en nuestro país, y atrae a los jugadores más selectos en el mercado global del deporte rey. Los precios de este segmento de la fuerza de trabajo, tan cualificado y valorado por la sociedad, se incrementan continuamente ignorando la recesión de la economía española. Y esos precios se pagan. Pero, ¿cómo se financian los pagos? Y, sobre todo, ¿quién o quiénes los financian?

Gracias al buen trabajo de la diputada de IU Caridad García, los ciudadanos acabamos de saber –y así lo reconoce el Gobierno- que los clubs de fútbol profesional adeudan a la Hacienda Pública del Estado (a 1 de enero de 2012) la cantidad de 752 millones de euros, lo que significa un incremento cercano al 25% en poco más de tres años. Hablamos sólo de impuestos adeudados y no de otros créditos públicos no satisfechos a su vencimiento, como las cuotas de la Seguridad Social, que el Gobierno se niega a suministrar usando como pretexto la Ley de Protección de Datos. Tampoco ha informado sobre las deudas tributarias desglosadas y correspondientes de manera individual a las empresas que pertenecen a la Liga de Fútbol Profesional, en este caso porque supuestamente lo impide la Ley General Tributaria. Además, y según otras fuentes, de los 32 clubs de fútbol europeos que hasta ahora han solicitado de los jueces la declaración de concurso de acreedores, 31 son españoles.

Subvenciones públicas a fondo perdido, impuestos no recaudados, fallidos a la Seguridad Social e impagos a proveedores particulares (como agencias de viajes y hoteles), por no hablar de los litigios existentes entre las mismas empresas futbolísticas, etcétera, etcétera. Los ingredientes anteriores sazonan el tinglado de una gran farsa muy respetable que no genera recursos propios suficientes para alimentar su juego favorito sin parasitar a terceros ajenos que no quieren que siga el espectáculo a costa de sus bolsillos. Un tinglado que, además, suele dejar en la estacada a los jugadores de menos lustre. Desde el punto de vista del interés general, lo más lamentable de todo es que el fútbol drena, en beneficio personal de sus protagonistas, recursos públicos que el Estado deja de asignar a servicios públicos elementales. No es sólo que el trato de favor que impulsa la demanda social de opio futbolístico lesione el derecho a la igualdad y establezca agravios comparativos (¿a qué otro sector de contribuyentes se le otorga tamaña lenidad y tantas facilidades de pago en cómodos plazos?). La cuestión más importante es la redistribución de rentas a favor de un negocio privado que permiten la inhibición y el ponciopilatismo de este Gobierno (y de los anteriores), a cargo del Tesoro y en grave perjuicio de los estratos más bajos de rentas que intentan sobrevivir en nuestro atribulado pero felicísimo país gracias al gol intempestivo de un tal Iniesta.

El fútbol produce colusiones de todo tipo, incluidas las más extravagantes y complicadas. Una de las más socorridas es la evasión fiscal  que practican (algunos de) los jugadores más acreditados respecto a la explotación de sus derechos de imagen. La parte del león de esos derechos la ceden a los clubs por los que han fichado, que la rentabilizan todo lo que pueden a cambio de una elevada contraprestación (que el futbolista debe declarar en su IRPF como rendimiento del trabajo). Sin embargo, y con la finalidad de que los jugadores eludan al Fisco, no es infrecuente la existencia de un esquema negocial “cuadrangular” para intentar pasar como real lo que es sólo una ficción (aunque técnicamente muy compleja): la cesión por el futbolista a un tercero “independiente” del club. De ese esquema contractual forman parte el club, el futbolista, una cadena de televisión y una (o varias) sociedad pantalla, que actúa de forma interpuesta e instrumental.

La normativa del IRPF, para dificultar el fraude, regula un régimen especial que obliga a los contribuyentes (generalmente deportistas de alto nivel) a imputar en sus declaraciones como renta general (gravada a los tipos progresivos de la escala) los rendimientos, más o menos reales, que obtienen como consecuencia de la cesión de sus derechos de imagen. Se trata de impedir que esos ingresos tributen (de forma mucho más reducida) como si fueran rendimientos del capital mobiliario, o simplemente de que sorteen en su totalidad la acción de la Agencia Tributaria. Pero algunos deportistas de alto nivel insisten y no dan tregua (aunque, potencialmente, muchos son los llamados por la ley y muy pocos los elegidos por la Administración Tributaria). El Tribunal Supremo (Sentencia de 13 de marzo de 2012) acaba de condenar a un ex jugador del Fútbol Club Barcelona al pago de varias liquidaciones del IRPF (ejercicios 1997 a 1999) por importe de más de dos millones de euros, debido a la remuneración por el club de la cesión de sus derechos de imagen (a pesar de que estaba “convenientemente” disfrazada mediante la interposición de una sociedad fantasma). El jugador (que en la Sentencia únicamente es identificado con el bucólico nombre de Don Virgilio) no sólo cedía su imagen (y su físico) en las retransmisiones deportivas. También se comprometió –y así lo hizo- a “colaborar en todas las acciones y actuaciones que acuerde o concierte el F.C. Barcelona en orden a la promoción y rentabilización de su nombre, imagen o representatividad en beneficio de las actividades deportivas, culturales, recreativas y asistenciales que desarrolla”.  

Es lo que tiene el fútbol, sobre todo si va mal la economía: mucho de actividad cultural, asistencial y solidaria como compensación a los estragos sociales de la crisis. El fútbol, desde los tiempos del Milán (o Milan) de Berlusconi, representa el ideal más elevado que deben perseguir nuestros jóvenes más generosos: trabajar –sí, trabajar- por la armonía del mundo rivalizando en esfuerzos con otros jóvenes sin artimañas, con fair play, nobleza y juego limpio. Si Don Virgilio hubiera jugado en el Real Madrid se consolaría cantando eso de que cuando pierden dan la mano. Porque, como decía Jardiel Poncela, los ladrones son gente honrada. Por eso, porque son un modelo social, salen a todas horas en la televisión.

2 Comments
  1. perniculás says

    Es una pena que en asuntos de impuestos seamos tan reacios a enterarnos porque el artículo es magistral. Y, si hablamos de fútbol, doblemente interesante.

  2. innecesario says

    Todo muy bien solo hay un problema y no es otro que el que esas clases bajas que admiran el gol de Iniesta han tenido educacion gratuita los ultimos años y han elegido ser «estupidos». Ese es el problema y no el futbol. El elegir ser «estupido». ¿O es que la «libertad» de eleccion siempre te hace elegir bien?

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