La OIT señala el camino opuesto al de Rajoy

Oficina de empleo en el madrileño Paseo de las Acacias. / Efe

Que la crisis económica y la resaca de miserias que trae a la grupa tiene más que ver con la orgía de la desregulación de los mercados financieros que con las condiciones del mercado de trabajo lo sabemos todos, incluso el presidente del Gobierno debe de saberlo, pero da lo mismo. Tan es así que lo sabemos que al poco de estallar la crisis financiera tras la caída de los hermanos de Lehman, de estos asuntos (paraísos fiscales, agencias de calificación) hasta se habló en alguna reunión del G-20, pero ya se nos ha olvidado, despistados como andamos con las jaimitadas que se le ocurren al gobierno de turno y con los caprichos de la señora Merkel, que nos tiene hasta el gorro.

Está claro que sin regulación – de los mercados financieros, quiero decir,- no hay solución y está claro también que hacer las cosas de otra manera, una manera (gobernanza lo llaman) que tenga algo que ver con la moral y la decencia, es posible. Únicamente se requiere voluntad política para hacerlo y para meter una buena colleja en lo alto de la cresta a los usureros, a los ventajistas, a los que especulan con el precio del trigo, a los malnacidos.

Publicidad

De algunas de estas cosas trata el informe Trabajo en el mundo 2012 que hizo público ayer la Organización Internacional del Trabajo (OIT) a sólo unas horas de la celebración global del Primero de Mayo. El estudio recuerda que el déficit de empleos desde el estallido de la crisis ronda los 50 millones, que se dice pronto. Y eso es sólo el comienzo: ¿qué pasará -se pregunta- con los 80 de millones de personas que deberían entrar en el mercado de trabajo en los próximos años? «Después de cuatro años de crisis mundial, los desequilibrios en el mercado de trabajo son estructurales y, por lo tanto, más difíciles de erradicar», dice el informe, que no se olvida tampoco de que aquellos que conservan su empleo lo hacen cada vez en condiciones más precarias o de que el trabajo irregular se dispara exponencialmente. Una maravilla, vamos.

«Además», recuerda la OIT, «las mujeres y los jóvenes se ven afectados de manera desproporcionada por el desempleo y la precariedad laboral. En concreto, las tasas de desempleo juvenil aumentaron en cerca del 80 por ciento de las economías avanzadas y en dos tercios de las economías en desarrollo».

Y, como diría el castizo, ¿ahora qué hacemos? Pues, según la OIT, lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mariano Rajoy. La OIT recuerda que en los países amachambrados en las políticas de ajuste y austeridad, principalmente los del sur de Europa, el crecimiento económico y el empleo han continuado deteriorándose, al tiempo que fracasaban los intentos de estabilizar la situación fiscal. Es aquello de las estériles y amargas lágrimas.

«La razón fundamental para estos fracasos es que estas políticas no tienen la capacidad de estimular la inversión privada. La trampa de la austeridad se está accionando. La austeridad, en efecto, ha producido un crecimiento económico más débil, incrementado la volatilidad y empeorando el balance financiero de los bancos, ocasionando una mayor contracción del crédito, menores inversiones y, en consecuencia, mayores pérdidas de empleos. Paradójicamente esto ha afectado de manera negativa a los presupuestos de los gobiernos y, por lo tanto, ha aumentado la exigencia de mayor austeridad», recuerda la OIT dibujando un delirante escenario de pescadillas mordiéndose el rabo; perdón, la cola.

En relación a las políticas de liberalización, el informe, tal y como confirman los resultados de la EPA del primer trimestre del año en España,  señala que fracasarán en el objetivo de impulsar el crecimiento y el empleo a corto plazo. «De hecho», añade la OIT, «los efectos de las reformas de los mercados laborales en el empleo dependen en gran medida del ciclo coyuntural. Ante una recesión, normas menos rígidas pueden dar lugar a más despidos sin apoyar la creación de empleo». O sea, lo que ya sabíamos, pero, por lo visto, no basta con saberlo, además, hay que padecerlo.

De algunas de estas cosas hablarán hoy los dirigentes sindicales en las cerca de 80 manifestaciones convocadas en otras tantas ciudades españoles. El problema es saber ante cuanta gente lo harán y qué haremos después, cuando haya pasado el puente.