España al límite: el Gobierno apretará más a la ciudadanía

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Luis de Guindos, ayer, en un momento de su intervención en el foro Tribuna Barcelona. EFE / Albert Olivé

Nuestra economía afronta una tormenta perfecta. La caja de los truenos de la crisis ha estallado y lo que hay que desear es que sea sólo la traca final que antecede a la calma. Pero mientras, el paro y las cifras macroeconómicas golpean, la Bolsa se hunde, la deuda sufre y la banca agoniza, ya que está inmersa en un proceso de recapitalización interminable. Bankia está en el ojo del huracán, mientras Sabadell y Cívica han perdido el grado de inversión por parte de Standard & Poor´s. Por cierto, la agencia de calificación rebajó el rating a España la semana pasada. Luis de Guindos dice no pero sí al banco malo inmobiliario. A la sociedad le pasan la factura de la crisis en el irpf, el copago, el IVA y ahora, en el colmo de la locura, le harán pagar peaje en autovías. ¿Hay motivos para la esperanza?

La Bolsa comenzó su declive imparable en cuanto terminó la barra libre de liquidez LTRO del Banco Central Europeo (BCE) -que ha celebrado su última reunión mensual en Barcelona-, y empezaron a conocerse medidas atropelladas de recorte del Gobierno.

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Este desplome amenaza con llevarse por delante a muchos accionistas y ejecutivos de las grandes empresas. La clave se llama ‘margin call’: las garantías que les tocará reponer a tanto pseudo millonario que compró acciones a crédito, con las propias acciones como colateral. Al caer tanto la cotización, lo que figura como garantía vale menos y, por tanto, el banco acreedor exige que se amplíen. Pero no tienen patrimonio para hacerlo.

Entonces, las entidades crediticias tienen que embargar y vender, lo cual hunde aún más la cotización. Y si no es así es porque los bancos prefieren negociar antes que ejecutar. Aun así, los inversores prefieren vender por si acaso y los especuladores bajistas multiplican su asedio. Un verdadero círculos vicioso. ¿Casos? ACS, Sacyr, FCC, Gamesa (esta última, pasto de los fondos bajistas). Por no hablar de los bancos, que también han sido objeto de ataque de los cortos.

La caída bursátil es dura, por cuanto mientras los principales índices europeos han capeado el temporal, el Ibex se hunde más de un 20% anual. El Dax alemán gana más de un 13% (si mantuviera la tendencia, se revalorizaría alrededor del 30% en 2012). Los inversores hace tiempo que tienen señalada a España. Ángela Merkel se encarga de alimentar esta idea que discrimina favorablemente a Alemania, en detrimento de nuestro país.

Problema real

Pero el problema real es la banca. Los eternos problemas de recapitalización por culpa de sus activos tóxicos inmobiliarios son una canción de nunca acabar, a pesar de que el Banco de España les ha exigido provisiones más altas que a nadie y la autoridad bancaria europea (EBA) les ha obligado a disponer de unos ratios de capital estratosféricos.

Algo está pasando, porque la banca supera todos los test de stress habidos y por haber , el Banco de España da el visto bueno a las entidades y, sin embargo, el FMI dice que hay que insistir en la recapitalización, señalando incluso a alguna entidad (¿para qué, entonces, los test de stress y las exigencias de core capital?). En los últimos días, se han intensificado los rumores de intervención sobre entidades como Bankia, nacidos sin duda desde el propio Gobierno o el PP.

Desde el Ejecutivo, por cierto, se dice oficialmente que no habrá ‘banco malo’, en el que las entidades puedan externalizar sus activos tóxicos, limpiando así sus balances. No, Rajoy no quiere que los bancos se confíen y, en todo caso, presentará un invento así cuando haya finalizado la reordenación del sector.

El ‘banco malo’ lo defienden Isidro Fainé (La Caixa) y Rodrigo Rato (Bankia), haciendo lobby más o menos activamente, junto a Popular y Sabadell. Claramente opuestos a ello están BBVA y Bankinter, entidades con poca exposición al ladrillo que no quieren que las ayudas públicas vayan paliar unos problemas que ellos no tienen porque han sido más prudentes.

Guindos ha sorprendido a propios y a extraños, reconociendo que habrá una especie de vehículo donde colocar estos activos, etcétera. Sí pero no, aunque, en todo caso, nada inminente. Antes, tendrán que sanear CAM y colocar el Banco de Valencia.

Lo que parece claro es que habrá que recapitalizar el sistema y será con fondos públicos. A cambio, habrá algunas exigencias como, por ejemplo, el relevo en algunas cúpulas directivas.

Latinoamérica nos pierde el respeto

Y, por si fuera poco, Argentina se lió la manta a la cabeza expropiando YPF a Repsol, cosa que fue replicada en el acto por Evo Morales, que, en un gesto más simbólico que efectivo, expropió a su vez la filial boliviana de Red Eléctrica. Y menos mal que Hugo Chávez está malito, que si no el descerebrado mandatario no habría tardado nada en secundar a Cristina Fernández Kirchner. Sin olvidar a Rafael Correa en Ecuador, que también ha mostrado veleidades de este tipo.

En este caso, las alimañanas han olido la sangre. España estaba marcada por los mercados, con un paro galopante, medidas claramente impopulares y muy presionada por sus socios europeos. Kirchner, secundada por su joven camada de políticos, vio la oportunidad, acuciada por una inflación energética que no le auguraba nada bueno.

El estancamiento es una realidad. La crisis global ha golpeado. El déficit fiscal crece en un país en el que las buenas prácticas no han sido una constante. Por otro lado, hay exceso de empleo público y el cristinismo promete subsidios interminables, como si el dinero fuera lo de menos. Algo de esto nos suena a este lado del Atlántico.

Después de varias décadas, Argentina se ha encontrado con que es importadora neta de energía, por lo que, después de advertencias nada veladas, incautó YPF, sobre todo una vez confirmado que el yacimiento de Vaca Muerta es una bicoca.

Lo malo es que hace falta mucho dinero y mucha tecnología para explotarlo. Argentina adolece de ambas cosas. Y tampoco pagará dinero a Repsol: se inventará argucias contables, acusará de cuestiones personales a los ejecutivos españoles e intentarán imputar delitos ecológicos a Repsol. Por ahí vendrán los argumentos del país para no indemnizar por la expropiación.

Más presión al ciudadano

En fin, un desastre. Para salir de él, el Gobierno dará más vueltas de tuercas a la ciudadanía, seguramente a través de esos Consejos de Ministros del viernes que ya espramos todos con miedo cercano al pánico.

Aunque también conviene no perder algunas cosas de vista. El Tesoro sigue colocando sin problemas la deuda, aunque a tipos más altos de lo deseable. La demanda permanece firme. Las exportaciones suben sin estrépito, pero ahí están. Y las cifras de PIB son algo menos malas de lo previsto, proyectando para el año un decrecimiento menor al 1,5%.

Si las reformas calan y las Comunidades Autónomas lo permiten, puede que la cosa no esté tan fea, pero, en cualquier caso, este 2012 es claramente un año de purga.

1 Comment
  1. Ana says

    Si son tan tóxicos, que los suelten

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