Rajoy cancela los programas de cooperación al desarrollo regulados por el Gobierno de Zapatero

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Visita reciente de Mariano Rajoy a los nuevos espacios del Centro Cultural de España, remodelados gracias a la colaboración de AECID y el Gobierno mexicano. / aecid.es

Mediante Resolución de 14 de junio de 2011, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) reguló la concesión de subvenciones en régimen de concurrencia a las ONG del sector cuyos proyectos abarcaran un período de cuatro años (ejercicios 2012 a 2015). La convocatoria estimulaba la ejecución de programas de inversión duradera en los llamados Países Menos Adelantados (PMA), a los que se reservaba un mínimo del 25% de los créditos totales asignados en esa convocatoria plurianual. La financiación del Estado ascendía a la no despreciable cifra de 290 millones de euros, de los que el 25% iría destinado a la dotación de servicios sociales básicos y el 10% a proyectos de desarrollo rural y lucha contra el hambre. Los convenios a suscribir entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (al que pertenece la AECID) y las ONGD, a pesar del estancamiento de la economía española, serían de cierta envergadura, pues su número no podía sobrepasar un máximo de 85. Como se trataba de inversiones a largo plazo, la tramitación de la convocatoria de la AECID tenía las características de la anticipación y la plurianualidad, asignándose las subvenciones con cargo a los créditos presupuestarios de los ejercicios 2012 a 2015.

En junio de 2011 el horizonte electoral se veía todavía lejano. Las elecciones generales se situaban en el mes de marzo de 2012 y el 20 de noviembre del año pasado sólo se celebraban, una vez más, la festividad de San Félix de Valois y también –aunque sólo por los nostálgicos del fascismo español- los funerales de un antiguo dictador. Nada más. Por consiguiente, la Resolución de la AECID se atuvo a lo estrictamente previsible entonces. Las ONGD se pusieron manos a la obra para presentar cuanto antes sus proyectos, debiendo elegirse los mejores entre el 1 de enero y el 29 de febrero de 2012, cuando, teóricamente, ya habrían sido aprobados los Presupuestos Generales del Estado correspondientes al año en curso. Llegó el final del plazo y, como todos sabemos, seguíamos no sólo sin Presupuestos Generales, sino también sin la menor idea (salvo el aula regia de Mariano Rajoy) de su contenido, sin intuir siquiera de qué iba la cosa. Y la AECID no tuvo más remedio que ampliar el plazo de resolución de las subvenciones dos meses más. ¡Pobrecita la AECID! Como todos nosotros, estaba todavía en el limbo de la inocencia presupuestaria.

“Una vez conocido el proyecto de Presupuestos para el ejercicio 2012, primero para el que se autorizaron créditos con destino a la financiación de la convocatoria, y a la vista de la situación financiera del país, que obliga necesariamente a adoptar restricciones presupuestarias, resulta inviable la asunciónde los compromisos de gasto adoptados en la Resolución de 14 de junio de 2011, que se deja sin efecto. Ítem más: “…al no haberse reunido la Comisión de Valoración ni existir propuesta de resolución provisional ni definitiva, ni por ende, notificación alguna, no existe derecho alguno a favor de los solicitantes, que no han llegado a adquirir el carácter de beneficiarios”. Los párrafos anteriores pertenecen al puño y la letra de Juan López-Dóriga, Director actual de la AECID, y fueron escritos la semana pasada.

La recesión (o depresión) está haciendo estragos en todos los capítulos de la economía española. La austeridad se impone con la fuerza que tienen las necesidades reales y ahora el Gobierno de Mariano Rajoy pone contra las cuerdas a la cooperación al desarrollo. Ya saben: todos debemos ajustarnos el cinturón (y los de fuera aún más). Pero, desengañémonos, no existe ningún poder público que no tenga sobre su mesa diversas economías de opción. El gran Paul A. Samuelson demostró que incluso las economías de recursos más escasos disponen de usos alternativos. Todas tienen la opción de fabricar cañones o mantequilla. Vistos los capítulos presupuestarios que el Gobierno dedica al Ministerio de Defensa y a la financiación de la Iglesia Católica, los cañones de Samuelson han perdido su condición metafórica y son el cemento armado de la realidad militar y espiritual de España. Según el presidente popular, la mantequilla es sólo un ingrediente de la famosa “herencia recibida”. ¡Acabáramos! Por fin se entienden “las reformas” a cañonazos del artillero Rajoy.

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