Una generación perdida… o dos… o tres

Miles de jóvenes participaron ayer en la manifestación de Barcelona en defensa de la educación pública. / A. García (Efe)

Tengo la impresión de que, aunque me lo jugara, no perdería el bigote si lo apostara a que la mayoría de las decenas de miles de jóvenes que participaron en la huelga general de la educación pública desconocía el informe Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2012; entre otras cosas, porque la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo hizo público ayer mismo. Dicen las crónicas que la participación de los estudiantes, de los alumnos, fue determinante en el  éxito del 22-M y que su presencia se hizo notar de forma especial en el sarpullido de manifestaciones y concentraciones que se propagó ayer por todo el país y que, sin embargo, no acaba de picar a este gobierno sordo, ciego y, a lo que parece, con una epidermis del grosor de la piel de un elefante, dicho sea sin retranca antiborbón.

El informe de la OIT sobre el presente de los jóvenes – esos que están buscando trabajo, esos que están preparados como nunca y jodidos como siempre-, es demoledor. Según la OIT, cerca de 75 millones de jóvenes están desempleados en el mundo, lo que equivale a un incremento de más de 4 millones desde 2007. Se prevé que en 2016 la tasa de desempleo juvenil se mantenga al mismo nivel. Y el asunto no queda ahí si tenemos en cuenta que las estadísticas dejan fuera a todos aquellos que, hartos, han dejado de buscar. Si la tasa de desempleo juvenil se ajustara a la deserción provocada por la crisis económica pasaría del 12,6 al 13, 6%, esto es, un puntito, otros 6,4 millones de jóvenes en todo el mundo que no sabemos si han optado por meterse en casa, hacer un máster o dedicarse al menudeo de hachís… Y los de la EPA, sin enterarse.

Publicidad

La Organización Internacional del Trabajo alerta también de que el problema no solo es la falta de empleo, sino que el que hay es cada día más temporal y más precario y que buena parte de la culpa de esta degradación la tienen las reformas laborales que se han aprobado al amparo de la crisis. O sea, lo que ya sabíamos. Es una pena que doña Fátima Bañez no se lea estos informes. O no se los lee o, si lo hace, no les hace ni caso.

Tampoco parece que el ministro de Educación preste mucha atención a estas monsergas de la organización mundial de los currelas, porque el documento alude explícitamente a lo que habría que hacer para evitar no ya que la actual, sino la próxima generación que acceda al mercado de trabajo, se convierta también en una generación perdida… y ya van dos.

«La educación y la capacitación son esenciales para que los jóvenes puedan incorporarse al mercado laboral con éxito, ya que incrementan su productividad y empleabilidad potencial. En las economías desarrolladas, la educación también sirve como un escudo contra el desempleo para muchos jóvenes y hay un fuerte vínculo entre el nivel educativo y los resultados laborales». No sé yo si recortar 5.660 millones en Educación entre este año y el que viene será el camino, pero como diría un mal monólogo televisivo, «vaya usted a saWert».

– ¿Pero alguna vez tendrá que parar esto?, me pregunto a mí mismo.

– Pues no te creas, me contesto.

Si ya perdimos una generación y estamos a punto de perder otra por culpa de la degradación de la educación,  hay una tercera que viene después, la de los más chiquitos, que no es que tenga complicado el futuro, es que ya está padeciendo los rigores de los mercados y la cobardía de los políticos -y de todos los demás- en el presente. El informe que Unicef  España hizo público el pasado lunes (La infancia en España 2012-2013) nos restriega por la jeta que están siendo los más pequeños los más castigados por la crisis.

En fin, que, como diría mi abuela, vaya panorama que les vamos a dejar a estas pobres criaturas. Entre eso y que los mayores de 45 años somos carne de ERE se puede concluir que la plenitud laboral de un tío va de los 30, si tiene suerte, a los 50, si ha nacido con una flor en el culo. Veinte añicos, como decía Gardel… A esto es a lo que llaman productividad… No quiero ni pensar qué hubiera escrito Discépolo con un material como este.