UE: Otros presupuestos contra el euro

Merkel y Rajoy, ayer, a su llegada a la reunión bilateral que mantuvieron en Bruselas para analizar la propuesta sobre el presupuesto de la UE (2014-2020). / Bernal Revert (Efe)
(Actualización del día 24, a las 13:00, tras el fracaso de la Cumbre Presupuestaria)

El debate sobre las líneas presupuestarias de la Unión Europea para los próximos siete años que escenificaron jueves y viernes en Bruselas los primeros ministros de la UE supondrá en la práctica otro golpe para el euro, a corto o largo plazo, al fracasar el acuerdo y quedar pendiente hasta principios de año próximo, aunque ni siquiera planteaba soluciones presupuestarias a la crisis. Esta unión, tanto la económica de los 27 como la monetaria de los 17, es de normas reguladoras de la economía, no de transferencias desde los presupuestos públicos. Casi al revés de lo que recomienda desde hace 50 años la teoría de las áreas monetarias óptimas, siempre desoída por los políticos, aunque hasta ahora se ha visto confirmada por los cuatro primeros años de prueba de la unión monetaria en torno al euro.

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La Comisión propuso elevar los créditos del anterior marco un 6% (cifra inferior a la inflación)  y el Consejo intenta reducirlos un 2%. Este 8% de recorte sobre el inicial mas de un billón de euros presupuestados equivale a unos 80.000 millones. Pero Cameron quería comparecer ante la opinión británica con mucha más leña al mono, secundado por Suecia y Holanda. A Merkel le parecía que basta con recortar otros 30.000, de manera que ya se cruzan apuestas por una rebaja final de 100.000 euros en el proyecto de la Comisión. La canciller ha dejado en bandeja al caballo de troya británico alargar el debate al menos hasta el siguiente consejo europeo de febrero, a la espera de mayores batallas por la unión bancaria y fiscal (es decir, política), que difícilmente se decantarán antes de sus elecciones de septiembre. La crisis y los presupuestos deberán esperar, si confían en soluciones del liderazgo alemán, opuesto a escuchar los consejos de los teóricos de las áreas monetarias óptimas: compensar con transferencias las deficiencias en la movilidad de trabajo y capital.

El comunicado final del presidente del consejo dice que el debate ha mostrado “un grado suficiente de convergencia potencial para hacer posible un acuerdo a principios del próximo año", a lo que el presidente Van Rompuy añadió que "los próximos 7 años serán cruciales para poner a Europa en la senda de la recuperación y el crecimiento".  De menor consenso fueron las declaraciones de otros líderes: Angela Merkel, en línea con Cameron, apreció "margen para recortes en muchas partidas", François Hollande precisó que  "deben ser escuchados los países amigos de la cohesión y los que se benefician de las ayudas agrícolas", y Mario Monti que "no aceptará una mayor reducción del presupuesto", además de señalar que "la falta de acuerdo de hoy no debe asustar a nadie". Entre tanto, Mariano Rajoy se mostró "razonablemente satisfecho".

El llamado presupuesto de la UE para el periodo 2014-2020 ha reflejado otra vez una discusión entre los países donantes y los países receptores; es decir, entre los que aportan más de lo que reciben (primera columna del gráfico) y los que reciben esas transferencias netas (primera línea). En el tira y afloja entre la defensa de esos intereses, uno de los pocos que se salió del guión fue el primer ministro belga, Elio Di Rupo, al declarar: “No podemos tener una UE que exige y que impone y que al mismo tiempo no tiene medios para sus políticas”.

Gráfico: European Comission DB Research.

La cruda realidad de este diagnóstico queda reflejada en el cruce de dos cifras. Una es el más de medio millón de normas incluidas en la base de datos Eur-Lex. Otra, el tope puesto en la Agenda del 2007 a las últimas líneas presupuestarias plurianuales: el 1,01% de la RNB. La mala noticia es ni siquiera la décima parte de esa cifra (es decir, menos del 0,1% del PIB comunitario) irá a transferencias presupuestarias netas desde los donantes a los receptores. La peor es que ni siquiera estos dos grupos son lo que parecen si en vez de ese reparto de recursos públicos consideramos también los privados; es decir, el conjunto de rentas transferidas cada año por toda la actividad económica.

Precisamente durante los diez años de vida del euro países que antes eran receptores netos desde esa última perspectiva han pasado a ser donantes por la vía del sector privado. A ello se añade que, con los presupuestos para los próximos siete años, ni siquiera van a ser receptores de las transferencias públicas. Es el caso de España, que van a empezar a ser contribuyente neto, por primera vez desde que entró en las comunidades (ahora UE), cuando la realidad es que por la vía de la actividad económica total ya no se beneficia en términos netos de la integración económica desde que se creó el euro.

En efecto, una estimación que separa los efectos presupuestarios y de las transferencias realizadas por el mercado indica que España ha ganado por los primeros desde que se inició la unión monetaria 54.3000 millones de euros brutos, aunque ha perdido por las segundas casi 130.000 millones de euros.  Así, desde que entró en las comunidades ha ganado 95.330 millones por los presupuestos en términos brutos, pero ha perdido 111.600 por la vía del mercado. En cambio, hasta llegar el euro, España también ganaba en el total neto por la vía del mercado (flujos comerciales y financieros de todo tipo), como refleja el cuadro adjunto. Ahora va a perder por las dos vías en los años próximos, con perjuicio tanto para las regiones que superen el 75% de la renta media comunitaria (ya en esta ocasión Andalucía, Galicia y Castilla-La Mancha), como también para otras que superen el 90%, por lo que Mariano Rajoy ha reclamado que al menos las primeras sigan recibiendo al menos dos tercios de la ayuda que han tenido hasta ahora y eso solo puede conseguirse en detrimento de las que quedan bajo ese umbral.

Gráfico: Donato Fernández Navarrete, con datos de las balanzas de pagos y cuentas financieras del Banco de España.

Las pérdidas españolas serán mayores de lo previsto por la Comisión al elaborar estas líneas presupuestarias, que no llegan a sumar para los siete años una media de 150.000 millones de euros anuales, cifra que suma para el conjunto del periodo más de un billón, equivalente al PIB español de un año. La propuesta presentada hace diez días por el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy , ya recortaba ese billón en 80.000 millones respecto al proyecto inicial. Y encima en la primera jornada del debate han pedido más recortes los primeros ministros de Reino Unido, Suecia , Austria, Holanda, Finlandia, Dinamarca, ante el beneplácito de otros como Alemania e incluso algo de Francia. Han reclamado además mantener la compensación financiera que reciben por su alta aportación neta, y Dinamarca ha pedido apuntarse a un "cheque" similar, de manera que entre los aliados o simpatizantes de la actual coalición alemana solo Holanda parece haber quedado al margen.

Así las cosas, es previsible que la amenaza de veto y consiguiente ruptura de la unanimidad requerida de los participantes vaya a suavizar esas pretensiones en la segunda jornada de esta cumbre. Si el espectáculo ante sus respectivas opiniones públicas lo requiere, como parecía anunciar ya la actitud alemana, habrá otro consejo europeo para tratar el tema. Pero en cualquier caso el resultado será aun más regresivo que cuando la Agenda del 2007 redujo por primera vez el techo de recursos propios comunitarios desde el 1,27% al 1,24% del producto nacional bruto (PNB), lo que en términos de créditos de compromiso suponía topar hasta el 1,01% de las rentas nacionales brutas (RNB), aun cuando entonces la política de cohesión superó por primera vez en gasto a la política agrícola común y las líneas estratégicas fueron el crecimiento sostenible (incluye la política de cohesión), la conservación de los recursos naturales (incluye la PAC), la ciudadanía europea y la Unión Europea en el mundo.