Méndez limita a doce años el mandato de su sucesor

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Cándido Méndez, reelegido ayer secretario general, junto a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, durante la clausura del 41 Congreso de UGT. / Sergio Barrenechea (Efe)

A la ministra de Empleo, Fátima Báñez, no le pitaron ayer en la clausura del 41 Congreso Confederal de UGT, y no por falta de ganas de buena parte del respetable, pero se llevó algunos recados prendidos de la melena. Y es que parece que el reelegido secretario general de la UGT (cuya propuesta de Comisión Ejecutiva obtuvo el 86,32% de los votos) tenía ganas de decir algunas cosas y arrancó su intervención diciéndolas. Y habló de la represión franquista, de la guerra y de la postguerra, de las cunetas, de los fusilamientos, de las torturas, de la cárcel y de las penurias, de la miseria, y dijo también, como no podía ser de otra manera, que esas cosas no se olvidan.

Cándido Méndez arremetió también contra la fracasada política económica española y europea y, eso sí, le dijo a la señora ministra que si su jefe está dispuesto a plantarse frente a las autoridades comunitarias para emprender una política de estímulos al crecimiento y a la creación de empleo contará con el apoyo decidido e inequívoco de los sindicatos. Cuando tras la frase miré a Toxo, que también andaba por allí, el secretario general de CCOO no movía la cabeza -ni de izquierda a derecha ni de arriba abajo-, así que supongo que la dará por buena.

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El 41 Congreso de UGT deja más cosas abiertas que cerradas. Y la primera de todas, la sucesión del secretario general, ya que, según fuentes próximas a Méndez, este, el sexto, será su último mandato. Así que, se quiera o no se quiera, se diga o no se diga, la carrera por la sucesión ha quedado definitivamente abierta, y eso siempre tiene consecuencias en el día a día de las organizaciones. Cuando dentro de cuatro años Méndez entregue el testigo de la secretaría general, quien lo reciba ya sabrá que su gestión estará limitada a tres mandatos; doce años, vamos. Y es que alguna enmienda sobre este asunto debió presentarse finalmente, aunque  en su día no le constara al secretario de Organización, José Javier Cubillo. Y no solo se presentó, sino que parece que fue aprobada por el plenario, acabando de paso con una tradición de mandatos interminables. De hecho, Francisco Largo Caballero ocupó el cargo dos décadas y Nicolás Redondo 23 años, el mismo tiempo que puede agotar ahora Méndez, que ya lleva 19.

También queda abierto el proceso de simplificación en la estructura del sindicato, que se da un plazo de cuatro años para afrontar una concentración que llevaría a una dirección confederal centrada en tres o cuatro grandes áreas (industria, sector privado y sector público) que deberán ser autosuficientes económicamente. Esa tarea tampoco es moco de pavo.

La página web con los perfiles de los dirigentes confederales tampoco va a cambiar mucho. Las caras de la dirección no sufren grandes novedades y no hay cambios en las principales secretarías, que siguen en manos de Toni Ferrer (Acción Sindical) y Cubillo (Organización).

Y por lo que a las lentejas se refiere, el 41 Congreso apostó por una banca pública que haga fluir el crédito, por la creación de una comisión de investigación en el parlamento que depure las responsabilidades de las instituciones financieras durante la crisis, por extender la protección por desempleo a quienes trabajan en el servicio del hogar, eliminar la desigualdad retributiva entre hombres y mujeres, mantener la actual legislación sobre la interrupción voluntarias del embarazo, destinar a políticas activas de empleo el 50% de lo que se obtenga de la lucha contra el fraude fiscal, reformar la legislación hipotecaria en lo relativo a la dación en pago o instaurar una renta básica para superar la pobreza y la exclusión. Como diría un peque el último día de escuela, parace mucha tarea pal’verano. No sé yo.

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