El rey prestamista

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El rey, la infanta Cristina y el marido de ésta, Iñaki Urdangarin, durante una celebración familiar, en 2009. / Efe

Desconcertante, oscuro y surrealista. ¿No les parece? Ahora resulta que el rey don Juan Carlos transfirió a su hija la infanta doña Cristina la cantidad de 600.000 euros el 30 de julio de 2004. Y también otra cantidad por igual importe casi dos meses después, el 29 de septiembre de 2004. Según la Casa del Rey, ese importe global de 1.200.000 euros corresponde a un préstamo de naturaleza finalista efectuado por Su Majestad a su hija menor. El préstamo fue el alimento para el abono parcial del precio de compra del palacete de Pedralbes, adquirido por la infanta y su marido Iñaki Urdangarin (o para el pago de su reforma posterior). ¿Se trató de un préstamo estrictamente individual, a pesar de que las dos transferencias fueron abonadas a una cuenta de titularidad conjunta que el matrimonio Urdangarin-Borbón tenía en La Caixa? Al parecer, sí: buena prueba de ello es que la infanta computó en sus declaraciones del Impuesto sobre el Patrimonio el saldo deudor total de 1.200.000 euros.

Desconcertante, oscuro, surrealista y… providencial. Este préstamo bajado del cielo y procedente, por arte de birlibirloque, como de ultratumba, le viene de miedo a la infanta, investigada por un juez por la posible comisión de un delito contra la Hacienda Pública y otro de blanqueo de capitales, relacionados ambos con la compra de la suntuosa mansión de Pedralbes y su posterior y no menos suntuosa reforma. En el supuesto, naturalmente, de que el otorgamiento del préstamo conste en escritura pública, pues salvo las excepciones previstas en el artículo 1.227 del Código Civil (que no parecen afectar al caso de autos) los simples documentos privados no tienen eficacia frente a terceros (entre ellos, la Hacienda Pública). Pero supongamos que existe esa escritura pública. Quedarían aún bastantes flecos pendientes. Por ejemplo, ¿dónde están los justificantes bancarios de las transferencias reales?; ¿está en disposición la infanta de acreditar que las cantidades prestadas se aplicaron efectivamente a la adquisición o a la reforma de su vivienda habitual? Ítem más: ¿pactaron las partes la retribución del crédito mediante el devengo de un interés?; ¿ha declarado el rey en su IRPF algún rendimiento de capital por dicho concepto?; ¿cuál es el plazo de duración del préstamo y su saldo actual?; ¿cómo está amortizando la infanta Cristina su capital, y qué fuentes de renta está destinando a dichas devoluciones? Por otro lado: ¿dónde está el documento justificativo de la presentación del préstamo a liquidación por el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales, aunque sea –en su condición de operación exenta- a tipo cero? Parole, parole, parole…

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Desconcertante, oscuro, surrealista, providencial y… ¿también chapucero? Las donaciones entre cónyuges tributan. Digo esto porque, siendo el préstamo una merced regia a una persona, quizás se haya producido un incremento de patrimonio ilegítimo a favor de otra persona. Pues, si como dice la Casa del Rey, el préstamo era para adquisición de vivienda y la infanta es la única deudora del mismo, es obvio que el señor Urdangarin (copropietario al 50% de la vivienda) se habría beneficiado de un incremento patrimonial de 600.000 euros, limpios de polvo y paja. Su esposa habría realizado a su favor una donación encubierta y no declarada por la que habría debido tributar el ex balonmanista en su condición de donatario y sujeto pasivo. Como la tarifa del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones es progresiva,  en este caso la cuota que debería haber satisfecho don Iñaki superaría la cifra de 120.000 euros. Es decir, aunque prescrito el ilícito, el otrora llamado Duque de Palma habría cometido probablemente un delito fiscal gracias al obsequio de su esposa. Hay amores que matan.

¿Se acuerdan del camarote de los Hermanos Marx? Parece increíble, pero el camarote de la Zarzuela lo supera de largo: cuando pensamos que ya está repleto de un paisaje humano imposible en su siniestra comicidad, se abre la puerta para demostrarnos que lo imposible es la forma cotidiana de la existencia de sus ocupantes. 

3 Comments
  1. Lucas says

    El rey puede hacer lo que le dé la real gana, que para eso es el rey. Si no lo quieren, cambien la constitución y pongan una república.

  2. Verbarte says

    Lo que faltaba por ver en este país es la Casa Real practicando la caridad entre sus propios miembros. http://wp.me/p2v1L3-nv

  3. J. Mos says

    Como siempre en España, la ciudadanía a aguantar y los poderosos canpachanamente nos dan palmaditas en la espalda mientras se hacen de oro a costa nuestra. Y el rey no puede hacer lo que le da la gana. Su trabajo obliga y si no lo cumple que abdique o que le abdiquen. El ser una monarquía constitucional obliga a poner unas reglas del juego. De todos modos si que habría que modificar la constitución, empezando por la Ley electoral. Hace tiempo que este pais necesita una nueva transición por que nuestra actual democracia se nos ha quedado pequeña, vieja y aburrida.

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