La irresistible ascensión de ‘Treméndez’

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El director de la Agencia Tributaria, Santiago Menéndez, en una imagen de archivo. / Efe

El 28 de junio fue cesada Beatriz Gloria Viana como Directora General de la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT). Viana fue la cabeza de turco sacrificada por el Gobierno para contener el escándalo del famoso NIF 14-Z y remediar dentro de lo posible el patinazo de Hacienda en el affaire de las operaciones inmobiliarias –ficticias- de la Infanta doña Cristina de Borbón.

Ese mismo día –el 28 de junio de 2013– el Gobierno, a propuesta del Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, nombró, como sustituto de Viana, a Santiago Menéndez. El nuevo Director General de la Agencia Tributaria pertenecía al Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda del Estado y no contaba con el aprecio unánime de sus compañeros. Según fuentes de “la Casa” consultadas por cuartopoder.es, dignas de toda confianza, Menéndez es una persona atrabiliaria y un alto funcionario enamorado, más que del interés general, de su propio poder discrecional. Un déspota conocido en los pasillos y despachos de la Inspección con el mote de Treméndez.

Los peores augurios sobre la designación de Treméndez comenzaron a hacerse realidad el 9 de julio. Ese día se publicaron en el BOE, formalmente por decisión del Presidente de la Agencia Tributaria, Miguel Ferre, los ceses del Delegado Central de Grandes Contribuyentes, y de las Directoras de los Departamentos de Gestión Tributaria, Recaudación y Recursos Humanos. La Agencia Tributaria sufría una revolución copernicana, sin una lógica aparente, por obra y gracia de Treméndez. Quizás los cesados no se habían quitado el sombrero al paso del nuevo y flamante Director General.

En este caldo de cultivo irrumpe la inspección abierta a la cementera mexicana Cemex. Aparte de las cuotas levantadas por la Inspección por el Impuesto sobre Sociedades, se incoa expediente sancionador a dicha multinacional y se le impone una sanción también millonaria. La empresa recurre en reposición, algo insólito porque las empresas afectadas –sabedoras de que la Inspección no va a reconsiderar su decisión- reclaman directamente a los tribunales económico-administrativos y posteriormente acuden a la jurisdicción ordinaria. Y más aún en el caso de Cemex porque la empresa no aporta argumentos nuevos. Todo indica, aunque es imposible saberlo, que el recurso de reposición no tiene otro objeto que ganar tiempo para negociar una solución favorable a la multinacional mexicana que dictaría una instancia “extrajurídica”. Pero todo son conjeturas.

El caso es que el recurso es desestimado por la “segunda” de la Oficina Técnica, Dolores Linares, y el expediente aparece como un hecho consumado en la mesa del Delegado de la Oficina Central de Grandes Contribuyentes, Ignacio Huidobro. Quizás no haya habido demasiada cortesía, pero Treméndez, en vez de pedir explicaciones al Jefe de la Oficina Técnica, cesa fulminantemente a Dolores Linares. El cese de esta última motiva un carrusel de dimisiones en la Inspección, empezando por el jefe de área de esta última, Ignacio Ucelay.   

En esas estábamos cuando, el martes pasado, presenta su dimisión Luis Jones, Director del Departamento de Inspección. Luis Jones, que desempeñaba el cargo antes de la llegada de Menéndez a la Dirección de la Agencia Tributaria, es un profesional respetado entre los suyos y, sobre todo, un burócrata que sirve con objetividad el interés general. Y que, de acuerdo con el principio de jerarquía administrativa, algo tenía que decir en todo este embrollo de los ceses y destituciones de funcionarios causados por el asunto Cemex y sobre los posibles sustitutos de los que han abandonado sus cargos en el Departamento de Inspección. Ninguneado y puenteado por Menéndez, el bueno de Jones sólo tenía la salida digna de la dimisión. Algunos inspectores únicamente le reprochan haber esperado tanto tiempo desde la llegada del nuevo Director General de la Agencia Tributaria.

En resumen, que la objetividad se va y Treméndez sigue. Sin que podamos olvidar dos cosas. Que al Director de la Agencia Tributaria lo nombra Cristóbal Montoro. Y que todo este embrollo viene a propósito de un forcejeo sobre los intereses fiscales en España de una poderosa empresa multinacional. Pero todo esto es pasado. Montoro ya no es un verso suelto, un solista de su excéntrica personalidad. Ahora desde la Dirección de la Agencia Tributaria le rebota el eco de su voz. Menéndez se ha arremangado los puños de la camisa y se ha aflojado el nudo de la corbata. Seguro que va a por todas. Menéndez dará que hablar.

6 Comments
  1. Verbarte says

    El gobierno está introduciendo en todas las parcelas del estado el miedo como forma de imponer sus tesis ideológicas a la población en general. http://wp.me/p2v1L3-qG

  2. Lukas says

    A río revuelto, ganancia de evasores. El señor Tontoro y sus secuaces, como el Tremendez ese, ya no son de fiar ni para los ricos.

  3. Y más says

    ¿Por qué siempre ganan los malos?

  4. Verbarte says

    Montoro ha destapado la ideología más peligrosa que practica el PP con las purgas en Hacienda. http://wp.me/p2v1L3-qM

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