GUSTAVO MATÍAS | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 23:23

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y la canciller alemana, Angela Merkel, en la visita de Santiago de Compostela. / Eliseo Trigo (Efe)

Con el inicio de curso y de mandato en su Parlamento, Comisión y otras instituciones, Europa se dispone este fin de semana a retornar a su camino hacia la austeridad y la inestabilidad económica y geopolítica. Acaba de cumplir dos años de contención en sus problemas de coyuntura e identidad, una vez que relajó sus políticas monetaria y fiscal. Pero la autoridad de lo primero acaba de urgir a los gobiernos a no retrasar más sus reformas estructurales. La de lo segundo celebra mañana sábado su Consejo de jefes de Estado y de Gobierno; sus próximos pasos estarán implícitos en el acuerdo dejado pendiente en julio sobre quiénes dirigirán el propio Consejo, la Comisión y otras instituciones durante los próximos cinco años. Todo parece indicar la víspera que consistirán en retomar el camino de la austeridad, con España como ejemplo, no solo para los países periféricos, sino para Francia e Italia, segunda y tercera potencia del Euro tras Alemania.

Ese camino hacia la nueva austeridad ha sido ya marcado por Alemania: consistirá en intentar persuadir a todos de que funciona la llamada consolidación fiscal (los recortes en gastos sociales), aunque con algunas concesiones a la socialdemocracia para que haya menos resistencias y competir de paso electoralmente por el centro. Empezó claramente a recorrerlo el pasado fin de semana la canciller alemana Ángela Merkel, al acudir a Santiago para hacerse las fotos de reinicio de curso en compañía del presidente español Mariano Rajoy, mientras el presidente y el primer ministro de Francia cesaban a los ministros opuestos a los recortes y en Italia se desesperan por tener que seguir los pasos de la cuarta potencia del euro. El premio para España sería dar la presidencia  del Eurogrupo al ministro español de Economía, Luis de Guindos, y situar pese a todo de comisario a Miguel Arias Cañete, mientras Dijsselbloem dejaría ya el puesto para ir al Mecanismo de Resolución.

Por tanto, la clave principal de los nombramientos estará en quienes presidirán el Consejo Europeo y su política exterior. Ambos serán los tejedores de consensos  en las políticas económica y exterior del conjunto de la UE de los 28 tras las elecciones europeas de mayo pasado. En los cinco pasados años, han sido grises los respectivos mandados de Herman Achille Van Rompuy y Catherine Ashton, mientras Europa ha perdido posiciones económicas, políticas y tecnológicas ante el avance de los EE.UU y los emergentes. El presidente del Consejo representará a la UE en la importante cumbre que tendrán las 20 mayores potencias mundiales (G-20) el 15 de noviembre en Brisbaden (Austria), donde el debate parece que se decantará más por reforzar las políticas activas de empleo y sostenibilidad que por la austeridad.

Entre el Camino de Santiago y el de Brisbaden, España quedará así expuesta al mundo como ejemplo de lo último, no sólo ante Francia, Italia y los demás países con problemas en Europa y el resto del mundo, donde se extiende el debate político e ideológico sobre si funciona la austeridad o es hora de intentar de nuevo un desarrollo global sostenible, línea iniciada con éxito hace varias décadas por la Unión Europea pese a la crisis de los setenta y ahora en creciente olvido.

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