Autorretrato de los Pujol

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Familia_Pujol_Ferrusola
Imagen de archivo de la familia Pujol-Ferrusola al completo. / Efe

1.- Impíos

“Sit tibi terra levis” (“Que la tierra te sea leve”). Este epitafio latino (origen del desiderativo cristiano “Descansa en paz”), grabado por sus deudos en la lápida del familiar fallecido, es la mejor expresión de piedad hacia los seres queridos que nos ha arrebatado la muerte. Desear la paz a nuestros muertos y no remover sus tumbas, aceptando todas las virtudes y defectos que manifestaron cuando les latía el corazón, es el voto más sincero de humanidad que podemos ofrecerles sus herederos, los que aún estamos vivos. Respetar el descanso de los muertos es honrar su memoria. Desobedecer este imperativo moral y resucitar a beneficio de inventario los fantasmas familiares para endosarles con alevosía males que probablemente no han causado retrata públicamente a los desenterradores. Es obsceno sacar provecho de quien no puede defenderse. La ofensa se agrava si la cometen sus descendientes. Una ley no escrita dice que los muertos no saben nada.

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Sobre la memoria de Florenci Pujol y Brugat, fallecido en septiembre de 1980, ha caído todo el peso de la basura acumulada durante los últimos 34 años por su hijo Jordi, su nuera Marta Ferrusola y los siete nietos que le dio la pareja. Ahora resulta que el muerto es culpable de un rosario de chorizadas trenzado durante más de treinta años después de recibir el sudario. Cada uno de sus afligidos parientes le ha injuriado según su edad y su voluntad individual (que ya conoceremos con el transcurso del tiempo) de matar la sombra de quien les transmitió una herencia supuestamente envenenada. Es público y notorio que don Florenci, a pesar de la atmósfera católica que reinaba en su hogar, nunca repartió su capa entre los leprosos. Tampoco su negocio de cambio de divisas en el puerto de Barcelona, durante los años de posguerra, le hizo acreedor a la medalla del mérito en el trabajo. Pero no conviene pasarse y decir, como han hecho o permitido sus herederos, que los delitos del cambista Pujol son imprescriptibles, algo así como una mancha indeleble que marcará eternamente a todos sus descendientes. Ha habido gente peor. Don Rodrigo Manrique, sin ir más lejos, nunca fue un dechado de virtud, pero, a pesar de sus desmanes de aristócrata bandolero, el funeral poético que le ofició su hijo Jorge es la página más noble que se ha escrito jamás en el libro de la piedad filial. La responsabilidad  de don Florenci está suficientemente amortizada, y sus parientes deberían haber caminado de puntillas sobre el lado más oscuro de su vida. Pero no. La ocasión la pintaban calva para la comparsa encabezada por su hijo Jordi, que ha olido el negocio, adivinado la excusa e intuido la gran oportunidad de soltar lastre a cargo del interfecto. El antipoeta Jordi Pujol ha tenido el mérito de componer la versión más rastrera posible de las Coplas a la muerte de su padre. Enhorabuena.

Jordi Pujol y Soley, jefe del clan familiar, ha acusado en nombre de todo el grupo a su antecesor directo en primer grado de consanguinidad de ser el responsable último de sus desgracias, personales e intransferibles, con el Fisco (y, seguramente, con otros poderes coercitivos del Estado). El comunicado de Jordi es el selfie del año en la península ibérica e islas adyacentes; y eso que del rey (viejo) abajo ya habíamos coleccionado anteriormente unas cuantas instantáneas capaces de suscitar las cotas más elevadas de vergüenza ajena. Pues no era verdad. La confesión de Pujol ha batido el récord olímpico de la indecencia. Es el mejor autorretrato de un rebaño familiar pintado por un primate negado para la vida inteligente.

Hay personas que, en la mejor tradición picaresca del país, se cagan en lo más sagrado. Frente al silencio inefable que envuelve a los antepasados, algunos vivos trafican con la memoria de sus muertos. Si esas personas no respetan ni a su padre, suegro o abuelo, ¿cómo han podido merecer la confianza de los ajenos a la familia? Oscuramente fuerte es la vida, que dijo un buen novelista argentino.

2.- Necios

Los miembros de la familia Pujol-Ferrusola han cantado la palinodia forzados por las circunstancias. Ya se sabe: yo soy yo y el Gobierno, o la Policía, o el ministro de Hacienda. Pero su prepotencia y el creerse intocables les han hecho desperdiciar tres oportunidades de oro, directamente relacionadas entre sí, para salir relativamente airosos del pozo cavado por su ambición. La primera fue la amnistía fiscal de 2012, que les habría permitido regularizar y pagar sólo por los rendimientos de su patrimonio oculto devengados en los ejercicios 2008, 2009 y 2010. Con eso, y una declaración complementaria del IRPF de 2011, se habrían puesto al día con la Hacienda Pública, al haber prescrito ya los ejercicios 2007 y anteriores. La segunda oportunidad fue la declaración de bienes en el extranjero (modelo 720), una obligación informativa que se estrenó en febrero-abril de 2013 (en relación con los bienes poseídos a 31 de diciembre de 2012). Al no haberlo hecho así, la regularización voluntaria que, según el patriarca de la familia Pujol, se habría producido en los últimos días de julio de 2014 entraña un incremento injustificado de patrimonio sujeto al IRPF (además de sometido a las oportunas –y fuertes-sanciones por infracción formal dada la ausencia de presentación del modelo 720). Es decir, finalmente deberán ingresar una cuota superior a la mitad del patrimonio oculto, más los intereses de demora correspondientes a cuatro años. A lo que ha de añadirse, además de las correspondientes sanciones por infracción formal, una multa del 150% del patrimonio oculto. Todo ello sin menoscabo de lo que en su momento pueda decir el Tribunal Constitucional sobre la imprescriptibilidad legal de los patrimonios en el extranjero no declarados.

El desprecio de la tercera ocasión dorada consistió en no aprovechar la exención de responsabilidad criminal regulada en la modificación del Código Penal de finales de 2012 para quienes se hubieran acogido a la amnistía fiscal. Ahora, sin embargo, los Pujol-Ferrusola tienen un horizonte procesal lleno de incertidumbre ante una eventual acusación de delitos contra la Hacienda Pública.

Los Pujol-Ferrusola han hecho un pan como unas tortas. Si han gestionado de forma tan desastrosa sus propios negocios e intereses, ¿pueden estas personas, que se consideran a sí mismas la crème de la crème de la vida pública catalana, pedir la renovación de la confianza en ellos de alguien que no sea el “hijo político” Artur Mas  (el oráculo tonto de un asunto que“ es estrictamente personal”, aunque posteriormente la evidencia de los hechos haya obligado al hijo político a afear, más allá de su inicial ataque de compasión, la conducta del padre)? ¿Pero realmente no sabía el hijo nada de las andanzas de un padre, éste sí vivo y coleando, que le designó ante los suyos como su sucesor político?

3.- Hipócritas

Durante los últimos 34 años, Jordi Pujol y su familia han sido más leales a Andorra que a Cataluña. Eso por lo que respecta al pasado, tiempo en que el partido político fundado por el primer presidente democrático de la Generalitat tras la muerte de Franco no ha cejado en sus progresivas reclamaciones al Estado central de una hacienda pública catalana autosuficiente. ¡Qué burla más grotesca a la confianza de los nacionalistas catalanes la realizada por el autosuficiente clan de los Pujol!

Y, si miramos al presente y al futuro inmediato, teñidos por el derecho a decidir, cuánta ironía avinagrada amarillea las jetas de los Pujol. Los Pujol son los maestros del sarcasmo. Puede que España sea una rémora para Cataluña. Pero esa rémora no es nada comparada con la desgracia nacional de haber sido regidos por unos tipos como los Pujol-Ferrusola, cuyo embarazoso legado político difícilmente puede considerarse superado en la actualidad. Considerados en abstracto, los desmanes de Jordi Pujol y la reclamación de soberanía para Cataluña no tienen ninguna conexión. Pero en todas las batallas hay alguien más que un enemigo extranjero. Los independentistas catalanes deberían meditar un poco sobre lo que los estrategas bélicos denominan el “frente interno”. Porque es posible que los que les han engañado durante varios decenios también les estén cantando ahora una milonga sobre la redención colectiva que les espera si deciden desengancharse de una comunidad de intereses y sentimientos que ha sobrevivido a tiempos muy difíciles para todos sus integrantes.

Los Pujol han acreditado una forma muy extraña de “hacer país”. Serán los campeones del independentismo, pero a la hora de la verdad expían sus culpas, regularizan sus pecados fiscales y piden perdón al enemigo del que se quieren desembarazar (al que han defraudado, lo mismo que han engañado a la Hacienda de la Generalitat). Lo verdaderamente embarazoso para el nacionalismo catalán es el globo patrimonial hinchado sin peajes fiscales a lo largo de 34 años por la codicia de un clan sin escrúpulos. Jordi Pujol ha deshonrado a su amada. Sin miramientos. Sin profilácticos. Que sea una hora cortita para la novia, pero, por favor, que el niño no se parezca en nada al padre. Los catalanes de uno u otro signo político y decidan lo que decidan tienen derecho a la cancelación de la página más siniestra de su historia reciente. 

3 Comments
  1. niko says

    Y dicen que se han llevado más de 1.800 millones de €€. ¡…!
    pues me temo que dado que anda por los 84 años, cualquier día cascará y sus hijos tras un lujoso sepelio y una tumba de superlujo, acertarán a demostrar que ladrón eraa el cabronazo de su padre y ellos eran inocentes. Con lo cual se quedarán con todo.
    ..
    ¿Ha sucedido de otro modo con los hijos de Gil?

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