Un año de resistencia en las puertas de la fábrica de Coca-Cola en Fuenlabrada

Sato Díaz *

El delegado sindical Leandro Pulido, que lleva tabajando en el campamento desde que se levantó, a la puerta de la caseta central. / Sato Díaz
El delegado sindical Leandro Pulido, que lleva tabajando en el campamento desde que se levantó hace un año, a la puerta de la caseta central de la protesta. / Sato Díaz

«El pueblo de Fuenlabrada se solidariza con nosotros, sobre todo después de las cargas policiales del día 15«, comenta, con calma, Leandro Pulido, delegado sindical de la planta de Coca-Cola de Fuenlabrada, uno de los más activos al frente de la lucha de los 237 despedidos forzosamente por la multinacional. Y, efectivamente, las personas que caminan por las calles del municipio del sur de Madrid indican cómo llegar a la embotelladora, pero también envían ánimos a los trabajadores en su pelea que dura ya un año. Y es que el 22 de enero del año 2014, la empresa Casbega, dueña de este centro, anunció por la tarde cierres de centros de trabajo, despidos y desplazamientos geográficos de integrantes de la plantilla, cuando por la mañana se había firmado el convenio colectivo que garantizaba nuevas condiciones laborales para los trabajadores. La multinacional dejaba en la calle a más de un millar de trabajadores en toda España. Comenzaba así, hace ahora un año, una protesta que mantiene las puertas de la factoría controladas por los trabajadores 24 horas al día «para evitar que entren a desmantelar el material de trabajo y la maquinaria, para que no tengan excusas de que no se puede seguir trabajando en este centro».

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La fábrica se encuentra vigilada. En todas las puertas grupos de trabajadores hacen turnos de guardia y bloquean los accesos aparcando sus coches delante de ellas. Numerosas pancartas llaman al boicot a los productos de la multinacional: «Si Madrid no fabrica, Madrid no consume», pero también exigen la reincorporación inmediata de los trabajadores afectados por el ERE. «Pedimos volver a nuestros puestos de trabajo, tal y como indica la sentencia favorable de junio, y no estamos dispuestos a aceptar nada por debajo de esta sentencia», asegura Pulido. El pasado 12 de junio, la Audiencia Nacional declaró nulo el ERE, y los trabajadores que no lo habían firmado siguen todavía en pie, esperando a que la decisión judicial se materialice. «La sentencia dice que nos tienen que readmitir con las mismas condiciones que teníamos». Una vez se hizo público el ERE por parte de la empresa, los sindicatos convocaron una huelga indefinida. «Unos días después, comenzó el paro, el día 31 de enero pusimos alguna tienda de campaña, trajimos algunos bidones, tableros y braseros», recuerda el delegado sindical. Se instalaba el «campamento de la dignidad».

Trabajadores afectados por el ERE de Coca-Cola comiendo en el campamento instalado a las puertas de la fábrica. / S.D
Trabajadores afectados por el ERE de Coca-Cola comiendo en el campamento instalado a las puertas de la fábrica. / S.D

Ahora, la acampada está mejor acondicionada. Después de un año de estancia permanente en las puertas de la fábrica, tienen unos baños portátiles y dos casetas donde comen y duermen y mantienen reuniones. También está instalada alguna tienda de campaña y una especie de corral, donde conviven un grupo de gallinas y un gallo. Pronto se va a celebrar una asamblea, y los trabajadores van llegando en coches que abarrotan los solares próximos y se saludan efusivamente. Leandro Pulido es interrumpido por sus compañeros mientras explica la historia del conflicto. Un conflicto que les ha llevado incluso a alejarse de algunos dirigentes del sindicato en el que militan la mayoría de ellos, Comisiones Obreras (CCOO). «Siempre defendemos que las negociaciones las tenemos que manejar de forma independiente los trabajadores de esta planta, y no a nivel estatal, porque quedaríamos en minoría los que queremos llegar hasta el final, hasta el cumplimiento de la sentencia», avisa Pulido. De este modo, durante el verano pasado, Jesús Villa, secretario de la federación agroalimentaria de CCOO, dejó de representar a los trabajadores de Fuenlabrada en las negociaciones que se mantenían con el ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Manuel Pimentel, como mediador.

«El proceso ha sido muy largo y es difícil de explicar con todos los detalles. Ha sido muy duro, porque aparte de las presiones de la empresa aparecen presiones familiares. Han nacido niños desde que empezó el campamento, pero también ha habido rupturas de parejas», prosigue Leandro Pulido, quien añade que el mantener el campamento en funcionamiento ininterrumpido «es un gran desgaste». «Los que no firmamos voluntariamente el ERE, empezamos a movilizarnos para dar visibilidad a nuestra situación», recuerda. De esta manera, imprimieron pegatinas y folletos explicativos, hicieron chalecos, participaron en movilizaciones de todo tipo apoyando otras luchas como las mareas, estuvieron presentes en actos de la campaña electoral para las elecciones europeas, viajaron a Lisboa para difundir el conflicto entre los aficionados que se desplazaron allí para presenciar la final de la Champions League entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, se dejaron ver en las fiestas populares estivales de municipios cercanos .. «Participamos muy activamente en las Marchas de la Dignidad de marzo, nos sumamos a la columna de Extremadura, el día anterior recibimos a la columna de Andalucía con Cañamero y Sánchez Gordillo, repartimos un total de 9.500 pegatinas en la gran manifestación», dice. Los trabajadores de Coca-Cola estaban en las calles, convocando manifestaciones y sumándose a otras.

Imagen de la asamblea de trabajadores de Coca-Cola celebrada el pasado miércoles a las puertas de la planta de Fuenlabrada. / S. D.
Imagen de la asamblea de trabajadores celebrada el pasado miércoles a las puertas de la planta de Fuenlabrada. / S. D.

Mientras tanto, la empresa no se dio por vencida y recurrió la sentencia de la Audiencia Nacional. «Por primera vez, una sentencia de este calado se tiene que solucionar en el Tribunal Supremo», advierte este trabajador afectado por el ERE. De este modo, el proceso se alarga unos meses más, «pensamos que la cita en el Supremo será después de verano, en octubre aproximadamente», predice a cuartopoder.es Juan Carlos Asenjo, portavoz del campamento y la cara más visible de los trabajadores durante estos meses. La asamblea comienza, y más de un centenar y medio de trabajadores escucha atentamente las palabras de Asenjo. Algunos niños acompañan a sus padres y madres, y juegan entre ellos, observan el comportamiento de los animales en el corral improvisado. Durante la reunión, se hace balance de cuál es la situación en estos momentos, de futuras acciones. Por ejemplo, el día 24 de febrero tienen prevista una visita al Parlamento Europeo, donde explicarán el conflicto a los representantes europeos. Una visita organizada por Podemos, «aunque hay que dejar claro que otras formaciones políticas como Izquierda Unida o la agrupación socialista del Ayuntamiento de Fuenlabrada nos han apoyado desde el principio», agradece Pulido. Tras debatir diversos temas, los trabajadores concluyen la asamblea con un cerrado aplauso y corean: «Ni un paso atrás».

Se han tratado algunos asuntos logísticos, como por ejemplo la organización de los turnos de vigilancia. «Nos organizamos en tres turnos de 15 personas cada uno y de ocho horas por turno», explica Asenjo. «Los turnos van rotando para que siempre haya alguien en todas las puertas de acceso a la fábrica, también algunos compañeros se encargan de preparar la comida y de mantener el campamento en condiciones», añade. Un mantenimiento que se sustenta «por la solidaridad de la gente externa que colabora con aportaciones económicas a nuestra caja de resistencia, pero también con nuestro propio dinero, tenemos otra caja de resistencia interna». A pesar de reconocer que el proceso está siendo muy duro, el portavoz del campamento asegura que «las expectativas son buenas, porque la Audiencia Nacional nos ha dado la razón, el ERE es fraudulento, por lo que tienen que readmitirnos en los puestos de trabajo o pagarnos los salarios sin que vayamos a trabajar». Unos salarios que los trabajadores acumulan sin cobrar varios meses. «Nos tienen que pagar los salarios desde que se publicó la sentencia de la Audiencia, en junio, hasta el 20 de noviembre, cuando salió la ejecución de la misma, además, los salarios de los dos meses de huelga, porque desarrollaron esquirolaje empresarial, la empresa se saltó los requisitos de la huelga recogidos en la legislación», asegura Pulido.

Por ello, la incansable lucha de este grupo se mantiene. «Hasta que se cumpla la sentencia, estamos dispuestos a negociar lo que haga falta, siempre y cuando no sea por debajo de lo que los jueces nos reconocen», relata el delegado sindical, quien fue golpeado el pasado día 15 de enero por la Policía. Lo cuenta así: «Desde temprano llegaron los furgones de la Policía Nacional. A las 9 de la mañana nos informaron de que iban a venir 12 personas a hacer inventario en la fábrica, pero sabemos que querían desmantelarla. Nos pusimos delante de las puertas, pero los policías cargaron contra nosotros sobre las 12 del mediodía. Yo estaba abrazado a otros compañeros para evitar que pasasen y me golpearon varias veces». Sin embargo, asegura que va a continuar hasta el final «a pesar de todas las dificultades». Es la hora de comer, un grupo de unas diez personas espera en la caseta. La olla contiene un guisado de carne. Las bromas entre los compañeros se suceden, una tras otra.

Dentro del campamento se encuentra un corral en el que hay varias gallinas y un gallo entre los elementos de la fábrica, como embalajes y cajas para la distribución de los productos de Coca-Cola. / S. D.
Dentro del campamento se encuentra un corral en el que hay varias gallinas y un gallo entre embalajes y cajas para la distribución de los productos de Coca-Cola. / S. D.
(*) Sato Díaz es periodista.