Méndez : “Ahora los sindicatos son tan necesarios como a principios del siglo XX”

El secretario general de UGT, Cándido Méndez, en un momento de la entrevista. / Santi Donaire
El secretario general de UGT, Cándido Méndez, en un momento de la entrevista. / Santi Donaire

Después de casi 22 años al frente de la UGT,  Cándido Méndez abandona la secretaría general del sindicato. No sabemos todavía quién será su sucesor, pero Josep María Álvarez, secretario general en Cataluña, parece que parte con ventaja en las apuestas. El 42 Congreso Confederal de UGT se celebrará en Madrid entre el 9 y el 12 de marzo y abrirá, sin duda, una nueva etapa en el sindicato. Entrevistamos a Méndez en la sede federal, en el número 88 de la calle Hortaleza. Nos recuerda que cuando tomó las riendas del sindicato socialista se tuvo que enfrentar a problemas complicados, como la gestión de la crisis de la PSV, y nosotros le decimos que su sucesor, sea quien sea, también tiene lo suyo por delante, entre otras cosas, recuperar la credibilidad entre los jóvenes y los sectores más activos de la lucha social. Hacemos repaso y balance y hablamos también de lo que viene, de lo que se nos viene encima.

Publicidad

Publicidad

Josep María Álvarez (Cataluña), Miguel Ángel Cilleros (Servicios Ciudadanos), Gustavo Santana (Canarias). Algunos pensábamos que, esta vez sí, habría una mujer, al menos, entre los candidatos a la secretaría general de la UGT. ¿No cree que puede resultar irritante para las afiliadas, y también para los afiliados?

– En este momento hay personas, como las que has mencionado, que están en disposición de presentar su candidatura, pero las candidaturas se presentan formalmente en el Congreso. Yo coincido en el argumento de fondo. Lo que también creo es que para ser secretario general de la UGT hace falta alguien con capacidad y experiencia. Hay en el sindicato una generación de personas entre 45 y 55 años que reúne ambas capacidades. Tanto mujeres como hombres. Yo creo que ese es un elemento sobre el que hay que reflexionar, entre otras cosas porque en este Congreso el porcentaje de mujeres será del 40%. Supongo que los delegados deberán plantearse ese asunto.

 – Van a poner patas arriba la estructura del sindicato, que va a pivotar entorno a tres grandes federaciones (servicios públicos, servicios privados e industria) se supone que para optimizar los recursos. ¿No se corre el riesgo de crear estructuras tan grandes que pierdan el contacto con el afiliado, con la empresa, con la calle?

– Ese proceso, que ya está en marcha, culminará tras el Congreso antes del 28 de mayo, que es la fecha tope para ejecutarlo. En esta ocasión no estamos hablando de simples fusiones de federaciones, sino de crear tres grandes estructuras fuertemente sectorializadas. Efectivamente, uno de los objetivos es volcar los recursos económicos y humanos en las estructuras de base del sindicato. El resultado van a ser tres federaciones con entre 180.000 y 200.00 afiliados, lo que va a redundar en un sindicato más equilibrado. La idea también es volcar la fuerza del sindicato en la pequeña y mediana empresa, porque en las grandes ya contamos con secciones sindicales que funcionan de manera autónoma.

– Le va a dejar usted un montón de tarea al próximo secretario general. Quizás uno de los asuntos más importantes sea el de recuperar la credibilidad entre los jóvenes y los sectores sociales más activos en la calle. A cualquier persona con un mínimo de conocimiento histórico le resulta extremadamente incómodo que sindicatos de clase como UGT o CCOO no sean bien recibidos, o sean incluso pitados, en determinadas movilizaciones.

“Se ha pensado que la política lo
va a resolver todo, pero la política
también tiene
sus límites 

– Yo me encontré mucho curro también. Aquí no hay tiempo para aburrirse… Yo creo que entre los trabajadores, en el ámbito de las empresas, las dos grandes confederaciones sindicales mantenemos sustancialmente nuestra representación. Por eso creo que ese fenómenos del que hablas no se ha producido en las empresas. Parece evidente que la fragmentación se ha producido en el ámbito político no ha ocurrido en el sindical. Ahora, efectivamente, nosotros tenemos un problema que tenemos que resolver que viene de que se ha deteriorado la percepción que tiene la sociedad del papel de los sindicatos. Y eso se ha producido por una suma de factores. El primero, una campaña que lleva ya 12 ó 13 años de desprestigio de los sindicatos. Además, errores, malas prácticas en las organizaciones, que hay que resolver y estamos resolviendo, y en último término, un tercer elemento: en los últimos años se ha generado una expectación inusitada por la política. Se ha pensado que la política lo va a resolver todo. Se ha proyectado la imagen de que si se cambian los actores políticos todos los problemas se resuelven. Y la política tiene límites.

– ¿Y cómo se recupera ese crédito?

– Yo creo que ya se está empezando a recuperar, porque la gente percibe que la política tiene límites y que hay cosas que se producen en el marco de las empresas o del trabajo a las que los partidos no pueden llegar. La tensión en el ámbito de la empresa siempre giran en torno a dónde van los beneficios, si a los salarios o a los bolsillos de los empresarios. Y al hablar de este asunto no hay que perder de vista tampoco el desprecio al diálogo social que ha habido en este país en los últimos años. Estoy absolutamente convencido de que el gobierno que se constituya, sea cual sea, pondrá sobre la mesa el debate sobre el sistema de pensiones. Y tendrán que llamar a los sindicatos para abordarlo. Eso nos va a permitir recuperar ese espacio por la sencilla razón de que vamos a demostrar que somos útiles.

– Hablando de utilidad. Según rezan los cánones, el elemento que da sentido a una organización sindical es la negociación colectiva, que ha resultado herida de muerte con la reforma laboral del Partido Popular.

“Han intentado debilitar y desprestigiar
la negociación colectiva y la huelga 

– En esta última etapa política han intentado debilitar y desprestigiar nuestras dos herramientas: la negociación colectiva y la huelga. Son imprescindibles modificaciones legales sobre ambas. Falseando debates como el de los piquetes se ha pretendido desprestigiar el instrumento como tal. En este sentido, la sentencia de ‘los 8 de airbus’ parece que vuelve a poner las cosas en su sitio.

– De todas formas, parece que las huelgas, sobre todo las generales, ya no son lo que eran. Entre otras cosas, supongo, por los cambios en el propio sistema productivo: hoy en día, parar el metro no significa parar la actividad. ¿Cuál es la alternativa?

– No hay alternativas. La huelga que hicimos en 2002 contra el Gobierno de Aznar por una reforma laboral perseguía diez objetivos y conseguimos nueve. Pero es verdad que las que hemos hecho con posterioridad, que han sido tres, una contra Zapatero y dos en el mismo año contra Rajoy, no han conseguido, aún, los objetivos que perseguían. Espero que el escenario del ejercicio autoritario del poder, de un poder casi absoluto, con desprecio al diálogo social, se haya quedado definitivamente atrás. Cambiar las normas sobre el ejercicio de huelga y la negociación colectiva, esto es, la capacidad de defensa de los trabajadores, es una de las tareas urgentes de cualquier gobierno.

 – Algunos afiliados al sindicato, y otro no afiliados, se siguen frotando los ojos con los puños al ver, por ejemplo, casos como el de Fernández Villa (SOMA-UGT) o el de los ERE en Andalucía. ¿Se ha hecho lo suficiente? ¿Se ha actuado con diligencia?

– Lo primero que me gustaría decir es que los dirigentes del sindicato que han estado o están en curso en este tipo de procedimientos han salido del sindicato. Villa salió de manera fulminante antes de ser imputado. En ese sentido creo que hemos actuado con diligencia. Otra cosa es que los ritmos mediáticos que se exigían nosotros no los podíamos seguir. Dicho eso, yo tengo meridianamente claro que puedes cometer un error al firmar un convenio colectivo que no deberías haber firmado, pero donde no cabe error alguno es en la gestión del dinero público. Y en ese terreno estamos extremando los mecanismos de control, de seguimiento, y vamos a incorporar en el Congreso un elemento –vamos a ser la  primera organización que se va a someter a él aquí en nuestro país– que es la creación de una comisión ética de la que van a formar parte tres personas ajenas al sindicato.

– ¿No han pecado los sindicatos, al igual que los partidos, de un comportamiento excesivamente endogámico de defensa de los suyos? ¿No se ha perdido demasiado tiempo?

– La UGT es una organización muy descentralizada. Bien es verdad que hay veces que funcionan unas inercias endogámicas. Lo cierto es que nosotros pensamos que lo hacemos bien, que se nos entiende, que la gente que no está en el sindicato lo percibe, pero no es así. Tenemos que hacer un esfuerzo para identificar qué es lo quieren los trabajadores de nosotros. No los que están afiliados, que también, sino los que no lo están. Y eso significa abrir la organización.

Otro momento de la entrevista con el secretario general de UGT. / Santi Donaire
Otro momento de la entrevista con el secretario general de UGT. / Santi Donaire

– Va ya casi para 22 años al frente de la secretaría general. Parece mucho tiempo.

– Haciendo un análisis de la historia de la organización, creo que yo soy el octavo secretario general. En 118 años ha habido ocho secretarios generales. Yo puedo explicar por qué he estado aquí 22 años, lo que no significa, en ningún caso, justificarlo. Llegúe en una situación muy complicada para la organización y consideré que tenía una misión que era resolver el problema de la coperativa de viviendas (PSV). Y resolvimos el problema de los cooperativistas, pero luego para afrontar el problema del endeudamiento con el herario público, que nadie nos regaló ese dinero porque su contraprestación era nuestro patrimonio histórico, necesitamos 15 años. El siguiente Congreso fue en 2009, al borde la crisis económica, y el último, en 2013, cuando ya estábamos en plena vorágine antisocial. En cualquier caso, la organización ha tomado la decisión de limitar los mandatos. Yo no soy el más indicado para atribuirse ese tema, está claro, pero me parece no bien, sino necesario.

– ¿Volveremos a recuperar, en un plazo razonable de tiempo, todos los derechos que hemos perdido en estos cuatro años?

“El problema es que estamos pasando de las nóminas a las facturas 

– Lo veo muy complicado. Y te lo dice alguien que tiene un hijo en Alemania. Eso no significa, en absoluto, que no se pueda revertir la situación, aunque la tendencia a la precarización en el empleo seguirá avanzando. Por ejemplo, las tecnologías de la información en la comunicación. El 90% de los nuevos empleos van a requeir habilidades y capacidades en las TIC, por lo tanto, los trabajadores tendrán que estar preparados. Y van a ser profesionales. En España, el 60% de los trabajadores van a ser profesionales, técnicos, a la vuelta de pocos años. Aunque hablemos de un reponedor o una reponedora van a ser técnicos con una titulación. Y ahora hablemos del lado oscuro de la fuerza, que ya estamos comprobando, que es que las tecnologías de la comunicación permiten descomponer hasta tal punto los procesos de trabajo que el trabajo asalariado se va desdibujando a pasos agigantados. De tal modo que un término atribuido a los periodistas, como era el de freelance, ahora ya se extiende al resto de las profesiones… El problema es que estamos pasando de las nóminas a las facturas. Es decir, no cobras una nómina como asalariado, sino que facturas el trabajo, y eso no es cualquier cosa, porque con las nóminas tienes el derecho a la pensión, a la protección por desempleo, a prestación en caso de enfermedad y, con lo otro, tienes la cuota de autónomos o, subvirtiendo el lenguaje como ha hecho el PP, la cuota de emprendedor.

– ¿Y cuál es la conclusión?

– En este punto lo tengo muy claro: los sindicatos son en este momento tan imprescindibles como a principios del siglo XX, porque con los problemas de deterioro de las condiciones laborales resultan absolutamente necesarios. Obama ha dicho algo relevante respecto al trabajo asalariado: “La mayoría de los norteamericanos viven de sus nóminas, no de la evolución de los mercados financieros”. Tenemos que volver a dar relevancia a la nómina y al trabajo asalariado… Y los jóvenes también deben empujar y llegar a esa conclusión: necesitan instrumentos colectivos de defensa. Y creo que ya lo perciben, y a todos los niveles, porque cuando entras en el mundo del trabajo encuentras una serie de dificultades que se generan en el día a día y si no tienes un instrumento muy pegado a la realidad que te pueda ayudar a resolverlo, estás solo… Yo creo que la tragedia de una organización estribaría en que su objetivo histórico dejara de tener sentido, pero lo cierto es que nuestro objetivo sigue más vigente que nunca. Por muchas vueltas que le des, un trabajador solo no pintará nada y dos trabajadores juntos pintarán algo más, y más si son más los que se organizan… Como siempre, el problema es la redistribución de la riqueza…

– Una pregunta para el expresidente de la Confederación Europea de Sindicatos: ¿esta deriva europea hacia la insolidaridad y la desigualdad sigue mereciendo la pena?

“El populismo y el racismo recorren Europa. Y eso es
lo que hay que combatir

– Yo creo que la construcción europea tiene todo el sentido. Lo que ocurre es que, en este momento, la Unión Europa parece empeñada en perder sus valores fundacionales. Lo que está pasando con los refugiados es el exponente de una postración moral y ética tremenda. Se alzan fronteras de nuevo. En el debate con Gran Bretaña la UE ya ha perdido, porque se limita la circulación y los derechos de los trabajadores que no son británicos. Sería necesario un impulso político, y ahí sería muy interesante un gobierno de progreso en España, que impulsara una alianza entre Francia, Italia, Grecia, Portugal y España. ¿Cuál es la alternativa? En Polonia hay un gobierno nacional-católico, en Francia está Le Penn, es la primera fuerza polítca; en Grecia hay un partido con más del 10% de los votos que es Amenecer Dorado. El populismo y el racismo recorren Europa. Y eso es lo que hay que combatir.

– Bueno, la última, ¿qué le gustaría ser de mayor?

– He estado 22 años metido aquí hasta las trancas y ahora, con 64, supongo que tendré que dedicar tiempo a recuperar algunas cosas… Mira, esta pulsera [me la enseña] la he hecho yo. Mi hijo el pequeño me regaló cuero y útiles para hacerlas. Y estoy en ello…

– ¡Qué hippy!

– Sí…