Euforia recaudatoria con el IRPF 2017

Un año más, este año algo más temprano, nos llega el momento de retratarnos con Hacienda y sentir el maravilloso impulso de la conciencia colectiva a la hora de pagar impuestos. Es, por tanto, la hora de casi 20 millones de contribuyentes que desde el día 5 de abril y hasta el 30 de junio tendrán que recopilar todos sus documentos fiscales y comenzar el proceloso mundo de la tramitación personal, o en su caso la de dejar todo el trabajo a los asesores fiscales.

Esta campaña del impuesto se produce en un momento político especial, sin Presupuestos aprobados y que apenas tendrá vigencia, ya que, en el menor de los casos, estará en vigor apenas 6 meses. Además, pasamos por una época de euforia económica que nos recuerda cada vez más a los oscuros años 2005-2007, donde todo era bonanza y la recaudación fiscal sobrepasaba las previsiones. Eran tiempos de la burbuja inmobiliaria y de grandes obras de infraestructuras, algo que no es precisamente lo que ocurre en la actualidad.

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¿Incremento de la recaudación?

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En este ejercicio se prevé, simplemente para cuadrar los gastos sobre el papel, un incremento de la recaudación por IRPF de, 7,7%, según el Gobierno, por el fuerte aumento del empleo, que no por el aumento de las rentas declaradas. No hay que olvidar que los últimos ejercicios, desde 2012, los errores de previsión han sido notables. Por ejemplo, en 2012, el error respecto a lo presupuestado fue mínimo, 159 mill€, pero en 2013 fue de 9,000 mill€ y en 2014 y 2015 algo más de 4.000 mill€, y en 2016 de más de 7.000. Es decir, los últimos cinco presupuestos de Rajoy ha sobrestimado los ingresos, por lo que ya tiene una gran experiencia de hacer trampas con las cuentas públicas para luego tener que hacer modificados sobre dichas previsiones, que lamentablemente este año no será una excepción.

Lo primero que sorprende este año es que la previsión de aumento de recaudación por IRPF crezca más de un 7%, mientras que el PIB nominal se piense que lo va a hacer en un 4,4% que, incluso sumando la inflación, queda por debajo de la cifra proyectada. Parece poco razonable que los ingresos por renta puedan crecer mucho más que el ritmo de la economía. Esto es aún más complejo si nos atenemos al número de nuevos declarantes en IRPF en el último año. Según los cálculos de Hacienda, apenas 200.000 nuevos declarantes se incorporan al sistema, a pesar del enorme crecimiento del empleo, según el PP. Esto indica que la rotación de contratos, que multiplica por cuatro la afiliación, y los bajos salarios, apenas permiten incrementar realmente las bases imponibles, y por tanto los ingresos públicos reales, más allá de lo que se fragüe en una hoja de cálculo. En conjunto, la desviación de ingresos por IRPF desde que está Rajoy alcanza los 25.300 mill€, una cifra realmente significativa.

El fraude fiscal

Al margen de la mala técnica predictiva, que se basa en apriorismos normativos, más normativos que reales, existen otros elementos distorsionadores de la recaudación fiscal en general, e IRPF en particular, que es el fraude. Esta lacra, que es acusada en este impuesto, comparte lugar de honor con el IVA, y en menor grado con sociedades, gracias a la propia legislación existente, la inmensa labor que lleva a cabo personal de la inspección, hoy en excedencia, y la benevolencia social ante un robo sistémico que hace de España un país muy poco fiable desde un punto de vista de justicia fiscal. Los más vehementes dirán que el IRPF es un impuesto confiscatorio en algunas CCAA, supera el 45% en el tipo marginal, y que ello retrae a la oferta de trabajo de algunos contribuyentes, lo que genera ineficiencias en el mercado laboral. Pero también es llamativo que en España a partir de 60.000€ se tribute igual, lo que también añade más inequidad al impuesto, y fomenta el arbitraje entre el IRPF y el Impuesto de Sociedades, especialmente entre los contribuyentes de mayor renta.

Las escasas estimaciones mínimamente veraces del fraude en IRPF en España, léase El hueco que deja el diablo publicado por FEDEA, apuntan a una cuantía de algo más de 20.000 mill€ por año, es decir casi el 2% del PIB que se deja de ingresar por la dejadez de Hacienda y el comportamiento delictivo de sus actores. De nuevo, esta falta de escrúpulos y solidaridad proviene de las rentas del capital, y no del trabajo, es decir dividendos e intereses de capitales que normalmente son desviados hacia paraísos fiscales u otras formas de elusión, sin que nadie sea capaz de cortar esta sangría de fondos públicos que se evaden. Por supuesto que mediáticamente vende más castigar en la plaza pública a los perceptores del PER u otras formas de evasión fiscal, en algunos casos para poder comer. Los rendimientos de estos activos financieros ocultos serían del orden de 7.400 mill€, cantidad que habría que sumar al principal. Otras fuentes de fraude son los alquileres, propiedades inmobiliarias y el eterno problema de autónomos y profesionales.

En una escala europea, nuestra economía sumergida, con todas las cautelas por la enorme dificultad para su contabilización, estaría en la media, algo más del 22% del PIB, lo que sin embargo no nos puede llenar de satisfacción porque la mayoría de países en Europa goza de prestaciones sociales y niveles de equidad muy superiores a las españolas. Con el nivel de fraude en general, la recaudación podría aumentar un 6,6%, dada nuestra presión fiscal cercana al 33%.

Principales novedades

Con estas cifras en la mente, los contribuyentes españoles comenzarán a desfilar por Hacienda o por internet para presentar su declaración en un año con escasas novedades fiscales, salvo los tecnológicos. El famoso programa PADRE desaparece y se alumbra el sistema RENTA WEB, que permite más agilidad, e incluso la rectificación de los errores, algo que sorprendentemente no se podía con el anterior sistema. El sistema sigue igual en materia de umbral de renta para declarar, 22.000€ en un solo pagador o varios si no superan los 1500€ anuales, y 12.000 si lo superan. Con todo, a más de 14 mill de contribuyentes les saldrá a devolver, ilusión monetaria que tenemos todos en junio, y que nos sirve para pagar las vacaciones a los que pueden salir y disfrutar de ellas, cada vez menos por cierto. Esta anomalía no es más que el resultado de que las retenciones durante el año han sido superiores a las legales y otros casos se une la famosa devolución por compra de vivienda que desapareció legalmente en 2013, pero que todavía colea para los que compraron antes del 1/1/2013. La pequeña novedad es que los seguros médicos vuelven a ser desgravables, lucha de los lobbys de la sanidad privada que han logrado que los que tengan este servicio, normalmente rentas medias y altas, gocen de hasta 1500€/año y persona por el uso de la sanidad privada. Esta tónica también tiene otros ejemplos con algunos elementos de educación privada (uniformes, por ejemplo) y seguramente se extenderá con normalidad, conforme la sociedad española se acostumbre a que los servicios públicos vayan deteriorando su calidad.

En resumen, la campaña renta de 2017 llega sin presupuestos, con estimaciones de ingresos infladas y con la sensación de que el fraude ya es estructural. El impuesto sigue penalizando a las rentas medias y bajas y favorece la evasión o elusión fiscal, a lo que contribuyen el personal de inspección que graciosamente se pasan al lado oscuro para servir mejor a la población española. En términos nostálgicos, enterramos al PADRE y damos la bienvenida a la RENTA WEB que permitirá subsanar errores e incluirá por fin a autónomos y profesionales.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.