Los pensionistas, el voto “abandonado” por el PP que espera aprovechar en su favor el PSOE

El pasado día 22 de febrero, los pensionistas rodearon el Congreso y se concentraron en varias ciudades de España para exigir pensiones dignas. Este mismo lunes han vuelto a las calles de Bilbao. En marzo se celebrarán también varias protestas: el 1 y el 15 convoca UGT y CCOO, mientras el 17 lo hará de nuevo la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones. Los ciudadanos más veteranos han logrado situar su reivindicación en el centro del debate político y con las próximas citas prometen mantener viva la llama. La duda está en si ese descontento llegará a las urnas, que aún tienen un horizonte lejano, ¿se arriesga Mariano Rajoy a perder un nicho jugoso de votantes?

El voto de los mayores de 65 años es un interesante pastel donde el bipartidismo se lleva el trozo más grande. “Mayoritariamente, este grupo suele votar por el PP o  por el PSOE. Los partidos nuevos tienen poca presencia”, explica Pedro Riera, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid. Según el barómetro del CIS del pasado enero, si se hubieran producido elecciones generales en ese momento, los mayores de 65 años hubieran dado su voto directo al PP en un 28,8% de los casos, al PSOE en un 19 %, a Ciudadanos  en 10,9% y a Podemos con un 1,8%. A pesar de las manifestaciones, el experto se muestra escéptico con que el malestar por las pensiones pueda mover voto de forma significativa en las urnas: “Generalmente, a medida que te haces mayor es más difícil que cambie tu voto”, explica. Según su opinión, estos ciudadanos siguen priorizando otras cuestiones, como el eje conservador-liberal en los temas sociales. Al menos, de momento.

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Cristobal Ráez, portavoz de la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, sí cree que se ha despertado la conciencia de este colectivo y que puede influir. El desgaste de la crisis y el trabajo que se ha hecho desde plataformas como la suya han desembocado en las movilizaciones que vemos estas semanas: “La crisis ha mermado el poder adquisitivo de los jubilados, que se preguntan por qué si sube la luz o el gas sus pensiones están estancadas en el 0,25%”. Además, han subsanado también las consecuencias de los trabajos precarios de sus hijos, ya sea ayudándoles con su prestación mensual, acogiéndoles en su casa si no podían pagar su piso o ahorrándoles la guardería cuidando de sus nietos.

“Hay un descuido y un abandono evidente por parte de los partidos”, confirma Ramón Cotarelo, catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la UNED. Los dos grandes partidos en los que confían electoralmente son también los que han rebajado sus derechos. El presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero fue el primero en congelarlas ante la llegada de las primeras señales de la recesión, lo que también le costó votos, mientras Rajoy las ha desvinculado de la subida del IPC empobreciéndolas. “El solo hecho de que esté en cuestión un derecho como es el de la pensión ya demuestra la importancia que se le ha dado a este colectivo”, reflexiona el experto. Estos extrabajadores han cotizado durante su vida laboral para poder tener la prestación que ahora se cuestiona.

Es un derecho protegido por el artículo 50 de la Constitución que prevé que “los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad”. Sin embargo, el dinero parece ser la excusa para cuestionar, en la práctica, este artículo de la Carta Magna: “Se les ve como un gasto, una losa para el Estado”, sentencia Ráez.

El PSOE muy activo, mientras Ciudadanos pasa de puntillas

Este malestar latente en los últimos meses sí ha obligado a los políticos a mover ficha. La preocupación en las filas populares ha desembocado en un anuncio de una rebaja del IRPF a una parte de los pensionistas por parte del ministro Cristóbal Montoro. Rajoy anunció que se podrán retirar las aportaciones a los planes de pensiones a los 10 años, mientras pide a los españoles que ahorren. Unos días después de las protestas del 22 de febrero, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, daba una entrevista al diario ABC intentando tranquilizar a los jubilados y asegurando que su deber “es garantizar las pensiones de hoy y de mañana”. Ahora, las miradas están puestas en la Comisión del Pacto de Toledo, que trabaja actualmente en este asunto. Su presidenta es la diputada Celia Villalobos, que en las últimas semanas ha hecho varias declaraciones incendiarias sobre estas prestaciones. Llegó a decir, entre otras frases, que hay «pensionistas que están más tiempo cobrando la pensión que trabajando». 

Pedro Riera apunta a que Rajoy “va a tener que ir con mucho cuidado” para conservar el voto de los pensionistas. Frente a los jóvenes, que castigan el desencanto con la abstención, los mayores tienen una particularidad. Han crecido en los últimos años del franquismo y han vivido en la Transición. Por ello, acudir a las urnas es un acto político indispensable: “Siempre votan. Están movilizados, ahora el PP tiene que procurar que no voten por otro partido”. Ciudadanos parece estar recogiendo los votos perdidos.

Los pensionistas indignados son una oportunidad para que el PSOE arañe apoyos. Por eso, se están implicando al máximo. Llevan semanas organizando asambleas monográficas por toda España, presentarán en el Congreso una propuesta para ligar la subida de las prestaciones de nuevo al IPC y proponen sostener el sistema de pensiones con dos impuestos extraordinarios sobre la banca y las transacciones financieras.

Otros partidos de la oposición también se mueven. Unidos Podemos y Compromís pedirán la comparecencia en el Congreso de Rajoy y Báñez para que expliquen “qué va a ocurrir con el factor de sostenibilidad y el futuro de las pensiones”. Mientras, Ciudadanos, que podría ser el receptor de los votos fugados como en otros sectores, no ha querido entrar de lleno en el debate de las pensiones y ha preferido centrarse en su «ley contra la precariedad», que impulse el contrato único. 

Ellos, que no son como los de antes

La sorpresa que ha provocado la reivindicación de los pensionistas tiene una segunda lectura: pone en evidencia la visión tan estereotipada que a veces se tiene de los jubilados y no solo en la esfera política. Hay un cambio generacional evidente que favorece las movilizaciones : “La esperanza de vida ha crecido de forma rápida y reciente. Cuando nosotros nacimos la función de los mayores era desaparecer de la vida social, pero ahora un hombre puede vivir jubilado 20 o 30 años”, explica Cotarelo. Estas personas tienen energía para batallar por sus derechos y, además, tienen experiencia. Son los que lucharon por construir la democracia española.

Sin embargo, los partidos tienden a ignorar a este sector, considerado pasivo, que no puede hacer huelga ni son grandes consumidores, pero sí votantes. Se han demostrado muy útiles durante la crisis y han permitido que la situación no fuera aún mucho peor, gracias a que en algunas ocasiones han parapetado a sus hijos con su pensión. Se han integrado en movimientos sociales de todo tipo. Basta mencionar a los yayoflautas.

También se encuentran ejemplos en las cuestiones políticas actuales: “La movilización independentista catalana y el hecho de que fueran capaces de esconder miles de urnas tiene su explicación, en parte, a que muchos voluntarios son jubilados y tienen tiempo. Cuando los mayores se conciencian y tienen un deber pueden conseguir cosas así. Eso las izquierdas españolas no saben cómo hacerlo”, argumenta el catedrático de la UNED.

Cotarelo explica esta sorpresa por el éxito de las movilizaciones por un desfase : “Las imágenes sobre cuál es su comportamiento social de las personas mayores están obsoletas y, además, los mecanismos para integrarles en la sociedad son ineficaces. Hay que repensar la figura social que se les ha atribuido a los jubilados”. Pedro Riera hace referencia a partidos específicos que defienden los derechos de los mayores como el 50PLUS holandés, que ha llegado a tener relevancia política. Sin embargo, en España esta posibilidad es aún “política-ficción”.

Por mucho que se elaboren discursos sobre la insostenibilidad de las pensiones o se enfrenten sus condiciones materiales a las generaciones siguientes, lo cierto es que este movimiento suma simpatizantes y además se suma a otras reivindicaciones, como la lucha contra la precariedad de los jóvenes o la huelga feminista, a la que ya han mostrado su apoyo públicamente. Según UGT, la brecha de género en las pensiones llega al 37%.