Del 15-M al 8-M: la ciudadanía critica la actitud de los sindicatos mayoritarios

Al evocar la huelga feminista del pasado 8 de marzo, la palabra que viene a la mente es “desbordamiento”. Rebosaron las calles, las expectativas de las convocantes y, en opinión de algunos, también las de los propios sindicatos mayoritarios, que se sumaron con paros parciales, una medida que decepcionó a un sector del feminismo que esperaba que secundasen las 24 horas. En los últimos días, su papel se ha visto cuestionado, incluso, por otros sindicatos como CGT o CNT.

Los dos grandes movilizaciones del mes de marzo han nacido de la organización social: el movimiento feminista, liderado por la Comisión 8 de marzo, y los jubilados, capitaneados por la Coordinadora en Defensa del Sistema Público de Pensiones. Los sindicatos mayoritarios, como UGT y Comisiones Obreras, llevan mucho tiempo trabajando también en estas dos áreas, pero en las últimas movilizaciones masivas han secundado (y no liderado) el pulso de la calle. De hecho, ambas organizaciones habían llamado a la protesta el día 15 de marzo y finalmente lo han retrasado hasta el 17, coincidiendo con la convocatoria del la coordinadora, “con el objetivo de posibilitar una mayor capacidad de movilización y de participación de la ciudadanía”, aunque a diferentes horas. Mientras los dos sindicatos se revuelven contra la reforma de pensiones de 2013, la coordinadora también critica la reforma de 2011, firmada durante el segundo mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, con el acuerdo de los sindicatos. 

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“Creemos que la unión hace la fuerza y tenemos que salir juntos y presionar. Cada uno en su ámbito y sus siglas”, explica Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT, que no ve útil intentar confrontar, alegando que el discurso que pone en duda la capacidad de los sindicatos “le viene de perlas al Gobierno, a la derecha, a los empresarios y a los del Ibex 35”. Sin embargo, José Manuel Muñoz Póliz, secretario general de CGT, opina que las últimas movilizaciones han “sobrepasado” a estas dos organizaciones,  de las que considera que “cada acuerdo que han firmado ha sido para restar fuerza movilizadora”. 

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Días antes de la convocatoria del 8-M, CGT alertó de que Comisiones Obreras estaba intentando “desmovilizar a las mujeres trabajadoras” mediante “circulares internas dirigidas a su afiliación afirmando que esta huelga no es legal”. CNT también asegura que el desmarque del paro de 24 horas y la apuesta por la de dos ha inyectado confusión entre los trabajadores, que no sabían cuál seguir y qué cobertura legal les amparaba. UGT y CCOO cuentan con una red mucho más amplia en los centros de trabajo y, por tanto, también tienen mayor capacidad informativa. “En primer lugar, no aceptaron la demanda del movimiento feminista. En segundo, ha afectado mucho en las negociaciones de servicios mínimos, ya que la diferencia entre huelga y paros ha sido usada por la patronal y la Administración”, explica Patricia Manrique, portavoz de CNT, que trabaja en el ámbito de Cantabria.

Que los sindicatos mayoritarios convocasen paros laborales fue ya un salto cualitativo con respecto a otros años. Pero a la hora de llamar a la huelga CCOO y UGT, barajan más factores, como asegurarse que hay seguimiento en un mercado de trabajo donde es difícil faltar o prescindir de un día de sueldo: “En primer lugar, convocamos a hombres y a mujeres porque consideramos que la igualdad es una cuestión de todos. Hicimos paros porque estamos en un momento de precariedad laboral, que castiga especialmente a las mujeres, y queríamos que pudieran participar el mayor número de personas y, además, queríamos introducir en las empresas las discusiones sobre la brecha salarial o el acoso”, explica Antoñanzas. Ellos cifran en unos 6 millones los seguimientos de los paros, pero no se sabe con exactitud cuál fue el seguimiento de la convocatoria de 24 horas.

El 8-M también ha puesto en el foco del debate la palabra “huelga”, que en esta ocasión ha trascendido lo laboral y se ha extendido también hacia los cuidados, el consumo y el ámbito estudiantil. Incluso, algunas voces del movimiento feminista creen que hasta ahora no se ha hecho una verdadera huelga general, que tuviera en cuenta el trabajo no remunerado.

El 15-M y la crisis de afiliación ya superada

La huelga de 24 horas ha sido una buena oportunidad para que organizaciones como CNT y CGT visibilizasen su acción, dando cobertura legal a las peticiones del feminismo. “Los sindicatos de concentración están acostumbrados a un tipo de lucha muy concreta. Esta batalla no era solo laboral. Son organizaciones muy anquilosadas y les pillan a contrapié todas las movilizaciones que surgen de la sociedad civil. Tras el 15M, asistimos a planteamientos de lucha distintos, que no vienen del sindicalismo ordenado”, explica Manrique. 

El 15 de mayo de 2011 marcó un antes y un después. Explotaron las iniciativas ciudadanas, que luego se trasladaron a los barrios, y se puso en evidencia la crisis de representatividad que sufría (y sigue sufriendo) la sociedad española con respecto a sus instituciones. “Igual que se ha cuestionó el bipartidismo, se cuestionó a los sindicatos, porque se consideró que estábamos muy burocratizados, pero donde ha habido dinámicas de movilización en los últimos años también ha estado CCOO, como en la marea verde o en la blanca”, explica el portavoz de CCOO, Fernando Lezcano.

En los últimos años, los sindicatos han tenido que hacer autocrítica. Algunos casos de corrupción, como el de las ‘tarjetas black’ de Caja Madrid, ahondaron aún más en la desconfianza de la población hacia estas organizaciones. A su vez, coincidió con una crisis de afiliación, que ahora parece estar remitiendo. En el caso de Comisiones Obreras, por ejemplo, descendió de los 1.201.520 afiliados de 2008 hasta los 909.052 de 2015. En 2017, ya notaron una leve recuperación llegando a los 920.870 personas. Las secretarías generales se han renovado durante estos años y la creación de puestos de trabajo les ha impulsado al crecimiento positivo que habían perdido con el desempleo en años anteriores.

CGT y CNT afirman haberse mantenido inmunes a esta crisis y perciben que su afiliación también crece en los últimos años, aunque no necesariamente por la desafección de los sindicatos de concentración. Están consiguiendo ganar visibilidad en los espacios arrasados por la precariedad y entre la gente joven: “Ha llegado mucha gente nueva que nunca había venido a un sindicato. Aunque no les gusten estas organizaciones, pueden llegar por nuestra asesoría jurídica”, ejemplifica Manrique.

Hay dos motivos por los que los trabajadores escogen uno u otro sindicato. El primero es ideológico (donde hay variedad) y el segundo es por la percepción que tienen de que defenderán sus derechos, un espacio donde UGT y CCOO tienen más visibilidad por su “estructura capilar” y su presencia en los centros de trabajo. Ambas están acostumbradas a las críticas. Aún siguen reprochándoles su “pactismo” en los Pactos de la Moncloa, firmados en 1977. “Prefieren un mal acuerdo que el desacuerdo”, critica José Manuel Muñoz Póliz. El acuerdo de subida salarial para los empleados públicos es uno de los últimos ejemplos en los que las reivindicaciones de las partes no acaban de ser del todo satisfechas. Para unos es voluntad de alcanzar resultados que mejoren la vida de las personas, para otros es una forma de colaboración con la patronal y las administradores, que pone coto, de forma disimulada, a la voluntad obrera. Los sindicatos mayoritarios siguen teniendo fuerza en las mesas de negociación y son capaces de articular propuestas, como en el caso de las pensiones.

Mientras los grandes, por su propio origen, tienen una fuerte presencia en la parte industrial y en la de servicios, se han visto obligados a reinventarse para tener presencia en otros sectores como en la nueva economía digital, donde los trabajadores están más dispersos, son más vulnerables y, a veces, ni siquiera existen centros de trabajo donde aunar esfuerzos. “Se nos ha acusado de que solo defendemos a los que tienen trabajo estable, pero no es verdad, defendemos la calidad del empleo. La prueba es que nos hemos puesto manos a la obra con las plataformas digitales y hemos creado nuevos canales de comunicación como el portal Tu respuesta sindical ya”, explica la portavoz de UGT.

Desprestigiar el discurso sindical tiene sus riesgos, especialmente ante un neoliberalismo que avanza y unos trabajadores cada vez más aislados y desprotegidos. En los tiempos de la inmediatez, el análisis se vuelve más necesario que nunca. Opciones hay muchas y diversas, aunque la portavoz de la CNT usa de una frase que sirve de utilidad para varios contextos, también para el sindicalismo: “El tamaño no importa”, bromea en referencia a su organización.