La ansiedad, la enfermedad ignorada del precariado laboral en la España post-crisis

  • La ansiedad será en 2020 la primera causa de baja laboral en España azuzada por el estrés y la crisis económica.
  • ¿Debería contabilizarse como enfermedad laboral?

En lo que llevamos de año, han muerto 251 trabajadores. El último hace apenas dos días, de un golpe de calor mientras trabajaba en la autovía. En los primeros cinco meses de 2018 se han producido 541.098 accidentes laborales. España arrastra casi seis años de crecimiento en la siniestralidad laboral y 2018 sigue los mismos pronósticos. Para los sindicatos, la causa de esta subida ininterrumpida tanto de accidentes mortales como los graves tras décadas de estabilidad e incluso descenso en la siniestralidad laboral es la precariedad, fruto en gran parte de la reforma laboral de 2012. “Con motivo de la crisis ha habido un debilitamiento de la estructura de prevención, y mientras no se cambie esa tendencia y el modelo de relaciones laborales sigue yendo por la mayor carga de trabajo y empeoramiento de condiciones difícilmente se va a corregir el incremento de la siniestralidad”, señala a este diario el secretario de salud laboral de CCOO Pedro J. Linares. Sin embargo, las enfermedades psicosociales como el estrés y la ansiedad, asociadas al precario mercado laboral, siguen fuera del radar y de las estadísticas oficiales. Nadie mira a la ansiedad, la hija olvidada de las enfermedades relacionadas con el trabajo, que también es sin embargo la enfermedad definitoria de esta última generación y que afecta o ha afectado a casi un 40% de españoles. 

La amenaza de despido, la altísima rotación laboral o la creciente carga de trabajo son algunos de los motivos más comentados por los pacientes que deciden tratarse la ansiedad. “Me tengo que quedar más tiempo trabajando, las responsabilidades son mayores conforme echan a otros compañeros sin contratar a nadie más para el puesto, pero no siento que eso me de seguridad. Es como una espada de Damocles balanceándose todo el rato sobre mi cabeza, y eso me afectó primero al sueño y luego me daban taquicardias, vómitos… Y fui al médico, que me diagnosticó ansiedad”, cuenta Andrea, de unos 40 años.

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Para 2020, la ansiedad será la primera causa de baja laboral en España, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud. En la actualidad, se estima que cerca del 40% de los españoles padecen o han padecido trastornos de ansiedad o depresión, de los cuales cerca del 57% lo asocia a causas relacionadas con el trabajo o el precariado. Según un estudio de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, los problemas laborales son los que más estrenan y cronifican el estrés, en un 43,3%.

Sin embargo, apenas un 41% de las personas con ansiedad perciben la necesidad de recibir tratamiento. Además, la ansiedad es, según admiten los expertos médicos, una enfermedad infradetectada.

Sin embargo, los  crecientes casos de ansiedad relacionados con el trabajo no son contabilizados como enfermedades laborales. “Nuestro sistema de prevención de accidentes no contempla la enfermedades de, digamos, origen psicosocial. No hay por tanto un registro”, advierte Linares. Un problema añadido es que la mayoría de los casos no son tratados en el sistema de enfermedades y accidentes laborales, sino por la Seguridad Social. “Hay una traslación de lo que son realmente daños a la salud producidos en el ámbito laboral que, sin embargo, se están tratando en los sistemas públicos de salud. Normalmente quien tiene un problema asociado a la ansiedad, de carácter más psicológico, se están tratando en el sistema público y por tanto no se declaran en el sistema de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. Hay una derivación importantísima”.

Socialmente, además, es complejo admitir la ansiedad, y más aún, aceptarla como una enfermedad laboral. “La mayoría de los trabajadores acuden a su puesto incluso enfermos, porque hay una fuerte presión en el ámbito laboral: por miedo a perder el trabajo, por miedo a perder dentro de la propia empresa la consideración a la hora de posibles promociones… Es muy difícil que se traten (la ansiedad) a través de los sistemas para declararla como enfermedad laboral”, explica Linares.

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La gente se automedica. Entre 2000 y 2013 se duplicó en España el uso de pastillas ansiolíticas como el lorazepam y alprazolam, convirtiéndonos líderes en Europa, según datos recopilados por El Mundo.

Aunque desde los sindicatos afirman que “una buena parte” de las enfermedades asociadas a problemas psicológicos a nivel global “son también problemas laborales”, la lista que reconoce por decreto las enfermedades laborales es muy difícil de actualizar. “Nosotros venimos reclamando desde hace mucho tiempo que se considere la ansiedad también como enfermedad profesional, pues entre otras la propia OIT (Organización Internacional del Trabajo) así lo reconoce en su listado de enfermedades profesionales, sin embargo en España no se ha hecho esa traslación”, apunta Linares.

Problemas “de carácter individual”

En octubre de 2017, la justicia reconoció como accidente laboral una crisis de ansiedad sufrida por una trabajadora debido al exceso de carga de trabajo. Es uno de los primeros casos en España, y sentó un precedente que sin embargo todavía no ha calado en los sistemas de seguros laborales, que en muchas ocasiones se niegan a reconocer la ansiedad como un problema derivado del ambiente laboral o la propia actividad económica del afectado, sino fruto de otras circunstancias personales.

En este mismo caso, la afectada, una trabajadora perteneciente al Servicio Vasco de Salud fue derivada al médico de atención primaria en lugar de al correspondiente de la Mutua Colaboradora.

Las bajas terminan, por tanto, dándose en el sistema público. “(La gente) no lo declara en la Mutua, y la mutua no lo va a reconocer como una enfermedad derivada del trabajo; va a buscar la posibilidad de decir ‘no hay una causalidad, no es exactamente solo por esto, será porque tiene usted problemas asociados a su familia, problemas de carácter individual‘”.

Sin embargo, las demandas continúan: en noviembre del año pasado varios trabajadores de la empresa Honeywell Barcelona presentaron un caso contra el Estado español que reclama el reconocimiento de los trastornos de ansiedad y depresión como una enfermedad laboral. Estos cinco trabajadores aducían que los errores y desprotección de la empresa ante el amianto en los materiales de construcción con los que habían trabajado (y que se asocian con casos de cáncer con alta probabilidad), lo que les producía un estado de ansiedad ante la posibilidad de desarrollar cáncer.

Mientras los caminos legales empiezan a abrirse, en los próximos años es previsible que continúe aumentando la ansiedad y estrés relacionados con el trabajo: “Una sociedad donde el 40% de sus jóvenes están luchando por encontrar un trabajo es una sociedad enferma. Tarde o temprano se verán los resultados”, concluye Linares.