La covid-19 cierra la puerta del mercado laboral a unos jóvenes (un poco) desanimados

  • El paro juvenil arroja tasas de desempleo del 40,4% en menores de 25 años
  • La pandemia ha profundizado problemas que ya existían para los jóvenes, que firman menos contratos de formación y de prácticas
  • Es "previsible" que esa falta de alternativas laborales estimule "la continuación" de los estudios, siempre que el sistema educativo se adapte

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La covid-19 ha sumido todos los indicadores económicos en la inestabilidad. Pero algunos números son preocupantes, quizá porque también lo eran antes. Es el caso del paro juvenil, que arroja tasas de desempleo del 40,4% en menores de 25 años. Pero el Ministerio de Trabajo en un informe de septiembre pone atención sobre otro fenómeno: los jóvenes "desanimados".

Antes de que se conocieran los datos del tercer trimestre de la EPA, el Ministerio de empleo publicó el informe Jóvenes y Mercado de trabajo en septiembre de 2020, donde define a los "jóvenes desanimados" como aquellas personas inactivas de 16 a 24 años "que no tienen trabajo ni buscan empleo por creer que no lo encontrarán". El Ministerio advierte de que registró "un aumento significativo" en el segundo trimestre, es decir, el periodo de restricciones, donde muchas actividades quedaron paralizadas. Aún así, el tercer trimestre ha cambiado las cifras con la reactivación y más personas han salido a buscar empleo. La "población desanimada" no es un fenómeno específicamente juvenil, sino que se estudia también para otros segmentos de edad.

En el documento de septiembre se advierte de que los niveles de 'desánimo' en esta población están "entre los más bajos de los registrados desde el inicio de la crisis de 2008". En 2012 y 2013, estos estuvieron disparados y desde entonces descienden. Stribor Kuric, técnico de investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, ve coherencia en este último dato: "En el informe se observa cómo descienden los contratos de formación y prácticas, pero hay que darle un foco más amplio y mirar los datos no solo en este contexto concreto. Revela la frustración de la población joven que cree que no merece la pena buscar trabajo. Se ha producido esa ruptura del contrato social del empleo estable desde 2008. La población joven tuvo un problema entonces y ahora se confirma".

Empleos precarios

La incertidumbre a la que nos somete la pandemia hace que Lorenzo Serrano, catedrático de Análisis Económico de la Universitat de València y profesor investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, también advierta de que "es complicado valorar bien los efectos de la pandemia", cuyo futuro está condicionado por la evolución de la enfermedad y el éxito de las medidas. De hecho, alerta de que algunas cifras pueden ser engañosas si no se interpretan bien: "Hay que examinar los datos con cuidado porque la aparente mejora en algunos indicadores, por ejemplo la caída de la temporalidad, no supone una mejora real, sino simplemente que los efectos han sido más negativos a corto plazo sobre los colectivos menos protegidos, con caídas más fuertes inicialmente del empleo temporal que del indefinido".

A pesar de que solo tenemos información "parcial" sobre la pandemia, el experto da algunas pinceladas generales: "La parálisis del mercado laboral por la covid-19 está afectando mucho a los jóvenes, especialmente tocados por la temporalidad y, en gran parte, nuevos entrantes en un mercado de trabajo que actualmente apenas ofrece nuevas oportunidades".

¿Volver a estudiar?

Si los expertos hablan de un mercado temporal, el informe también apunta a un descenso de las vías específicas de entrada al mercado de trabajo de la juventud en esa foto fija del segundo trimestre. El contrato de formación y aprendizaje también desciende, como lleva haciendo desde 2016, ese año, sufrió un retroceso cuando se impuso un nuevo requisito: que la formación recibida fuera "certificable". Se ponía fin así a una escalada que tuvo su auge en 2015. 

Aunque los contratos de prácticas han tenido una evolución diferente en los últimos años, también bajan en 2020, como ya lo hacían en 2019. "En 2020, entre enero y agosto, sin embargo, se han registrado 25.356 contratos en prácticas, 15.316 menos que en el mismo periodo de 2019 (-37,7%), descenso vinculado a la crisis sanitaria desatada a mediados de marzo", explican en el informe del Ministerio.

Si la enfermedad y las restricciones continúan tapando las entradas de los jóvenes al mercado de trabajo, Serrano estima "previsible" que esa falta de alternativas laborales "reduzca el abandono temprano" de los estudios y estimule "la continuación". Pero advierte de que el sistema educativo tiene que estar preparado para responder "con flexibilidad a las condiciones de no presencialidad y/o de criterios de seguridad que el coronavirus impone".

También son víctimas del coronavirus

"La problemática de los jóvenes españoles no es que sean vagos, es que el contexto no facilita el empleo y se les responsabiliza a ellos", explica Stribor Kuric, que asegura que aún sigue escuchando la expresión peyorativa "nini" que se popularizó a principios de siglo para describir a aquellos jóvenes que "ni estudiaban ni trabajaban".

Ahora, el investigador alerta de otro tipo de discursos muy extendidos y con una raíz común: "Es el discurso de 'esfuérzate y triunfarás' que tenemos tan arraigado. Te enseña que con una formación elevada conseguirás empleo, que tienes que aceptar la flexibilidad laboral y la intermitencia para poder conseguir un trabajo y que eso llevará la estabilización", explica. Aunque es cierto que un mayor nivel educativo facilita (que no garantiza) un mejor empleo, para muchos jóvenes, esa estabilización nunca llega.

Además de la incertidumbre provocada por la situación sanitaria, malas perspectivas en el empleo y unas clases que aún no se pueden equiparar con la educación presencial, los jóvenes también tienen que lidiar con un discurso que los ha criminalizado y con las consecuencias de la pandemia: "A nivel psicológico les ha afectado estar encerrados en casa. Esa ruptura de la cotidianidad es importante para todo el mundo. Eso se verá en los índices de estrés, la preocupación por el futuro e incluso, las problemáticas en salud mental", cierra el investigador.

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