CCOO y la CGT francesa: transformarse o morir

  • CCOO y CGT siguen siendo actores centrales en ambos países, pero atraviesan una grave crisis
  • Atraer a jóvenes del precariado y su relación con el feminismo son dos retos comunes para las centrales española y francesa

PARÍS (FRANCIA).- Los mismos desafíos a ambos lados de los Pirineos. Comisiones Obreras (CCOO) y la Confédération Générale du Travail (CGT) francesa se enfrentan a retos parecidos: un mercado de trabajo cada vez más precarizado y la necesidad de posicionarse ante el ascenso del feminismo. Son las principales centrales sindicales de España y Francia, tanto en número de afiliados como por resultados electorales, y son los sindicatos mayoritarios más progresistas (a la derecha de la CGT está la CFDT, un sindicato menos combativo). CCOO y CGT siguen siendo actores centrales en el mundo del trabajo de ambos países, pero atraviesan una grave crisis.

“El problema del empleo precario es que no asocia a los trabajadores a un sector preciso y los sindicatos están organizados por sectores profesionales”, explica Karel Yon, sociólogo y coautor del libro Sociologie politique du syndicalisme (2018), junto a Baptiste Giraud y Sophie Béroud. “En la CGT hay militantes jóvenes que proponen una organización transversal, más allá de los sectores profesionales, pero hay resistencias”. En CCOO el debate no ha llegado tan lejos. Cristina Faciaben, secretaria de Internacional del sindicato, destaca que se acaba de crear una Secretaría de Juventud y Nuevas Formas de Trabajo. “Estamos trabajando con intensidad sobre esto”, asegura, “pero es muy difícil acercarse a estos trabajadores por la falta de un horario y una presencia física. No somos un referente para ellos porque no nos conocen”. ¿La solución? “Tenemos que hablar su idioma, estar más presentes en Internet, las redes sociales…”, señala Faciaben.

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Para Karel Yon, esta estrategia es insuficiente: “El principal registro de los sindicatos en su actuación hacia los jóvenes es informarles de sus derechos, publicar guías. Pero las campañas reivindicativas son muy poco frecuentes”. La actuación más emblemática de la CGT a favor del precariado fue el apoyo a las huelgas de migrantes sin papeles en 2008, “los trabajadores más precarios por definición”, precisa Yon. Por el contrario, CCOO no jugó un papel destacado en los encierros de migrantes de principios de los años 2000 en España, donde sindicatos minoritarios e iglesias fueron los principales apoyos institucionales de los huelguistas.

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Según Hugo (nombre ficticio), un economista que trabaja en Comisiones Obreras, desde la elección de Unai Sordo como secretario general en 2017 “se está haciendo un esfuerzo mayor por organizar los sectores que no están organizados”. Algunos de los colectivos precarizados que se han movilizado en los últimos años, como los repartidores a domicilio y las Kellys, han contado en algunos territorios con el apoyo de CCOO, señala Hugo. En la CGT francesa dirigida por Philippe Martinez también se están haciendo esfuerzos por acercarse a estos sectores, según Karel Yon: “Martinez ha comprendido los desafíos del empleo asalariado de hoy, pero los grandes proyectos de reforma interna a menudo se quedan en frases vacías. La CGT es una enorme máquina que va en varias direcciones a la vez”, lamenta.

La misma toma de conciencia ha tenido lugar en CCOO, de acuerdo con Hugo: “Desde la reforma laboral de 2012 hay una conciencia creciente en el sindicato de que la precariedad ya no es una etapa de la vida, sino que se generaliza y se extiende a sectores que antes estaban protegidos”. Está por ver hasta qué punto este análisis se traduce en la acción de un sindicato que sigue teniendo “un funcionamiento muy centrado en la industria”, como reconoce Cristina Faciaben.

¿Un sindicalismo feminista?

Además de la precarización del empleo, otro cambio inesperado está obligando a los sindicatos a moverse, sobre todo al sur de los Pirineos: el ascenso del feminismo. CCOO se define como una organización feminista y la CGT destaca en sus estatutos su compromiso por la igualdad de género en el empleo. Sin embargo, la mayoría de los cargos de responsabilidad en ambos sindicatos están ocupados por hombres y, en España, la huelga de mujeres del pasado 8 de marzo puso a prueba la solidez del compromiso feminista de CCOO. La Comisión 8M quería que los sindicatos convocasen una huelga general de 24 horas, ya que son las únicas organizaciones habilitadas legalmente para ello. Los sindicatos minoritarios CNT y CGT lo hicieron, pero CCOO y UGT se quedaron a medio camino: solo convocaron paros de dos horas.

“Era difícil que la huelga fuese un éxito, que hubiese un seguimiento total”, se justifica Cristina Faciaben, que celebra el carácter masivo de las manifestaciones del 8 de marzo. Hugo es más prudente: “Es posible que la movilización desbordase la previsión del sindicato”. Faciaben añade otro argumento: “El objetivo era simbolizar el apoyo de los trabajadores y trabajadoras a la igualdad, no contar el descenso del gasto eléctrico” (la medida que se usa habitualmente para medir el éxito de una huelga general). En la CGT francesa, también parece haber resistencias hacia la idea de poner el instrumento de la huelga al servicio del feminismo, según Karel Yon: “Si se plantease, seguramente habría una desconfianza hacia la idea de una huelga de mujeres. Sería percibida como una movilización ‘comunitaria’, no universalista”.

Un futuro incierto

No todo son parecidos entre CCOO y la CGT. A pesar de los recortes sociales y las políticas de desregulación del gobierno de Mariano Rajoy, CCOO no ha convocado ninguna huelga general desde 2012. Por el contrario, la CGT francesa ha liderado numerosas movilizaciones en los últimos años, incluidas varias jornadas de huelga. El movimiento de 2016 contra la reforma laboral del entonces primer ministro Manuel Valls fue masivo y consiguió el apoyo de más del 70% de la población. Sin embargo, como recuerda Karel Yon, “las últimas movilizaciones sindicales en Francia se han saldado con fracasos”: la CGT no consiguió detener la reforma laboral de François Hollande y Valls, ni la impulsada por Emmanuel Macron en 2017.

Quizá sea el miedo al fracaso lo que lleve a CCOO a privilegiar la negociación colectiva, de la que Cristina Faciaben habla con entusiasmo: “En la negociación colectiva mantenemos el espacio que hemos tenido siempre como sindicato más representativo”. Faciaben celebra el acuerdo firmado por CCOO y UGT con la patronal el pasado julio, que “recomienda” subidas de sueldos de entre el 2 y el 3 por ciento y un salario mínimo de 1.000 euros para los trabajadores cubiertos por convenio. Sin embargo, Hugo se muestra escéptico sobre su eficacia: “La patronal ya ha incumplido acuerdos como este”. “Habría sido mejor no firmar o firmar después de un ciclo de movilizaciones que mejorase la correlación de fuerzas”, concluye.

Son tiempos duros para los sindicatos: la precarización del empleo socava la base de su poder, lo que a su vez hace más difícil conseguir victorias. Pero las crecientes dificultades también pueden ser un acicate que obligue a grandes maquinarias como CCOO y CGT hacerse cargo de las profundas transformaciones que está sufriendo el mundo del trabajo, además de integrar el feminismo como un pilar central de su acción sindical. Hugo es relativamente optimista: “El futuro del sindicalismo dependerá de su capacidad de atraer a mujeres, a jóvenes… Es una batalla que se lucha día a día, nunca se gana”.