Polanski o Landanski?

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Entre los propósitos de enmienda para 2010 en Estados Unidos destaca la voluntad de cerrar de una vez el caso Polanski. Que por supuesto ya huele. Más de treinta años son muchos para estar huyendo de la justicia...por los dos lados. Por el del "delincuente"  y por el del curioso Torquemada americano que en su día le tocó en suerte.

A día de hoy un delito como el cometido por Polanski -ciñéndonos al estupro y obviando el detalle de sustraerse a la acción de la justicia- se castiga con unos dos años de cárcel. En 1977 había una horquilla posible de entre uno y quince años a discreción del juez. De quien se dice que en este caso, tras un pequeño compadreo entre celebrities -hasta el punto de permitir a Polanski viajar a Europa para acabar una película mientras esperaba sentencia-, se cabreó como una mona al verle en una foto tomada en la Oktoberfest de Munich, rodeado de cervezas y de ninfas. Ultrajado, el magistrado decidió hacer un escarmiento del Hollywood depravado y sinvergüenza que el superviviente del Holocausto y viudo de Sharon Tate encarnaba.

Y aquí empieza el tango de despropósitos. Durante mucho tiempo mucha gente se ha sentido incómoda con el caso Polanski por lo que tenía de caza de brujas de cierta mentalidad, de cierta idea de libertad sexual. Desde este punto de vista Polanski sería un europeo no exactamente virgen pero sí mártir, clavado en la cruz del puritanismo. El amante y pigmalión de Nastassja Kinski versus el país que inventó el maccarthysmo y el Ku Klux Klan.

Algo hay y ha habido de eso. Por ejemplo la saña con que algunos siguen definiendo a Polanski como un "violador", cuando a día de hoy parece más que acreditado que el director de cine se limitó a cometer un estupro sinó consentido, débilmente protestado, con una menor de edad probablemente muy sensible -y más aún que ella su señora madre- al estatus de estrella de Hollywood del agresor. Han pasado treinta años y, aunque en la biografía de Polanski es tenaz la inclinación por las mujeres mucho más jóvenes que él -gusto bastante extendido, aunque por lo general más reprimido-, lo cierto es que nadie ha vuelto a pillarle con los pantalones ilegalmente bajados.

La verdad es que si el asunto se piensa despacio y en Europa se impone una no por obvia menos sorprendente conclusión: la supuestamente sofisticadísima depravación de Polanski, ese nivel de vicio capaz de dejar a un juez norteamericano atónito y babeando, en realidad fue algo que casi roza el landismo. A los hechos me remito: un director de cine cuarentón, no muy agraciado pero sí famosísimo -y cuya reputación de golfo, por cierto, hace tiempo que le precede- se queda a solas con una menor y con el consentimiento de la madre de esta para hacerle fotos. Le falta tiempo para pedir que las fotos sean en top less y para pasar a mayores de la manera menos mefistofélica, menos glamurosa imaginable: aturdiendo a la chavala con pastillas y con champán.

No sé ustedes, pero en mi pueblo, este sistema de seducción se considera de un cutre...

En fin, que quizás ya va siendo hora de dejarnos de leyendas y de aspavientos. Que comparezca ante el juez. Que pague una multa, o que le impongan unas horas de trabajo comunitario. Por favor no le manden a Guantánamo pero por favor, tampoco le consideren el summum del erotismo europeo.

Seguro que lo podemos hacer mejor.

1 Comment
  1. rubiadebote says

    Admiro EEUU por muchas razones, pero no soporto ese puritanismo rancio de una parte de la sociedad. Ya está bien. Desde el tristemente famoso acontecimiento, Polanski no ha dejado de pagar su «pena de telediario». Estoy de acuerdo contigo. Por favor, que comparezca, que le juzguen y que pague la multa correspondiente. Quiero ver a Polanski en los festivales de cine, quiero que hablen de él por su talento, y que se aparque ya definitivamente aquella historia.

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