Volver a empezar

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El líder de CCOO, José Ignacio Fernández "Toxo", durante su intervención en el Primero de Mayo. / F. FRECHOSO

Pasado el 8 de marzo, me tentó escribir sobre el porqué de la elección de esa fecha como el Día de la Mujer Trabajadora, significativamente transformado en el Día de la Mujer a secas. Entonces, me motivó un sentimiento elemental, el de combatir el olvido.
En torno a esas fechas acudí a más de un acto conmemorativo en que políticos y políticas de izquierdas y derechas, feministas incluidas, homenajeaban el sacrificio histórico de las mujeres por hacer avanzar a la humanidad hacia cuotas de mayor libertad colectiva y dignidad individual –sin duda superior al de los hombres, por su mayor dificultad-, pero olvidaban referirse siempre a las raíces del símbolo.

Cuando preguntaba a la gente por qué se había elegido ese día, la mayoría de las celebrantes –en el caso de los hombres era peor- confesaban ignorar las razones.
Así que me fui a Wikipedia y activé la memoria. Acudí a lo que decía la ONU y resultó que la conmemoración nació en 1909 en los Estados Unidos. Resumiendo mucho, supe que la Internacional Socialista, reunida en Copenhague, proclamó el Día de la Mujer Trabajadora en 1910, pero no fijó fecha, y que el 25 de marzo, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, murieron en el incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York por culpa de las malas condiciones laborales.

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Posteriormente, como reacción ante los 2 millones de soldados rusos muertos en la guerra, las mujeres de Rusia escogieron el último domingo de febrero para declararse en huelga en demanda de "pan y paz". Cuatro días después, el Zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Ese histórico domingo fue el 23 de febrero, según el calendario juliano utilizado entonces en Rusia, lo que equivale al 8 de marzo en el calendario gregoriano utilizado en nuestro país. De modo que las raíces eran pan, paz y trabajo.

Entonces no escribí nada, pero me dije que sería imperdonable no hacer lo propio cuando llegase el Primero de Mayo. Más o menos, a todo el mundo le suena la fecha y lo patético es que, visto lo que estamos viviendo ahora, es imprescindible recordar la historia para no volver a repetirla. Tal cual.
Vuelvo de nuevo a Wikipedia. “Desde su establecimiento en la mayoría de países, por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París en 1889, es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago”.

Esos mártires anarquistas fueron ejecutados en Estados Unidos por su participación en los días de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas que tuvieron su origen en una huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la revuelta de Haymarket. En esa plaza, 20.000 personas fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Cuando un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos, la fuerza pública abrió fuego contra la multitud matando e hiriendo a un número desconocido de obreros. Se declararon el estado de sitio y el de queda y se detuvieron y torturaron a centenares de trabajadores y 31 responsables, que luego quedaron en 8, fueron encausados. Fue un juicio farsa y tres trabajadores fueron condenados a prisión y otros cinco a la horca.

A finales de mayo de ese año, varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue total. Tan grande que el papa Pío XII declaró esa jornada como festividad de San José Obrero.

Significativamente, Estados Unidos sigue siendo hoy uno de los pocos países que no celebran el 1 de mayo. Pero lo más llamativo no eso. Es que cada vez más millones de trabajadores de toda la tierra, incluido el primer mundo (sin excluir a España y la Unión Europea) tengan que volver a luchar por las ocho horas de trabajo porque sus empresarios no respetan las leyes (cuando las leyes dicen algo). Y que se dé la paradoja de que, en Europa, tengan que ser los trabajadores quienes defiendan un modelo capitalista europeo, el del Estado de Bienestar, frente al modelo norteamericano o el del Sudeste Asiático que proclaman veladamente los neoliberales de Occidente, en el que si te despiden no tienes indemnización y te quedas sin acceso gratuito a la educación o la sanidad. 
A lo peor, hay que volver a empezar.

2 Comments
  1. lancaradeluna says

    detrás de grandes historias ,a veces hay tristes personalismos.
    Me refiero a todas esa personas anónimas que dejaron su vida por el empeño en conseguir una mejor justicia social,pero…….,nadie se acuerda de nadie.
    El trabajador contra el trabajador,y siempre gana la multinacional,y si al partícular le beneficia,pues a comer.
    comisiones obreras es el sindicato con mayoria absoluta en la representación síndical de la susodicha.
    La Constitución que tenemos se aprobó en todas las autonomías,naciones ,nacionalidades,menos en el País Vasco que ganó el No.
    Seguimos teniendo monarquía heredada de Franco,si sguimos la premisa del que mira el dedo y no a la luna no se como autocalificarnos.
    Se luchó poco contra la dictadura en este país nuestro.
    Un saludo.

  2. celine says

    Se lucha poco y menos, en adelante, por la Dictadura Universal: el Dinero.

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